Programas en busca de un candidato

No tiene sentido seguir malgastando energía en concebir formas de conservar al actual Presidente. Hay que emplearla en dar un fuerte viraje en la concepción y ejecución de la política económica.

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marzo 07 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-07

Algunos uribistas radicales están proponiendo fórmulas exóticas de continuidad. Dicen estar preocupados por la preservación de la Seguridad Democrática, la confianza inversionista y la cohesión social. La confianza inversionista no parece estar en peligro, como lo ha demostrado la vertiginosa caída del dólar frente al peso, después de la decisión de la Corte, que hizo necesaria una intervención del Emisor para atemperar el entusiasmo que suscitó el fallo entre los espíritus animales.

Lo de la cohesión social despista, porque este Gobierno ha polarizado la opinión y se han radicalizado las posiciones, pero no ha contribuido significativamente a mejorar la situación social. La seguridad social exige otra reforma, el tema de salud está que arde, el desempleo ha alcanzado niveles alarmantes, y a pesar de la popularidad de programas como Familias en Acción o el Sisbén, que se utilizan con fines electoreros, no se percibe un progreso sostenible en el frente de pobreza. La brecha social y productiva entre el campo y la ciudad no se ha cerrado, y a la luz de los resultados, sería apropiado hablar de 'Agro Fracaso Seguro', que de ingreso seguro.

Los candidatos son conscientes de que la política de seguridad debe mantener su rumbo y mejorar para abarcar progreso en seguridad urbana y control de bandas criminales en todo el país, pero la preocupación central del próximo presidente no va a ser por la continuidad, sino por lo que se abandonó y lo que quedó mal hecho. Los programas de los candidatos se enriquecerían si adoptan como propias algunas de las metas que no va a cumplir este Gobierno por fallas de administración o de política, como lo destaca Armando Montenegro en El Espectador del 28 de febrero.

Entre las políticas que fueron abandonadas, quizás la más importante es combatir la politiquería y la corrupción. Uribe perdió interés en este objetivo cuando entró en conflicto con su deseo de prolongar su mandato y terminó militando en el bando opuesto.

Pero las políticas que proponía inicialmente son urgentes. Si el Ejecutivo continúa dependiendo de las alianzas clientelistas para gobernar y el clientelismo se preserva como la única manera de hacer política exitosamente, nunca se va a lograr que esta sociedad se modernice o que el Estado cumpla su papel de gestor de bienestar y justicia social. Los precandidatos del Partido Verde, principiando por Antanas -que ya lo hizo en Bogotá- y Sergio Fajardo, se han pronunciado a favor de reformar la política. Pero los demás candidatos siguen creyendo que el clientelismo es la manera de 'hacer política'.

El récord de obras públicas de la administración Uribe ha sido muy pobre en realizaciones. El candidato que asuma seriamente la tarea de terminar las obras que anunció y que no hizo o no terminó esta administración, tendría un programa de inversión pública bastante aceptable.

El sistema de salud colombiano requiere soluciones financieras y operativas realistas y justas. Es necesario modificarlo sustancialmente para controlar los abusos del régimen subsidiado, y la inoperancia y corrupción de las entidades públicas y privadas involucradas. Las soluciones a los problemas de desempleo y de estructura del mercado laboral son una necesidad sentida que ha desplazado a la seguridad en importancia. Se requiere modificar la seguridad social y el régimen de regalías.

No tiene sentido seguir malgastando energía en concebir formas de conservar al actual Presidente en el Gobierno. Hay que emplearla en dar un fuerte viraje en la concepción y ejecución de la política económica para poner a Colombia en una senda de alto crecimiento estable, con eficiencia económica y social y buenas prácticas de gobierno.

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