Progresos recientes en educación

En días pasados ha habido confusión sobre la evolución reciente de los indicadores nacionales en materia educativa. La información divulgada por el Dane, en sus primeros reportes sobre el Censo, pudo haber causado algo de esta confusión, pero también se explica en parte por comparaciones inadecuadas (se hizo lo que los profesores de matemáticas enseñan a evitar: “comparar peras con manzanas”). Siendo la educación una prioridad -no sólo del Gobierno sino de la sociedad entera- es indispensable poner en blanco y negro los avances y retrocesos en este frente.

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mayo 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-29

Lo primero que hay que reconocer es que los niveles actuales no son satisfactorios, deberían ser más elevados si queremos acelerar el progreso del país. Dichos niveles, que no son muy diferentes de los registrados por naciones con estados similares de desarrollo, indican que aún hay mucho terreno por recorrer: el 36,6 por ciento de la población ha alcanzado el nivel básico de primaria, el 32,6 por ciento completó la secundaria, apenas el 7,5 por ciento de los colombianos son profesionales y tan sólo el 1,4 por ciento tienen estudios de posgrado. Sin embargo, hay importantes resultados positivos, que no se pueden desconocer. Sobre todo, si se considera que la labor oficial en cuestiones educativas ha tenido que hacerse en circunstancias muy adversas: la dura y prolongada crisis económica de fines del siglo pasado y comienzos de éste, y el nocivo fenómeno del desplazamiento (que ha afectado a casi dos millones de ciudadanos). A pesar de esos muy pesados lastres, el Ministerio de Educación logró, por ejemplo, este par de buenos avances: * La proporción de población analfabeta mayor de 15 años pasó de ser el 27,1 por ciento en 1964, a 9,4 por ciento en 1993, y en el Censo del 2005 quedó en 8,6 por ciento. * El porcentaje de inasistencia escolar en el segmento de la población entre 5 y 17 años de edad (el rango de edad escolar para la educación básica y media), era del 49,2 por ciento en 1973, cayó a 32,2 por ciento en 1985, bajó a 26,6 por ciento ocho años más tarde, y se situó en 16,2 por ciento el año pasado. Vale la pena destacar que en los últimos 12 años, en donde se logró el mayor avance en reducción de inasistencia -19,5 puntos porcentuales-fue en el grupo de los niños de 5 y 6 años, cosa muy buena porque a esa edad la formación escolar es particularmente crucial. El debate sobre las fortalezas y debilidades del modelo educativo vigente es por supuesto conveniente. Pero debe hacerse con altura personal e intelectual, con datos confiables, y sin motivaciones politiqueras. Para ello es indispensable que todas las entidades que tengan que ver con la educación de los colombianos unifiquen criterios, variables y metodologías de evaluación. Porque de lo contrario, cada cual usará su propio abanico de indicadores para tratar de demostrar la validez de sus análisis. Y por ese camino, pronto se llegará a una torre de Babel, lo cual perjudicará la educación de los niños, jóvenes y adultos de Colombia. "Los avances recientes en materia educativa son meritorios porque se hicieron en medio de circunstancias muy difíciles -la severa crisis económica y el desplazamiento masivo”.

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