La privatización de Ecopetrol

Está madura, Ecopetrol está madura. Pudiendo apenas mover el meñique dentro de una camisa de fuerza, su actual administración ha hecho milagros. Todos los índices brillan, pero con un refulgir de planeta, no de sol. Como apéndice dentro del Estado le es imposible prosperar para llegar a la categoría de estrella. Cuando el 99 por ciento de los recursos de la empresa proviene de capital propio se destruye valor todos los días.

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agosto 04 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-04

Sin apalancamiento se abandonan multitud de oportunidades de rentables inversión que no compiten con otras prioridades del Estado. Sobre esta visión hay unanimidad, incluyendo la anuencia condicionada de los habituales contradictores. El quid reside en cómo liberar a Ecopetrol. Sus ex presidentes recomiendan capitalizar. Con sólo el 11 por ciento de nuevos accionistas privados se convertiría en empresa mixta y rompería las cadenas que la esclavizan. La USO se desgarra las vestiduras. Reacciona como escolar sin paleta y convoca a un paro nacional. Lo que está en juego es un principio que desde hace dos décadas se ha venido aplicando, con ocasional firmeza y mucha paciencia: el Estado es para proteger, educar, regular, redistribuir y dejarle el resto al mercado, que es superior al burócrata para asignar recursos. El Estado sigue siendo ineficaz y lo roban con impune frecuencia. Al mercado, aún careciendo de perfecta transparencia, le va mejor. Con hesitaciones, la receta ha hecho camino. Ha habido convicción para deshacerse de bancos, energía eléctrica, salinas y hasta del intocable Telecom, pero a los más osados los abruma la timidez ahora que le ha llegado el turno al petróleo. Qué tiene éste de sacrosanto, salvo ecos distantes de nacionalismos pasados de moda. A la nación se la remunera por la propiedad del subsuelo con regalías, hasta donde lo permiten las condiciones geológicas y la competencia internacional, pero nada la amarra a la extracción o refinación de un recurso que otros harían mucho mejor que ella. A Ecopetrol hay que convertirla en una empresa como cualquier otra, sujeta a las leyes de la oferta y la demanda. Y, se cae de su peso, la USO debe pasar a ser un sindicato como los hay tantos. Como consecuencia del timorato recato cuando se trata del petróleo, las propuestas para liberar a Ecopetrol de su contraproducente coyunda transitan por los márgenes en materia de la propiedad y se refugian en argumentos de conveniencia operacional. Todas coinciden en que el Estado debe conservar control y la mayoría de las acciones de la empresa. ¿Y eso por qué? En realidad no hay, en teoría, razón económica alguna, excepto la muy poderosa que la totalidad del ahorro colombiano sería de lejos insuficiente para comprarla. El país es pobre. Por ahora lo importante, sin embargo, es reconocer que las autoimpuestas limitaciones de los proponentes de una parcial privatización -así, prescindiendo de subterfugios semánticos- son puramente de orden político. Lo que no impide soñar con una empresa inscrita en bolsa con cientos de miles de accionistas, para que Ecopetrol sea verdaderamente de los colombianos. Don Sancho Jimeno trataba de no tragar entero. Sin poseer el bagaje conceptual para cuestionar el sistema económico del Imperio y de su adoptiva Cartagena, se inclinaba por el laissez faire vivido bajo los Austrias. El rey lejano era como un padre benigno que toleraba gran libertad de acción comercial a los americanos. Era un pacto no escrito que después vinieron a quebrar los reyes franceses con sus imposiciones. Esa interferencia de los Borbones creó descontento. De todas maneras los franceses eran medio piratas. Don Sancho había tenido que enfrentarlos en 1697 cuando saquearon la ciudad a pesar de sus esfuerzos. Salvo en lo religioso, piensa que abrir rendijas para que se cuele la iniciativa de los artesanos hace mucho bien. Ex ministro Historiador "A Ecopetrol hay que convertirla en una empresa como cualquier otra, sujeta a las leyes de la oferta y la demanda”.

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