Ni mucho que queme al santo...

Con la conocida voz popular 'ni mucho que queme al santo ni poco que no lo alumbre', el Presidente de la República trató de explicarle al público asistente al acuerdo para la prosperidad, celebrado en Chiquinquirá, la forma como el Gobierno concibe la política aplicada al sector minero.

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mayo 05 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-05

Lejos de los extremos que suelen ser viciosos, el mandatario considera que la conducción de los temas relacionados con la actividad debe guiarse por un justo medio entre la sostenibilidad ambiental, que niega la posibilidad a la producción y la explotación indiferente a cualquier limitación o condicionamiento a la gestión productiva. Aceptar que es indispensable tomar muy en serio la cuestión del medio ambiente y el cambio climático, pero a la vez, que esa circunstancia no puede convertirse en obstáculo insuperable para el aprovechamiento de los recursos disponibles, es su planteamiento. Sin duda, es una buena manera de ver el asunto; sin embargo, por la forma tan simple como se lo mira, puede abrir espacios para graves equivocaciones, en particular por la variedad de ecosistemas existentes y la complejidad de los mismos. Es el caso de la región geográfica de la Orinoquia, que ofrece un marco promisorio para el desarrollo, pero una alta complejidad ambiental. En ese ámbito, es preciso plantear la importancia de tener un plan de acción que asegure la sostenibilidad ambiental asociado a la acelerada transformación productiva que enfrentan ciertas regiones. De nuevo es el caso de la región ya aludida. Apoyado en un documento preparado por el profesor Juan Benavides, de la Universidad de los Andes, me apropio de sus palabras para decir que es necesario internalizar la gestión ambiental para construir las posibilidades de desarrollo a partir de arreglos que refuercen mutuamente la producción de bienes y la conservación. Es un hecho que la percepción de finitud de los recursos corresponde a una visión malthusianmaltusiana del mundo. La innovación puede convertir las restricciones en abundancia. De allí que no convenga seguir la política ambiental como expresión de escasez. Es preciso darle paso a la liberación de opciones de acuerdo con las nuevas tendencias, y poner las consideraciones ambientales en el contexto más general y amplio del desarrollo económico. Como quiera que el país pasó de ser eminentemente agrícola a convertirse en territorio minero, tal como lo demostró el Ministro de Minas y Energía en su intervención en el mismo foro, el manejo de la política no puede adelantarse prescindiendo de alguna de las dos variables: el estilo de desarrollo y ocupación debe estar de acuerdo con la evolución de los indicadores de sostenibilidad y el entendimiento de la forma como funcionan los ecosistemas. Las opciones generadas deben evitar el surgimiento de inequidades, violencia y destrucción ambiental. No es posible pasar por alto el aspecto que toca con la relación que existe entre el sistema ecológico y el social. Sin temor a equivocación, se puede afirmar que hay una estrecha relación entre los dos. De allí que resulte pertinente hacer una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto los procesos actuales de desarrollo y transformación productiva pueden afectar la provisión futura de los bienes y servicios provistos por los ecosistemas? Para responder, cabe decir que una propuesta para orientar la transformación productiva y garantizar la viabilidad ecológica y la sostenibilidad ambiental del desarrollo pasa por considerar los cambios actuales y sus tendencias. rosgo12@hotmail.comHELGON

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