A propósito de las burbujas especulativas

En estos momentos donde la incertidumbre, volatilidad y pánico reina en los mercados y los efectos de la globalización, que en relación al mundo financiero si se ha dado en sus más sofisticadas formas, hay que recordar como en las economías de mercado con amplias posibilidades y libertades de transacción la práctica de la especulación se ha convertido de tiempo atrás en fuente de obtención de abundantes y rápidas ganancias para quienes, habilidosa y no siempre con la mayor rectitud, la ejercen como su fundamental negocio.

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noviembre 03 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-03

Con esta actividad ha cobrado históricamente gran resonancia mundial la creación de las denominadas burbujas especulativas, donde la espectacularidad y rapidez que rodea el crecimiento de la riqueza ha atraído a millares de inversionistas y ahorradores de diversa categorías a participar en la conformación de la ilusión de ostensibles ganancias, pero, desde luego, por la misma naturaleza de la burbuja, también se ha convertido en la causa de enormes e imprevisibles pérdidas, especialmente para los incautos, excesivamente intrépidos o para los recién invitados a la danza de los millones. Se conoce como burbuja especulativa la excesiva subida de las cotizaciones de la bolsa de valores, en forma acelerada y sobre todo sin soporte en condiciones objetivas del verdadero comportamiento y resultado de las empresas sujetas a esa valoración, seguida consecuentemente de un desplome y vuelta a la realidad, es decir, a los valores reales de los títulos. Las burbujas especulativas se nutren de las coyunturas de prosperidad presentes en el ciclo económico, y por qué no, contribuyen a su vez a alimentarlo. ¿Cuál es la estructura de la burbuja? Se parte de que el valor del mercado de cualquier activo deberá reflejar su valor económico. De manera que es de primordial importancia para la valuación de una acción la identificación de los factores que afectan su valor económico, el cual está relacionado con los rendimientos que se pueden obtener de ella. Estos rendimientos, para el propietario de la acción, están integrados por los flujos de efectivo derivados de su posesión. A su vez, los flujos de efectivo se originan en los dividendos; y en caso de ser vendida la acción, en los ingresos obtenidos de su venta. El precio de venta debería representar el valor actual de todos los dividendos subsiguientes. Por tanto, el valor actual de mercado de una acción es el valor presente de todos los dividendos futuros de la acción (esperados), es decir, ajustados en el tiempo (descontados), sin tomar en cuenta si el accionista planea o no venderla en alguna fecha futura. Como se citó anteriormente, los precios de las acciones no siempre son iguales a su valor fundamental. Estos precios son a veces excesivamente altos o demasiado bajos, por efecto de la actividad especulativa que distorsiona este valor apoyándose en la liquidez monetaria existente o la facilidad de adquirir deuda con el fin de invertir en el mercado bursátil. La denominada teoría del tonto mayor, alimenta casi siempre en forma acelerada la compraventa de valores, la cual explica cómo la compra de algo por alguien se origina por la única razón de creer que alguien más comprará el mismo artículo por un precio mayor. Práctica popular muy usada para hacer dinero en el mercado accionario. Eventualmente el mercado concluye por diversas e inesperadas razones que el nivel de precios es muy exagerado y la burbuja revienta muchas veces sorpresivamente; apreciación coadyuvada por ejemplo, al verificarse los resultados reales en un período de una o varias empresas, o por las expectativas futuras sobre los tipos de interés, quizás también por negativas noticias sobre la economía. En todo caso, se pierde la confianza y por ende la fe en el futuro creciente de acumulación de riqueza, siendo reemplazado, más bien, por el temor de perder. El comportamiento de las fluctuaciones de la bolsa ha sido históricamente atípico. Estos argumentos son igualmente válidos para otro tipo de activos, trátese de viviendas, oro, cuadros, etc. Como referentes muy nombrados están: la burbuja especulativa de tulipanes registrada en Holanda entre los años 1634 y 1637, cuando estas vistosas plantas alcanzaron gran popularidad desatando un febril mercado en el que los especuladores compraban con la seguridad que los precios serían días más tarde más altos como efectivamente sucedió. Es el caso de la especie llamada Almirante Van de Eyck, que de 1.500 guineas en 1634 subió a 7.500 guineas en 1637, cifra equivalente al valor de una vivienda en esa época. Pero como toda burbuja reventó y, ya, en febrero de 1637 los precios se hundieron y los bulbos se vendían por menos del 100 por ciento del valor alcanzado en su mejor momento. Sin embargo, el caso más nombrado es del Gran Crash de 1929 en Wall Street, cuando el jueves 24 de octubre se produjo un vertical desplome de los valores, perdiendo la bolsa un 23 por ciento. Ese día se transfirieron 12’894.650 de títulos a precios que destrozaron el sueño y esperanzas de muchos propietarios. De nuevo, en octubre 19 de 1987 el índice Dow Jones ( que mide el comportamiento de las 100 principales acciones de Wall Street) cayó un 22,6 por ciento precipitando onerosas quiebras. ¡Qué parecido en pleno 2008, con la reciente caída del 18 por ciento de éste índice entre el 6 y 10 de octubre, a pesar de la aprobación del plan de rescate al sector financiero por parte del Congreso de los Estados Unidos y del respaldo al sistema bancario anunciado por los líderes de los países del G7 ante la globalización de la crisis financiera! Y no hay que olvidar cómo, entrado el siglo XXI, con el auge de las empresas punto com, cuyo crecimiento en verdad fue virtual, se alcanzaron valores, en menos de cinco años, muy superiores incluso al PIB de muchos países. Dando lugar a que el propio George Soros, importante financista, especulador y magnate de renombre internacional, advirtiera a principios del año 2000 que el valor de los títulos de las empresas de Internet, informática, y nuevas tecnológicas eran una burbuja lista a explotar; y sin embargo, cuando a mediados de marzo comenzó el derrumbe Soros Fund Management, su empresa estrella no estaba preparada, y un año de ganancias del 2 por ciento se convirtió el 15 de marzo de ese año en pérdidas del 11 por ciento cuando el índice Nasdaq (que registra el comportamiento de éstos valores) se desplomó 124 puntos. Colombia experimentó por casi dos décadas una sobrevaloración de la finca raíz, pero a finales de los años noventa comenzó la destorcida hacia los niveles reales de precios suscitándose, de paso, una crisis financiera de grandes proporciones. Ahora, la innovación financiera en el mercado de vivienda en Estados Unidos, las desproporcionadas operaciones al debe de la banca de inversión, dio paso en el lapso de aproximadamente dos años, de una embriaguez de creciente y numeroso aumento de propietarios y de excelentes retornos a los inversionistas a la pérdida de riqueza, empobrecimiento y crisis económica generalizada merced a un efecto dominó Como corolario se puede inferir que las burbujas especulativas son inherentes a la naturaleza del querer maximizar utilidades en el menor tiempo posible sin y mayor esfuerzo, a la ambición desmedida y al disfrute de tomar riesgos con la esperanza de excelentes rendimientos dentro de un sistema de libre mercado que siempre propiciará las condiciones para ello. De suerte que una y otra vez se repetirán. Por tanto, el alto riesgo implícito en su práctica puede relativamente reducirse por medio de la diversificación de las inversiones, que no es otra cosa distinta a acatar un popular aforismo, al parecer de origen paisa, que aconseja no llevar todos los huevos en la misma canasta. '' No hay que olvidar cómo, entrado el siglo XXI, con el auge de la empresas punto com se alcanzaron valores, en menos de cinco años, muy superiores incluso al PIB de muchos países.” '' Las burbujas especulativas se nutren de las coyunturas de prosperidad presentes en el ciclo económico, y por qué nó, contribuyen a su vez a alimentarlo.WILABR

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