'El proyecto de ley antimonopolio no favorece al consumidor'

Calvin Monson, experto estadounidense en leyes antimonopolio en el sector de las telecomunicaciones, habló con Portafolio.co sobre su visión de la coyuntura colombiana.

Calvin Monson, experto en leyes antimonopolio.

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Calvin Monson, experto en leyes antimonopolio.

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mayo 08 de 2013 - 11:04 p.m.
2013-05-08

Monson, asesor de varias compañías y gobiernos del mundo, opina que el proyecto de ley que se comenzó a debatir en abril en el Senado, no favorece al consumidor y podría cambiar, incluso, afectará al modelo económico del país.

¿Existe un monopolio en la telefonía móvil en Colombia?
No. Cinco operadores con redes físicas compiten entre sí. Además, hay otros tres operadores de redes virtuales adicionales (con la reciente entrada de Virgin Mobile) que compiten en el mercado minorista.

El operador Claro tiene una cuota de mercado muy grande, un poco por encima del 60 por ciento, según la última medición que he visto. ¿Esta gran participación permite que actúe como un monopolio? La evidencia del mercado indica que no.

En primer lugar, un monopolista podría mantener los precios altos. Sin embargo, en vez de mantenerse o subir, los precios en Colombia se han reducido cerca de 30 por ciento en el último año.

En segundo lugar, ¿son capaces y libres los consumidores de cambiar a otro operador si no están satisfechos con el actual? Sí, y de hecho lo hacen en gran número. Aproximadamente el 4 por ciento de los abonados cambia de operador cada mes en Colombia. Esta cifra es muy alta en comparación con otros países.

En tercer lugar, la gran mayoría de los usuarios móviles utilizan el servicio de prepago, lo que significa que no están vinculados a un contrato que los liga a un operador particular. Además, el usuario está en condiciones de llevarse su número de teléfono con él cuando se cambia de operador.

¿Cómo ve el proyecto de ley antimonopolio que se está analizando en Colombia para ese sector?
En primer lugar, está siendo promovido como si fuese favorable para los consumidores, pero no creo que sea así.

El proyecto busca que el proveedor que posee una cuota de mercado superior al 30 por ciento tiene un plazo de dos años para reducir esa porción. De lo contrario, sería dividido en pequeñas empresas, verse obligado a vender activos o renunciar a espectro radioeléctrico.

Así que la primera opción que el operador que tiene más del 30 por ciento tendría es tomar medidas para perder su participación. ¿Cómo hace uno para perder cuota de mercado? Deja de competir.

¿Qué pasa con los otros operadores? Ellos dejarían de competir también. Podrían conseguir nuevos clientes sin tener que hacer nada especial, como ofrecer un mejor teléfono o un mejor precio o mejor calidad o un mejor servicio.

Nada de eso es bueno para los consumidores. Puede que sea bueno para un competidor en particular, pero no lo es para la competencia del sector o los consumidores.

¿Adoptar una ley antimonopolio puede significar un cambio en el modelo económico de un país?
El modelo económico de Colombia es considerado como un gran éxito en la producción de un crecimiento favorable. Los resultados positivos son evidentes. Tener leyes de competencia que fortalezcan la seguridad jurídica y la protección contra las prácticas contrarias a la competencia puede mejorar un modelo económico.

El proyecto de ley actual para el sector de las telecomunicaciones, sin embargo, afectará negativamente el modelo económico de Colombia y presenta una difícil elección para las autoridades de Colombia.

Colombia podría seguir dejando que los operadores inviertan libremente en las nuevas tecnologías, comprar derechos para el uso del espectro, según sea necesario, y vender los servicios libremente en un mercado abierto.

O, en el marco del proyecto de legislación propuesto, Colombia podría reducir la presión de la competencia y, en efecto, administrar un cártel de operadores, ninguno de los cuales jamás podrá competir con suficiente fuerza para elevarse por encima de la cuota de mercado del 30 por ciento.

La ley antimonopolio llevaría al resultado perverso de un cartel coordinado por el gobierno, dando lugar a lo que un verdadero monopolio produciría: menos competencia y precios más altos.

¿Qué puntos se deben tener en cuenta a la hora de diseñar una ley antimonopolio, en especial en el sector de las telecomunicaciones?
La pregunta más importante en el diseño de una ley de competencia para cualquier sector de la economía es ¿por qué tratar ese sector diferente que al resto? Prácticas contrarias a la competencia no se deben permitir, por regla general, en cualquier sector de la economía.

El sector de las telecomunicaciones ha experimentado y seguirá experimentando, tremendo cambio tecnológico. Los mercados que solían ser considerados como independientes y separados se encuentran ahora en el mismo mercado y los proveedores están compitiendo entre sí.

Se podrían definir reglas aparentemente prudentes cuando ves una foto del sector como está hoy, en la que se vea quién está compitiendo con quién. Pero, dentro de muy poco, la convergencia y evolución tecnológica seguirán, y esas reglas perderían su sentido.

Usted es un conocer del sector en Estados Unidos. ¿Algún parecido regulatorio con Colombia?
Hubo un intento de regular por cuota de mercado, que tiene unos paralelos con lo que se propone hacer en Colombia.

AT&T tenía una cuota de mercado muy grande en lo que era el mercado de larga distancia, alrededor de 90 por ciento. AT&T estaba sujeta a una regulación de precios que heredó de la época antes de la competencia. Cada cambio de precio tenía que registrarse con los reguladores y ser aprobado, un proceso que tardía a veces muchos meses. Los competidores eran libres de fijar sus precios.

Se comunicó que AT&T tendría que perder cuota hasta que tuviera menos del 65 por ciento para escapar de esa asimetría de aplicación regulatoria. Entonces, ¿qué pasó? AT&T dejó de competir, y en particular, dejó de competir para el negocio de los consumidores menos rentables. Al bajar del nivel de 65 por ciento, empezó a competir nuevamente.

Esta política de regular directamente por la cuota de mercado salió mal porque redujo la competencia, favoreció a ciertos competidores y afectó a los consumidores.
 

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