Las pymes podrían retrasar el repunte europeo

La falta de crédito y una resistencia a la consolidación ahogan a las empresas familiares, las mayores empleadoras del continente

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enero 14 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-14

El negocio de suéteres de Raffaella Prestinoni en esta ciudad industrial en el norte de Italia solía ser una de las millones de empresas familiares que apuntalaban la economía europea. Ahora, negocios como el suyo amenazan con entorpecer la recuperación del continente.

Las pequeñas y medianas empresas (pymes), dependientes de escurridizos préstamos bancarios y aisladas del rudimentario mercado de bonos corporativos europeo, se han visto vapuleadas por la recesión global. El resultado: una ola de bancarrotas, despidos por doquier y una nube negra que oscurece las posibilidades de crecimiento de Europa en 2010.

De las pymes europeas que pidieron un préstamo bancario en el primer semestre de 2009, 43% reportó una caída en la disponibilidad de crédito frente a los seis meses precedentes. Sólo 10% notó una mejoría, según las cifras más recientes del Banco Central Europeo (BCE).

Las empresas con menos de 250 empleados representan 70% de la fuerza laboral del sector privado de la Unión Europea, un importante socio comercial de América Latina. Además, dependen en gran medida de los bancos para la obtención de préstamos.

Cuando a Prestinoni le denegaron un préstamo, optó por vender dos propiedades familiares y acudir a un programa de alivio de deuda respaldado por el gobierno, dirigido específicamente a pequeñas empresas. Así consiguió pagar a sus proveedores y retrasar el pago de una tejedora industrial de 80.000 euros (US$115.000). Pero después de que las ventas de sus suéteres de colores registraran un declive de 15% en 2009, la empresaria admite que aguarda este año "con terror".

No todas las pequeñas empresas se ven afectadas con la misma intensidad por la crisis. La economía alemana depende de las llamadas Mittelstand, pymes que emplean en torno al 70% de la fuerza laboral del sector privado del país. Pero a diferencia de Francia, Italia y España, las compañías alemanas acumularon menos deuda a lo largo de los años, por lo que ahora sufren menos.

Los gobiernos europeos han introducido varias medidas dirigidas a los pequeños negocios. Francia y Alemania, por ejemplo, nombraron a zares del crédito para fortalecer las relaciones (y las líneas de crédito) entre los bancos y las pequeñas empresas. Sin embargo, los bancos aseguran que los supervisores están inspeccionando los préstamos con mucho recelo. Y muchas pequeñas firmas no constituyen buenas apuestas en estos momentos, dada la fragilidad económica.

Los bancos niegan haber aislado a esta parte del sector empresarial de Europa.

"Como bancos, es de nuestro interés prestar dinero", asegura Séverin Cabannes, copresidente ejecutivo del banco francés Societé Générale. Bancos europeos como el italiano Intesa Sanpaolo y el francés BNP Paribas, recientemente expresaron su compromiso a otorgar crédito a las pequeñas empresas.

La escasez de préstamos ha precipitado una espiral descendente para las pymes europeas. En los últimos 10 años, muchas se quedaron ancladas en sectores como las industrias textil y zapatera, en los que ya no pueden competir por la aparición de productos chinos más baratos. Con el debut en 1999 de una moneda común para el bloque, los miembros de la zona euro perdieron la capacidad para devaluar sus monedas y ayudar a sus fabricantes a competir en precios. A medida que el euro se ha fortalecido contra el dólar, las pequeñas empresas se han visto con insuficiente fuerza financiera y de marketing para abrirse paso en nuevos mercados extranjeros.

Otro problema es que muchas de las pymes de Europa siguen en manos de familias que se han resistido a contratar a gerentes profesionales y a abrirse a inversionistas externos. Por esta razón, los economistas creen que el shock de la crisis de crédito podría provocar una ola de consolidación.

"Es muy probable que se vean tantas cesaciones de pagos en 2010 como en 2009", predice Raoul Ascari, director de operaciones de la agencia estatal italiana de seguros de créditos SACE. "Evidentemente, a las pequeñas compañías les conviene fusionarse".

Los gobiernos de Europa empezaron a implementar planes para apuntalar a las pymes en el segundo semestre de 2009. En agosto, el gobierno italiano y su asociación de bancos anunciaron una moratoria de un año sobre hipotecas y otras deudas para las pequeñas empresas de Italia, que tiene la mayor concentración de pymes del continente.

A su vez, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, anunció la creación de un fondo estatal de 2.000 millones de euros para invertir y prestar a pequeñas empresas. París también divulgó una reducción temporal para las pymes en sus contribuciones al seguro social y otras obligaciones tributarias que deben cumplir.

España y Alemania no han implementado medidas dirigidas en especial a las pymes en sus paquetes de estímulo. Aun así, el programa de empleo público de 8.000 millones de euros de España les ha dado trabajo a unas 14.000 pymes, según el gobierno.

Para alentar la concesión de crédito, el BCE redujo su tasa de referencia a 0,25%. Sin embargo, no todas las pequeñas empresas logran beneficiarse del dinero barato: los préstamos a corto plazo para compañías con ingresos anuales de hasta 1 millón de euros tienen un interés promedio de 3,34%. Antes de la crisis, la brecha entre las dos tasas era significativamente menor.

Fabien Delpierre, propietario de una pequeña firma francesa de merchandising, Inconomedia, asegura que las pymes necesitan más ayuda. Su compañía logró impulsar sus ventas en un promedio de 20% al año desde 1996 para facturar cerca de 1,8 millones de euros en 2008. Pero cuando las empresas empezaron a recortar sus presupuestos el año pasado, sufrieron un éxodo de clientes. Tras inyectar parte de sus propios ahorros en Incomedia, Delpierre solicitó a fines de 2009 un crédito de 200.000 euros a un banco, su primer préstamo.

"El banco me dijo..., 'Llame a Sarkozy si quiere un préstamo'", cuenta.

Aunque muchas empresas se resisten a deshacerse de algo que fundaron sus padres o abuelos, para algunos economistas su único camino para sobrevivir es la consolidación. En Francia, parece que algunos ya lo están entendiendo así. Se espera que entre este año y 2020, unas 700.000 empresas familiares cambien de manos, según la agencia de estadísticas, Insee.

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