La promesa de San Vicente

Para el año 2010, es decir para la celebración de los 200 años de Independencia, el número de pobres en Colombia se habrá reducido del 49 por ciento de la población al 35 por ciento. El anuncio lo hizo el presidente Uribe en San Vicente del Caguán y esa promesa, porque así debemos tomarla, fue poco destacada por los medios de comunicación. Trabajar por la población más vulnerable, por tantos millones de personas que carecen de lo básico, no es sólo un programa de gobierno, es una obligación moral y una obligación de la sociedad en su conjunto. Por eso lo esencial ahora es pasar del discurso y de las palabras a los hechos. ¿Cuál es el plan del Gobierno para lograrlo?

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agosto 24 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-24

No es nuevo el contenido de la promesa de San Vicente. En el año 2000 Colombia, con las demás naciones de la tierra, hizo suyos los Objetivos del Milenio asumiendo un compromiso como Estado frente al mundo y frente a los mismos colombianos. Ese compromiso se ha concretado en 8 objetivos y 18 metas. Entre los primeros están para cumplirse en el 2015: la reducción de la pobreza extrema, la erradicación del hambre y la desnutrición, la mejora de la salud infantil y materna, la educación primaria universal, la igualdad de género y la protección y mejora del medio ambiente. Ya llevamos 5 años de haber asumido semejante compromiso y es poco lo que hemos hecho. El balance mundial, incluida Colombia, es desalentador. Así lo verificó un estudio de la Universidad Nacional. Esos 5 años perdidos, se explican, porque a los Objetivos no se les dio la dimensión de Plan de Desarrollo y en consecuencia no se asignaron los recursos para ello. Para cumplir con las metas es necesario el crecimiento de la economía. Pero éste no es suficiente. El crecimiento es concentrado e inequitativo, eso también lo verificó el estudio de la Universidad Nacional. “Las fuerzas del mercado y el libre comercio, ha dicho el economista Jeffrey Sachs, no bastan por sí solas”, lo que equivale a decir que sin una política social efectiva, que garantice la redistribución del ingreso, no es posible salir de la trampa de la pobreza. Una política que busque cubrir las necesidades básicas de alimentación, vivienda digna, salud, educación y agua potable, es la que permitirá pasar el examen y cumplirle a la mitad de la población colombiana, a la que tradicionalmente se le han brindado generosas promesas y pocos resultados. El crecimiento, acertadamente lo dijo el Presidente “no es un fin en sí mismo, sino un camino para lograr la equidad”. Eso es lo que no se puede olvidar y para ello es necesario estar midiendo los efectos de las políticas. Por eso la idea de contar con dos mediciones de la pobreza al año, por parte del Departamento de Planeación Nacional, es oportuna. Una política social exitosa también se queda corta. La mejor manera de combatir la pobreza es generando empleo digno, que es aquel que le permite a las personas recibir ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades esenciales. ¿Cuál va a ser la política de creación de nuevos puestos de trabajo para los próximos 4 años? ¿Existe esa política? ¿Quién la va a liderar? Decano F. Economía Universidad Piloto "La mejor manera de combatir la pobreza es generando empleo digno”.

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