Toda una puesta en escena para hablar

Dirigirse a una audiencia, en especial a los medios, necesita de un entrenamiento escénico y hay recursos que no se pueden descuidar. El experto Adyel Quintero Díaz, doctor en ciencias sobre arte y consultor de imagen, sostiene que la organización final de todo el mensaje se hace a través de la puesta en escena de la cual, quien se dirige al público, es actor y director.

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noviembre 17 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-17

Para eso hay recursos escénicos en los que se enfatizan tres aspectos: primero, están los personales, para hacer un manejo adecuado de los canales verbal, vocal y visual. También están los recursos instrumentales y técnicos: el micrófono, el video bean y el computador, todos instrumentos que hay que saber manejar muy bien. Por eso, recomienda verificar primero la acústica del recinto y asegurarse de que el sonido está bien para no espantar al auditorio (la recomendación es para quienes soplan el micrófono). Así mismo, hay que saber cómo mirar a la cámara (siempre de frente) o al entrevistador cuando habla, sin desviarse hacia la cámara. Por muy buena vista que tenga un salón, hay que evitarla porque puede ser un elemento distractor, igual que los olores y los ruidos. Es lo que se conoce como recursos espaciales. El mensaje o texto es capítulo aparte, pues éste puede dar lugar a un sinnúmero de formas de decirlo o hacerlo creíble, explica. “Puedo elegir una de ellas y practicarla, hacer varios ensayos antes de enfrentarme al espectador. Esto me dará mayor seguridad: sé lo que voy hacer y tengo una estructura”. Como toda puesta en escena, debe tener principio, medio y fin o exposición, nudo y desenlace. En la exposición se hace la entrada y se presenta el motivo del discurso (vender un producto); en el nudo se desarrolla lo más importante desde el punto de vista informativo y esta información debe ir generando una curva de progresión ascendente, de modo tal que el interés del espectador vaya creciendo. Viene el clímax, en el cual se necesita producir la máxima empatía con el actor del mensaje y el mensaje, pues el interlocutor siente que ha sido contagiado con el sentimiento de quien habla. Finalmente, en el desenlace es donde se busca un buen gancho para terminar y despedirse, ojalá que de una manera original y creativa. Y ojo, por que los primeros 30 segundos cuentan y los últimos 30 se quedan. Los conectores son como una buena pieza de ropa. Equivalen a los ‘acabados’ en el discurso”.

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