En la puerta del horno

Hoy se cumplen cuatro semanas desde que concluyó la conciliación de los textos del TLC entre Colombia y Estados Unidos, y el presidente Bush aún no ha notificado a su Congreso su intención de suscribir el acuerdo. La incertidumbre sobre el TLC es tan grande, que está previsto que el presidente Uribe discuta el tema con el Secretario de Comercio estadounidense en su visita del próximo lunes con ocasión de la segunda posesión presidencial.

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agosto 04 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-04

¿Y qué importan unos días más o unos días menos? Las normas estadounidenses establecen que deben transcurrir 90 días entre la notificación del Presidente y la firma del tratado, después de los cuales el Congreso puede tomar hasta 90 días legislativos para pronunciarse sobre el acuerdo. Eso significa que, al paso que vamos, el TLC no podrá ser evaluado por el Congreso estadounidense este año, y que sólo entraría en vigor a mediados del 2007, suponiendo que nos vaya bien en la votación. Ante esta situación, es insólito que varias personas, incluidos algunos funcionarios del Gobierno, sigan diciendo que no hay motivo para preocuparse. Por eso vale la pena volver a la nuez del problema: como nos recordaba este diario el miércoles pasado, lo que está en juego no sólo son las preferencias arancelarias del Atpdea, sino además la suerte misma del TLC. El problema del Atpdea es simple: el 31 de diciembre desaparecen las preferencias para las exportaciones colombianas y no habrá un TLC que las reemplace. Para dar una idea de la magnitud del lío, recordemos que varios sectores exportadores colombianos dependen de esas preferencias: más de 80 por ciento de las exportaciones de confecciones al mercado estadounidense el año pasado se hicieron bajo el Atpdea, cifra que llegó casi a 90 por ciento para el caso de bebidas y tabaco, a 75 por ciento para cuero y sus manufacturas, y a 56 por ciento para los productos químicos. Más preocupante aún es la suerte del TLC en el trámite parlamentario en Washington. El Congreso estadounidense es cada vez más proteccionista, como lo demuestra lo sucedido con el TLC entre Estados Unidos y Omán. El 20 de julio pasado, mientras la mayoría de los colombianos dormían bajo este sol tacaño que llamamos verano, la Cámara de Representantes aprobaba ese tratado con 221 votos a favor y 205 en contra. Vale la pena destacar varias cosas de esa votación. La primera es que resulta preocupante que un acuerdo tan inofensivo haya logrado una mayoría de sólo 16 votos. Omán es diminuto comparado con Estados Unidos: su población es cien veces menor y su Producto Interno Bruto no llega ni al 0,2 por ciento del estadounidense. Esta votación además confirma la polarización partidista que se ha dado alrededor del libre comercio en Washington: de los 221 representantes que votaron a favor del TLC, sólo 22 son demócratas. Detrás de esta cifra hay un detalle importante: cuatro de los representantes demócratas que hace un año votaron a favor del Cafta se voltearon, y ahora votaron contra el acuerdo con Omán. El proteccionismo demócrata es más preocupante teniendo en cuenta que es muy probable que el partido consiga el control de ambas cámaras en las elecciones parlamentarias de noviembre: a los demócratas les basta una ganancia neta de 15 curules en la Cámara y 6 en el Senado para dominar el Congreso. Hay que ver cómo les va al presidente Uribe y al Secretario de Comercio estadounidense con la nueva cocción que le van a dar al TLC el lunes próximo. No hay que olvidar que en la puerta del horno se quema el pan... Investigador Asociado de Fedesarrollo "Hay que ver cómo les va al presidente Uribe y al Secretario de Comercio estadounidense con la nueva cocción que le van a dar al TLC el lunes próximo”.

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