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Pronósticos apocalípticos

El sacerdote y profesor Carlos Novoa, en reciente columna (PORTAFOLIO, abril 27) califica de “inmoral” e “infame” el tratado de comercio negociado con los E.U. Si el resultado merece esos calificativos, sus autores, por necesidad lógica, somos inmorales e infames. No se requieren conocimientos teológicos profundos para sostener que lo que es contrario a la ética es, también, pecado. Para redimirlo tendríamos que acudir al sacramento de la confesión. Sin embargo, para que éste cumpla su cometido debe estar acompañado de sincero arrepentimiento. Como tal no es mi caso, temo estar condenado a no gozar jamás de la beatitud del Señor.

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mayo 05 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-05

Para disipar tan horripilante perspectiva, mi confesor me ha recordado que el mandato cristiano del amor le habría impedido al P. Novoa la utilización de esos duros adjetivos. Se le olvidó que “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el mandamiento mayor y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22, 37-39). San Pablo, a su vez, dice: “Y si tengo tanta fe como para mover montañas, pero no tengo amor, nada soy” (1 Cor. 13, 1-7). San Agustín lleva el concepto del amor a su apoteosis: “Ama y haz lo que quieras”. Así, pues, fiel al dictum del amor, ha debido decir que nos hemos equivocado; no que somos inmorales e infames. Vayamos a la dimensión mundana del asunto. Según nuestro áspero contradictor, el TLC generará “grandes tasas de desempleo y pobreza”, permitirá el ingreso de productos usados, quebrará a los avicultores y a los cultivadores de cereales, impedirá a los pobres el acceso a las drogas genéricas por “los cinco años de patentes concedidos a los productos farmacéuticos” (sic), y, nos pondrá a competir en los E.U. frente a la producción china en condiciones desventajosas. En contra de sus apocalípticos pronósticos, la evidencia empírica demuestra que la apertura al mercado mundial puede generar crecimiento y empleo; complementada con otras políticas, puede mejorar la distribución del ingreso. Quienes quieran ver la diferencia radical entre una economía cerrada y una abierta pueden examinar la experiencia de India y de China: sus logros en la reducción de la pobreza son incuestionables. Con relación a la importación de bienes usados, el sacerdote Novoa ignora que en el TLC se pactó que Colombia puede autorizar su introducción al país, tratándose, por ejemplo, de bienes de capital que no producimos; o negarla para evitar una competencia ruinosa con la producción nacional. En el ámbito agropecuario creemos que el balance es positivo y que estamos lejos de la inminente quiebra de los agricultores. Así lo reconoce el gremio cúpula del agro: “… pensamos que si el Gobierno Nacional cumple los compromisos asumidos con el sector agropecuario, y el Congreso los aprueba, el impacto del Acuerdo será manejable a corto plazo y podrá generar oportunidades favorables en nuestro sector a mediano y largo plazo”. Por último, el TLC no tiene porqué afectar el acceso de la población a los medicamentos: el Gobierno ha conservado los instrumentos necesarios para evitar desbordamientos en los precios; y si la economía crece jalonada por el mercado externo, debe generar más empleo, y, por lo tanto, una vigorosa expansión de la Seguridad Social en sus módulos contributivo y subsidiado. Desde luego, nada de lo que digo es verdad revelada y puede ser replicado sin incurrir en agravios. Como lo debió aprender el P. Novoa en el Seminario. Aún es tiempo. Ministro de Comercio "Quienes quieran ver la diferencia radical entre una economía cerrada y una abierta pueden examinar la experiencia de India y de China”.

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