Sin querer queriendo

Colombia había venido estructurando la normativa de su comercio exterior alrededor del proyecto andino de integración. Como desarrollo de las ambiciosas metas de conformación de una unión aduanera nuestro arancel es andino y se ha aceptado el concepto de supranacionalidad en nuestro ordenamiento. Se renunció entonces a la posibilidad de legislar de manera autónoma sobre muchos de estos temas y la inmensa mayoría de los asuntos se refieren, en última instancia, a la institucionalidad andina.

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mayo 15 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-15

Con esta referencia, se adelantaron, posteriormente procesos de integración como el G-3 y se pretende ahora avanzar en la negociación de un acuerdo comercial con la Unión Europea. Con el beneplácito andino se ha llevado a cabo, por su parte, el proceso de negociación del TLC con los E.U. al igual que el que ahora se inicia con algunos países centroamericanos. También tuvo un carácter andino la negociación entre estos países y Mercosur y son infinidad las consecuencias que han tenido en Colombia los compromisos que en este contexto se han adquirido y la incorporación de las decisiones andinas en nuestra legislación. Pues bien, la decisión de Venezuela de marginarse de la CAN y ahora del G-3, sumado al distanciamiento de nuestros otros socios, ponen en vilo la supervivencia de la CAN y de presente los dilemas que tendremos que enfrentar. ¿Será factible o, más aún, tendrá sentido mantener el esquema normativo para el comercio exterior que hoy se tiene cuando vamos a quedar siendo casi los únicos en cumplirlo? Por el contrario, ¿tendrá sentido abrir un proceso de ajuste a nuestras reglas de juego en materia de comercio, con el riesgo que tendría abrir esa Caja de Pandora para revisar un esquema que, con todos sus defectos, conforma un cuerpo bastante articulado de reglas de juego? De seguir las cosas por donde van, estas serán preguntas que el país tendrá que plantearse. No se debe olvidar, por el otro lado, que el margen de maniobra para los cambios es mucho más reducido que el que se tenía cuando se estructuró el sistema andino. Hoy los compromisos con la OMC y los que se desprenden de negociaciones como la realizada con Mercosur y ahora con los E.U. han reducido de manera significativa el campo para los cambios y lo que se haga en uno o en otro sentido acarrea consecuencias en lo que ya se tiene. La incertidumbre alrededor de estos temas aconsejaría calmar los ánimos negociadores y adelantar de manera más pausada los nuevos procesos. Lo que se está viendo en el caso de Centroamérica desconcierta. Parecería que se está dejando a un lado la muy valiosa experiencia de la negociación del TLC y se están improvisando nuevos procedimientos que, al menos en el caso agropecuario, parecen no tener en cuenta el contexto, las consecuencias y el conocimiento adquirido en las pasadas negociaciones. Sin querer queriendo y por razones ajenas se nos está desbaratando el marco normativo para nuestro comercio. Lo preocupante, es que pareciera que estamos contribuyendo a este desbarajuste al no hacer un alto en el camino y definir una estrategia integral en lugar de seguir con el afán de los acuerdos bilaterales. Presidente de Asocaña " Sin querer queriendo y por razones ajenas se nos está desbaratando el marco normativo para nuestro comercio”.

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