La productividad mata la iniciativa

La productividad mata la iniciativa

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mayo 16 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-16

Siento miedo por el futuro de las empresas norteamericanas. No debido al desequilibrio de la balanza comercial o a los déficits en su presupuesto, sino a la productividad de sus corporaciones. La tan publicitada productividad de las empresas de Estados Unidos tal vez esté destruyendo su legendaria iniciativa.

Muchas de las ganancias en materia de productividad en años recientes han representado en realidad pérdidas. Para darse una idea, imagine qué ocurriría si usted echa a todos sus empleados de una compañía y usa los inventarios para exportar productos.

Las horas de trabajo desaparecerán, pero la exportación continuará. Eso será muy productivo y usted ganará mucho dinero.
Esto es, hasta que se quede sin inventario. En mi opinión, muchas compañías estadounidenses se están quedando sin inventarios. Están canjeando su lozanía de largo plazo por resultados de corto plazo.

Por supuesto, a ningún presidente de un directorio se le ha ocurrido echar a todos los empleados. Pero gracias a que las corporaciones supeditan todas sus tareas a lograr la cotización más alta de sus acciones, los presidentes de directorios han encontrado toda clase de estrategias para obtener más dinero.

Una de las formas es desprestigiar la marca mediante tareas chapuceras. Otra es reducir las tareas de investigación y desarrollo. Y luego, existe lo que se llama administración a través de las cifras. El presidente del directorio decreta cuales son los resultados apetecibles, y el resto del personal debe tratar de satisfacer los requisitos, sin importar las consecuencias.

Por supuesto, el método más popular, y el más cercano a desprenderse del inventario, es "reducción de gastos". Eso consiste en echar a obreros y a gerentes de nivel mediano a diestra y siniestra para bajar los costos. Apenas cae el precio de las acciones, inclusive si la empresa sigue siendo rentable, la voz de orden es echar personal. De esa manera, se arrojan huesos a los perros hambrientos de la comunidad financiera.

¿Cómo es que de repente tantos empleados valiosos comienzan a sobrar? ¿Es que las empresas estaban previamente repletas de empleados innecesarios? ¿O es que líderes irresponsables, incapaces de crear valor real, simplemente descargan su fracaso en trabajadores y gerentes, mediante despidos masivos?
Ciertamente que hay excepciones. Hay compañías que han administrado sus cuentas de manera sensata durante mucho tiempo. Por ejemplo, Costco parece respetar a sus empleados y les paga un salario decente. Pero en discusiones que he mantenido con personas en todos los niveles de una empresa, he descubierto que la filosofía del valor del accionista está creciendo su influencia en compañías que cotizan en bolsa.

Y el problema se está extendiendo. Basta ver lo ocurrido con DaimlerChrysler. Al introducir vehículos pequeños socavó la legendaria marca Mercedes. O veamos lo ocurrido con British Petroleum, que destruyó sus credenciales como empresa defensora del medio ambiente a través del recorte de costos que condujo a desastres en Texas (el incendio del 2005 en una refinería que causó la muerte de 15 personas) y en Alaska (la filtración de un oleoducto en el 2006).

¿Qué se puede hacer? Todo lo que necesitamos es cambiar nuestro concepto del mundo.

OJO CON LOS ANALISTAS

Las compañías no pueden ser administradas desde la oficina de un analista en títulos de acciones. Las grandes empresas se construyen con lentitud y consideración por parte de personas que están totalmente comprometidas. Hay que librarse de las ganancias trimestrales. ¿Quién es el genio que ha venido con la absurda noción de que la suerte de una empresa puede ser discernida en un trimestre?

Los informes trimestrales mantienen a los gerentes enfocados de manera miope en resultados que pueden medirse de inmediato, en lugar de concentrarse en los productos, los servicios y los clientes.
Personas a cargo de las empresas deben preocuparse acerca de la salud de la firma a largo plazo. Cualquier persona predispuesta a exigir paquetes grandes de compensaciones que la pone al margen del resto (y que incluyen protecciones que ningún otro ejecutivo recibe) no tiene derecho a atribuirse el título de 'líder'.

Trate a la empresa como una comunidad de miembros comprometidos, no como una recolección de personas. Por ejemplo, usted puede empezar con sistemas de compensación que alientan los esfuerzos cooperativos. Las corporaciones son instituciones sociales, que funcionan mejor cuando seres humanos comprometidos colaboran en relaciones basadas en la confianza y el respeto mutuo. Si destruye eso, toda la institución empresarial colapsará.

* Profesor de estudios de administración de la universidad McGill y director de Masters for Health Leadership.

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