Profesión: ser pobre

Hace unas semanas, la mayoría de los colombianos vimos con estupor la rebelión de 4.500 personas, la mayoría mujeres, que de manera desesperada protestaban por la no entrega durante varios días, de las tarjetas débito que les darían los 100.000 pesos, cada dos meses, del programa Familias en Acción. Ante las cámaras de televisión aparecieron mujeres jóvenes, llenas de vida, que sin duda podrían estar trabajando en una actividad productiva, sin tener que hacer largas colas durante varios días, y de paso, no someter a sus hijos a la violencia que como en este caso, fue el resultado del enfrentamiento con la Policía que trataba de poner orden.

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marzo 02 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-02

Este espectáculo es una muestra de algo muy serio que está ocurriendo en el país gracias a las políticas asistencialistas del Gobierno actual. En vez de una estrategia económica que genere empleo digno y estable de manera que una familia pueda construir un proyecto de vida y salir de la pobreza, el Gobierno del presidente Uribe diseñó una política social asistencial que le da a los pobres un carné del Sisbén para tener acceso a un pequeño paquete en salud y, en vez de un salario producto de su trabajo, a uno o varios subsidios provenientes de un gobierno con el que se debe estar agradecido. Y para ello es necesario hacer interminables colas que ocupan varios días hasta que por fin sucede el milagro. El diagnóstico es dramático: en Colombia, ser pobre se volvió una verdadera profesión para millones de familias que no tienen alternativa distinta. Esta crítica no es ‘malaleche’ de la oposición. Las cifras actuales demuestran claramente esta triste realidad. La puerta de entrada a los subsidios la constituyen el Sisbén I y II, que entre otras, fue hecho para clasificar viviendas y no personas. Actualmente, según cifras del 2009, están afiliados al Sisbén I y II, un poco más de 30 millones de colombianos; es decir, el 67,5 por ciento de la población del país es pobre según estos datos y por lo tanto, cumple con los requisitos para acceder a todos los subsidios estatales, que son muchos. Jamás el Gobierno ha aclarado cuál es la verdadera cifra de pobreza en Colombia; la oficial del 46 por ciento significa que en el Sisbén I y II sólo debería haber 20 millones de personas y quedan 10 millones de colados que podrían pagar por su seguridad social; o la del Sisbén II sobre la población total del país, 67 por ciento. Si dos tercios de la población colombiana es pobre, la política económica y social debería ser otra, porque la única alternativa de atender a estas personas, sería con impuestos generales que deben pagar, sobre todo, los individuos ricos. Esos que saben cómo eludir sus responsabilidades. Familias en Acción es la estrella del Gobierno y actualmente cubre, con corte a 31 de diciembre de 2009, 2’570.202 familias. La meta para el 2009 era de 3 millones de familias, pero de acuerdo al reporte oficial, no la alcanzaron. El 13,3 por ciento de los beneficiarios corresponden a familias desplazadas (341.759) y los niños ascienden a 5’149.351, es decir, el 48,3 por ciento de la población cubierta por el programa. De acuerdo al presupuesto del 2010, 12 por ciento será invertido a través de Acción Social, es decir 2,92 billones de pesos que, según MinHacienda, garantizan el cubrimiento de 2,6 millones de Familias en Acción. Pero este programa no está solo: se le agrega Familias Guardabosques que afilia a 60.103 familias. Se le suma el Programa Juntos que busca que, más o menos, 1,5 millones de familias logren salir de la pobreza extrema, mediante subsidios condicionados, especialmente en educación y salud. A 31 de enero del 2010, se había iniciado el acompañamiento de 1’045.405 familias. En este programa, los adultos mayores de 60 años cuentan con algún tipo de ingresos, ya sea monetario o en especie. Pero ojo, estos programas no son excluyentes, pues de hecho uno de los requisitos es estar por lo menos en Sisbén I. Imposible conocer las cifras exactas en este maremágnum de subsidios, pero fácilmente en Colombia puede haber entre 12 y 14 millones de personas cuya profesión es ser pobre. Lo más doloroso es que encuentran tan lucrativa esta denigrante profesión que aun con posibilidades de tener un empleo decente con uno o dos salarios mínimos, se niegan a aceptarlo por miedo a perder su actividad primaria, ejercer de pobres. Para cualquier economista serio, el mayor costo de esta realidad es que se termina privilegiando las ocupaciones informales que, sin duda, se requieren para completar ingresos. Esto afecta negativamente el crecimiento económico al estimular la baja productividad propia de este tipo de trabajo. Pero hay mucho más. ¿No se ha preguntado el país, por qué las familias se niegan a contestar la encuesta del Sisbén? Para no mencionar el temor de muchos de mejorar sus viviendas si esto los saca del nivel I ó II del Sisbén. Perverso desde todo punto de vista pero eso sí, muy rentable políticamente. Si cerca de la mitad de las familias beneficiadas son niños, quedan entre 6 y 7 millones de votos que hubieran servido para la reelección de no haberse caído el referendo. Populismo absolutamente ramplón, que el país parece aceptar sin chistar. Lo que Colombia no ha querido ver es que en estas políticas, la confianza inversionista que no genera empleo, sino beneficios para el capital y para sus dueños, y una política social que hizo de la pobreza una profesión, ya mostraron su primera víctima, la crisis financiera del sistema de salud cuyo pilar fundamental era el empleo formal para que apoyara el régimen subsidiado. No sólo no se creó este tipo de trabajo, sino que el presidente Uribe tomó la decisión, que no ha revocado, de llegar a la universalización de la salud por medio del régimen subsidiado. Sin que nadie en el Gobierno sumara, desde que llegó al poder en el 2002, empezó a crecer desmesuradamente la carnetización de los pobres, y a partir del 2004 este sistema superó al régimen contributivo hasta el punto de que hoy, cerca del 60 por ciento de los afiliados al sistema de salud no contribuyen y quienes sí lo hacen son menos del 40 por ciento. Loable propósito si fuera sostenible, pero en vez de reconocer que estaba destruyendo el aseguramiento en salud y que debía financiarlo con más impuestos generales, insistió en ignorar las consecuencias hasta que estalló la peor crisis de su Gobierno. Además, no cumplió con su responsabilidad de pagar los 6 billones que le correspondía, el famoso pari passu, para financiar la salud de los pobres. También, redujo el crecimiento de los recursos de los entes territoriales, responsables del pago de estos servicios y financió el déficit del Gobierno Central con recursos de la salud, 5 billones de pesos del Fosyga en TES. ¡Y todavía se sorprenden por la desfinanciación de la salud, para no mencionar los otros problemas graves que no pudieron controlar! Sin duda el presidente Uribe pasará a la historia de Colombia por los resultados iniciales de la Seguridad Democrática, pero cargará con el gran pecado de haber hecho de la pobreza una profesión. En vez de mejorar la distribución del ingreso en el país, hoy con una de las tasas de concentración más altas del mundo; de haber disminuido de verdad el desempleo, hoy Colombia tiene el mayor nivel de América Latina; de haber reducido la informalidad, hoy cercana al 60 por ciento, gracias a su populismo, convirtió a casi 14 millones de colombianos en mendigos de profesión. Una vergüenza con gravísimas consecuencias no sólo económicas y sociales, sino humanas: frenar cualquier asomo de movilidad social para la población más vulnerable del país. "El diagnóstico es dramático: en Colombia, ser pobre se volvió una verdadera profesión para millones de familias que no tienen alternativa distinta". "Por qué las familias se niegan a contestar la encuesta del Sisbén? Para no mencionar el temor de mejorar sus vivi- endas si esto los saca del nivel I ó II del Sisbén". "El presidente Uribe pasará a la historia por los resultados de la Seguridad Democrática, pero cargará con el pecado de haber hecho de la pobreza una profesión".ADRVEG

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