Prospectiva Un buen arranque

Prospectiva Un buen arranque

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febrero 02 de 2013 - 05:00 a.m.
2013-02-02

Ricardo Ávila Pinto ricavi@portafolio.co A juzgar por lo sucedido en enero, el tono del 2013 será muy diferente al del año pasado. Y es que con pocas excepciones, los diferentes mercados de valores empezaron su marcha por el calendario con el pie derecho. Desde el Asia hasta América Latina, pasando por Europa y Estados Unidos, la norma fue la de cotizaciones al alza. Casos como el de Wall Street, que alcanzó niveles que no se veían desde el 2007, o el de la Bolsa de Colombia, cuyo índice general volvió a franquear la barrera de los 15.000 puntos, hacen pensar que los inversionistas han empezado a ver las cosas con mayor optimismo. Otra vez se empiezan a escuchar reportes que hablan de que, incluso, los pequeños ahorradores han vuelto en busca de oportunidades. Si bien las cifras generales sobre la marcha del planeta revelan que el desempeño de muchas latitudes es mediocre, el vaso se empieza a ver medio lleno. Una de las razones es que los vaticinios más catastróficos sobre Europa no se cumplieron. Otra es que Estados Unidos aguantó medianamente el chaparrón, mientras que una tercera tiene relación con el segundo aire que parece haber tomado China. Al tiempo que eso ocurre, las utilidades empresariales van bien. A medida que se conocen las ganancias de firmas emblemáticas, todo apunta a que la mayoría no tuvo grandes problemas para remontar la tormenta. Como si eso fuera poco, las señales iniciales del 2013 son alentadoras. Lo sucedido en el mercado laboral estadounidense en enero es otra indicación de que hay una reactivación en marcha. Más allá de que la tasa de desempleo haya experimentado una ligera alza, la verdadera noticia es que se están abriendo nuevas plazas a un ritmo superior al que proyectaban los analistas. No obstante, tampoco hay que caer en excesos, pues no se puede confundir el hecho de que el enfermo haya mejorado, con el de una plena recuperación. Puesto de otra manera, la crisis no ha terminado, y por lo tanto es mejor la cautela que la euforia.

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