El problema del petróleo

El problema del petróleo

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julio 16 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-16

El precio del petróleo se ha convertido en una importante noticia diaria. Apreciaciones superficiales indicarían que el incremento en los precios es algo coyuntural.

Pero existen voces de mucha autoridad que dicen que la disparada de los precios que se inició hace aproximadamente 4 años, es algo estructural.

Si las causas del incremento son estructurales, es decir, la producción de petróleo permanece inferior a la demanda potencial, los efectos de los precios altos del petróleo van a ir más allá de los percibidos a corto plazo. Esos efectos van a cambiar el mundo que hoy conocemos.

En su reporte de julio del 2007, sobre proyecciones a mediano plazo del mercado del petróleo, la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), dice lo siguiente:

"A pesar de cuatro años de precios elevados del petróleo, este reporte ve una escasez creciente en el mercado más allá del 2010... Es posible que la crisis en el suministro se pueda posponer -pero no por mucho tiempo-".

El resumen de la situación es simple. Según la IEA, agencia asesora en materia de energía de las treinta naciones más industrializadas, incluso contemplando el escenario más modesto de crecimiento de la demanda mundial, la oferta global de energía no podrá satisfacer la demanda potencial para el año 2011.

En días recientes, la IEA les dio acceso a algunos periodistas del Wall Street Journal a los preliminares del reporte de actualización, cuya publicación completa y oficial será en el mes de noviembre próximo. Lo que se deduce de esa primera lectura es que las noticias parecen ser aún más malas de lo que dice el informe del 2007.

Es decir, dentro de tres años a partir de la fecha, muchos países vulnerables podrían enfrentar facturas petroleras impagables.

Colombia podría no ser la excepción, pues aún está por demostrarse nuestra autosuficiencia energética más allá del año 2012.

La crisis que acecha tiene sus raíces en una serie de factores, de los cuales sobresalen, primero, la aceleración de la demanda mundial por productos de energía y otros productos básicos, principalmente en Asia.

Segundo, los problemas que en la actualidad plantean el descubrimiento y acceso a nuevas reservas de petróleo, tercero, la insuficiencia de infraestructura energética nueva, y cuarto, las tensiones geopolíticas resultantes.

Los precios del petróleo son solo el termómetro que marca el ritmo de la acción conjunta de esas fuerzas.

Las reacciones humanas no se están quedando atrás. En el mundo de los negocios se sabe de movimientos inesperados en la Bolsa de Valores por parte de las grandes compañías petroleras, aerolíneas abandonando decenas de rutas, la aceleración considerable de la inversión en tecnologías no convencionales de producción de energía, y hasta una reactivación del otrora moribundo negocio de las ferrovías en los Estados Unidos.

A escala geopolítica, las líneas de los conflictos por venir pasan por el hecho fundamental de que la mayor parte de las reservas existentes son propiedad de las naciones que las tienen.

En su libro Mil barriles por segundo, el autor Peter Tertzakian, observa que "Para las CNP (Compañías Nacionales de Petróleos), atender al hambre energética de sus naciones cuna es el objetivo crucial de sus accionistas.

En otras palabras, la seguridad de acceso al petróleo está por encima de la rentabilidad de corto plazo para las compañías petroleras estatales que representan a naciones consumidoras de gran tamaño".

Los objetivos de la explotación petrolera no son únicamente pecuniarios, además intervienen objetivos tales como la política y la 'seguridad energética nacional', y el petróleo como moneda para la compra de alianzas estratégicas con gobiernos específicos o entre regímenes de iguales tendencias.

En consecuencia, los países dueños de compañías petroleras, serán un factor de peso considerable en la configuración de nuevos grupos de poder durante el siglo XXI.

Por otro lado, el agotamiento de los campos de producción no ha sido uniforme en todo el mundo.

Los campos en México, el Mar del Norte y aparentemente los de Rusia, han sufrido un agotamiento más pronunciado que los que se encuentran dentro de la Opep. Esto quiere decir, que el poder de mercado se concentrará aun más en las manos del cartel.

El incremento del precio del petróleo en el mediano plazo, jalonará los precios de los bienes y servicios.

A finales de junio, la Dow Chemical anunció un incremento general de 25 por ciento en sus precios, eso tras haber hecho un incremento previo de 20 por ciento, apenas un mes antes.

Sus competidores inmediatamente siguieron con medidas similares. Los productos que de allí se derivan afectan una gran parte del los artículos de consumo.

Por consiguiente es de esperarse, que el efecto de ese aumento de precios tan extraordinario se propague a lo largo de la cadena de suministros del planeta, con efectos mucho peores que los de un tsunami.

La presión inflacionaria en los hogares no será un aspecto local, sino que será global, y la brecha entre ricos y pobres en el mundo, aumentará hasta niveles más propios del siglo XIX.

En la medida en que se van dando ajustes en los sectores industriales, estos mostraran cambios en la geo-economía.
Las ventajas comparativas del mundo actual se verán modificadas, y con ello se alterarán los flujos comerciales.

Por ejemplo, la ventaja competitiva de mano de obra barata en Asia se verá opacada por la inflación general y por el costo del transporte en particular.

Si el costo del transporte de bienes sobrepasa un umbral crítico en la transacción, será necesario minimizar la distancia entre la localización del consumo y la producción; el comercio se orientará a intercambios regionales, donde se pueda optimizar el costo del transporte.

Si bien, políticamente el mundo está orientándose a la globalización, con la tendencia actual de los precios del petróleo, la realidad conducirá a una modificación en la globalización, pues se fortalecerán más los intercambios regionales de bienes tangibles.

¿Qué consecuencias tiene todo esto? ¿Cuáles opciones tenemos como individuos y como sociedad?

El cambio abrupto de las condiciones de intercambio económico, impactaría negativamente nuestra cotidianidad: cierre de rutas aéreas, huelgas de transportadores, y fuertes protestas de consumidores.

Una crisis de suministro de petróleo, durante períodos prolongados, tendría numerosas consecuencias no previstas.

Ante esas amenazas, estamos obligados como sociedad a preveer salidas. Podemos tomar varios caminos, el primero y más simple, buscar que la economía asimile más lentamente el impacto de los altos precios del petróleo (otorgar subsidios y repartir pobreza), para ayudar a que la sociedad asimile las nuevas condiciones. El supuesto de que tal asimilación ocurrirá encierra grandes riesgos.

El segundo camino, más difícil, pero más promisorio, consiste en aumentar la capacidad de generación de energía eléctrica con carbón, fuentes hidráulicas, solares, eólicas, y atómicas, expandir el uso del biodiésel para el transporte, introducir legislación que cause una modificación del parque automotor, y habilitar el uso de vías férreas, donde ese sistema resulte conveniente.

Alguna de estas soluciones pueden traer males mayores, por ejemplo, la energía atómica ambiental y el biocombustible atenta contra la alimentación de los más débiles.

Será, además, indispensable invertir en la investigación y en el desarrollo tecnológico de nuevas formas de aprovechar la energía, así como dar incentivos fiscales para quienes busquen y obtengan respuestas novedosas y útiles.

Y al final, llegamos a lo fundamental. Si no se puede lograr una transición armoniosa hacia otras fuentes de energía, necesariamente acompañada de otras formas de consumo, este problema podría traer un retroceso considerable en lo social, en lo jurídico y en lo político.

*Facultad de Administración, Universidad de los Andes

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