A puro puño por una medalla

En la inauguración de los Juegos Nacionales, la noche del domingo en Cali, no desfiló ningún atleta de Guainía. A esa hora, en el coliseo El Cristal, sede de las competencias de boxeo en Buenaventura, se veía un pendón con el nombre del departamento.

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noviembre 26 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-26

Guainía trajo a los Juegos únicamente a dos deportistas, Darwin Acosta Méndez y Leonardo León Sánchez, los dos boxeadores. ¿Boxeadores? Sí, peleadores de una tierra sin antecedentes pugilistas, tanto que es la primera vez que esa región participa en un campeonato nacional de la disciplina. El responsable de ello es Leonidas Mosquera, un chocoano que vivió en Medellín y practicó boxeo aficionado en los tiempos de los desaparecidos ex campeones mundiales Rubén ‘Huracán’ Palacio y Elvis Álvarez. “Llegué hace cinco años, por trabajo a Inírida (la capital y único municipio de ese departamento) y vi que los muchachos peleaban en la calle. Propuse a las autoridades hacer boxeo y comencé en el 2004 con una Escuela de Formación con 50 niños. Hoy somos liga, soy su entrenador y presidente”, dice Mosquera. Entre esos niños estaban Acosta y León. “Me metí porque me gusta y tengo agilidad”, dice Acosta, peso gallo de 19 años, ex futbolista y bachiller, quien se declara admirador del ex campeón mundial Ricardo ‘Mochuelo’ Torres. “Yo era arquero de fútbol y practicaba atletismo hasta que me gustó el boxeo. Aquí me quedé!, dice León, de 23 años, bachiller que trabaja en un supermercado y que le gustaría pelear como Óscar de la Hoya o Miguel ‘Happy’ Lora. El entrenador Mosquera se queja que en Inírida, con sus cerca de 36.000 habitantes, practican con las uñas, en el cemento del coliseo Capital Toro. “No hay implementos ni ring. Uno que hice, de madera, se dañó”, sostiene. A Nicanor Camacho lo sorprendió una mañana de 1996 su hijo Carlos cuando, en su casa de Montería, le dijo: “esta tarde me tienes que llevar al coliseo, porque voy a pelear”. Desde ese día en el que se tituló campeón departamental en el coliseo Miguel ‘Happy’ Lora, Nicanor es su entrenador. “Iba a cumplir 15 años y tenía cuatro meses de practicar boxeo a escondidas. Yo no quería que se dedicara a este rudo deporte”, dice Nicanor, múltiple campeón nacional e internacional y clasificado mundial del peso mediano junior. Padre e hijo conversan al fondo del coliseo El Cristal, luciendo el uniforme azul y blanco de las Fuerzas Armadas. El padre es el asistente técnico de Elías Pastrana, el entrenador de la delegación, y el hijo, sargento segundo del Ejército, el representante de los 64 kilogramos. “Quien lo entrena y lo sube es él, porque siempre está pendiente de su hijo”, manifiesta Pastrana. Carlos nació el 12 de octubre de 1981 en la Base Militar de Coveñas (Sucre), cuando a su madre, Policarpa Ramírez, se le anticipó el parto en un paseo familiar. Nicanor recuerda que el médico que lo atendió sentenció: “este pelao tiene que ser militar”. El hijo sostiene que el padre a veces exagera con el rigor que le impone en los entrenamientos, aunque reconoce que lo hace buscando lo mejor. “A mí me pegaron duro y sé como es esto. Por eso me decidí entrenarlo”, dice Nicanor. indicaciones desde afuera cuando uno está en la esquina, son diferentes. “Me tocó el buen material humano de San Onofre, pero poco tiempo de trabajo, apenas cinco meses. Este es un proceso nuevo para rescatar el boxeo de Sucre”, sostiene Roberto. “Después de Juegos vamos a masificarnos, con vista a un trabajo fuerte en Buenaventura y en dos zonas de Cali con buen material: Aguasblancas y Siloé”, manifiesta René. “En Bogotá se hace un trabajo educativo con los padres que confunden este deporte con violencia. Por eso nos toca ‘importar’ peleadores de otros lugares, pero para el otro cuatrenio tendremos cinco cachacos en la selección”, dice Rafael. El boxeo lo salvó de morir en una pelea de pandillas William Urina, de 23 años y peso mosca por el Atlántico en estos juegos, es un agradecido del boxeo. Por este deporte se salvó de ser un delincuente o de morir cuando era adolescente en las calles de Las Flores, barrio marginal a un costado del Magdalena, cerca de Bocas de Ceniza, donde se unen el río con el mar. Era un pandillero en las calles destapadas de su barrio, cuando descubrió el pugilismo. Entonces entendió que la vida tiene otra cara, la amable, y con la conducción del desaparecido entrenador Jorge García Beltrán, se encarriló en ser una persona de bien. Hoy es el campeón nacional en los 51 kilogramos y el firme candidato a ganar medalla de oro en estos juegos. El domingo derrotó por decisión 4-1 al ex campeón Ramiro Rojas, de La Guajira, y ahora se las verá con su compañero de selección nacional Óscar Negrette, quien subió desde los 48 kilos. “Mi división es dura y los mejores salimos peleando entre sí enseguida. Voy a demostrar que soy el mejor”, dice el pugil que completó su victoria número 96 contra 20 derrotas. Urina no tiene claro su futuro. Podría quedarse en el boxeo aficionado y esperar las eliminatorias a otras olimpiadas (todavía lamenta no haber ido a los Olímpicos de China), solo si hay respaldo del Estado. Pero también tiene la posibilidad de firmar como profesional. Tres hermanos en la esquina “Aquí hay que caerle a golpes para ganarle a René”, dice Rafael a Roberto. “Hay que aprovechar la condición de local”, responde René. Y agrega: “Me dijeron que hace cuatro años, en Girardot, a Rafael le regalaron mucho”. Todos sueltan las carcajadas y quienes están cerca del ring side del coliseo El Cristal miran que los tres se parecen. Es un apellido, una nacionalidad y una profesión. Son los hermanos Rafael, René y Roberto Iznaga, cubanos y entrenadores de Bogotá, Valle del Cauca y Sucre en el boxeo de los Juegos Nacionales. “Así somos siempre, bromeamos juntos. Analizamos el boxeo y miramos virtudes y errores”, dice René, de 51 años, quien inició la carrera como director técnico en su natal Cienfuegos hace 21 años y estimuló a los otros dos. Rafael, de 46 años y el segundo del trío, está con Bogotá desde el 2003 y ya dirigió en los pasados Juegos Nacionales (de allí la broma de que fue favorecido). Él invitó a Roberto, de 45, a vincularse el año pasado, y a René este año, pero el Distrito se durmió en la contratación y Sucre y Valle, respectivamente, se anticiparon. Las condiciones de trabajo de los tres, que se ayudan entre sí con indicaciones desde afuera cuando uno está en la esquina, son diferentes. “Me tocó el buen material humano de San Onofre, pero poco tiempo de trabajo, apenas cinco meses. Este es un proceso nuevo para rescatar el boxeo de Sucre”, sostiene Roberto. “Después de Juegos vamos a masificarnos, con vista a un trabajo fuerte en Buenaventura y en dos zonas de Cali con buen material: Aguasblancas y Siloé”, manifiesta René. “En Bogotá se hace un trabajo educativo con los padres que confunden este deporte con violencia. Por eso nos toca ‘importar’ peleadores de otros lugares, pero para el otro cuatrenio tendremos cinco cachacos en la selección”, dice Rafael. WILABR

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