En la puerta del horno

Las noticias recientes sobre el Tratado de Libre Comercio que está pendiente de aprobación por el Congreso de los Estados Unidos, no han hecho más que aumentar la confusión en torno a un tema de por sí complejo. Hace unos días, por ejemplo, fue significativa la votación favorable del acuerdo de Perú en Washington, por un margen muy amplio y con el voto positivo de un número mayor de demócratas que aquellos que en su momento votaron por el pacto conocido como Nafta: 109 contra 102 legisladores. Así, el TLC mencionado es el primero que aprueba el legislativo norteamericano luego de que los demócratas lograran la mayoría en el Capitolio. De esta manera se demuestra que una fuerza bipartidista mayoritaria es favorable a los acuerdos comerciales y que además tiene una confortable mayoría en relación con el bando proteccionista liderado por los sindicatos.

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noviembre 16 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-16

Lo ocurrido fue una muy buena noticia para Colombia, pues al fin y al cabo el tratado peruano es esencialmente el mismo que el negociado por el país. Pero adicionalmente, la votación sirvió para alinderar a una serie de congresistas que presumiblemente no tendrían problema conceptual con volver a apoyar otro TLC. Por ello, resultaría lógica la expectativa de que el acuerdo pueda ser considerado y aprobado por Washington durante el primer semestre del próximo año. Sin embargo, está el asunto de la política interna. La senadora Hillary Clinton, quien hoy en día parece la más segura sucesora de George W. Bush, anunció su oposición a los tres TLC pendientes de votación, dando una explicación que en cada caso no hace más que repetir la intransigente posición de los sindicatos norteamericanos. En lo que tiene que ver con Colombia el argumento fue el mismo de hace meses: la violencia en contra de los sindicalistas y la impunidad de estos crímenes. Y aunque esa postura no resulta del todo sorpresiva, sí llama la atención que el Gobierno colombiano y las costosas firmas de cabildeo que tiene contratadas no parecen haberle dado la importancia debida a quien es hoy en día, y desde hace meses, la líder en las encuestas. ¿Qué hacer en estas circunstancias? Evidentemente es necesario tratar de acercarse a la senadora Clinton y mostrarle los progresos que Colombia ha logrado en estos temas. En otras palabras hay que enamorarla del país y para ello hay que buscar la manera de entrar en contacto con ella, para lo cual la numerosa diáspora de origen colombiano debería servir. Otra posibilidad es solicitarle una cita para enviarle una delegación de alto nivel, que puede incluso tener toda la discreción del caso. Por otra parte, pareciera que el canal natural para lograr transmitir el mensaje sería el ex presidente Bill Clinton, quien es un declarado amigo del país. Pero más allá del procedimiento, el objetivo es lograr que Hillary Clinton al menos se declare neutral frente al TLC. Ese esfuerzo requiere, por supuesto, que la Fiscalía acelere los procesos para esclarecer los crímenes en contra de los sindicalistas y que los jueces muestren resultados concretos en términos de sentencias. Algún progreso ya se observa, pero hay que mostrar mucho más en enero, cuando empiece la recta final. Una fórmula complementaria es la de gastar unos recursos en avisos de prensa en diarios influyentes, contando los logros del país tanto en materia de institucionalización, como de recuperación económica y social. En todo el proceso, es indispensable que los funcionarios encargados del tema no envíen mensajes equivocados. Por eso resultan inconvenientes las declaraciones del ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, quien ayer afirmó que al tratado con Colombia le faltan apenas 15 votos. Ese pronunciamiento, más allá de la veracidad que contenga, no es de ninguna utilidad y corre el peligro de poner en una posición difícil a los congresistas que han dicho en privado que apoyarían el acuerdo. Para utilizar los conocidos refranes, no vale la pena que, por querer ensillar antes de traer las bestias, al país se le queme el pan en la puerta del horno. En medio del complejo proceso de aprobación del TLC con Colombia en el Congreso de los Estados Unidos, resultan inconvenientes las declaraciones en tono triunfal”.

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