¿Quién le ganará la guerra al efectivo?

La mayoría de los países europeos tiene ya limites sobre la cantidad de billetes que uno puede usar para pagos y la tendencia es ir disminuyéndolos.

El año pasado se disparó el consumo con tarjetas de crédito
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Portafolio
abril 28 de 2017 - 03:03 p.m.
2017-04-28

De un extremo al otro del planeta más y más países están dejando atrás el dinero en efectivo y a medida que ese proceso avanza los menos desarrollados y los más pobres que no cuentan con infraestructuras para permitir la transición a transacciones electrónicas se quedan atrás.

Hay quienes hablan de una ‘guerra contra el dinero en efectivo’ y los expertos financieros se dividen entre quienes defienden la idea de sociedades sin cash y quienes advierten sobre los peligros de sistemas digitalizados que registran toda transacción y donde literalmente el dinero ya no cambia de manos.

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Muchos bancos ya no usan monedas y billetes y los gobiernos están tomando medidas por un lado para apurar el desarrollo e instalación de tecnologías que amplíen la posibilidad de transferencias electrónicas y por otro de reducir el efectivo circulante en varios países.

En Europa, por ejemplo, la rama ejecutiva de la Unión Europea anuncio recientemente su intención de “explorar la relevancia de los límites máximos de pagos en efectivo” con el fin de implementar medidas para toda la región en 2018.

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La mayoría de los países europeos tiene ya limites sobre la cantidad de dinero en efectivo que uno puede usar para pagos y la tendencia es ir disminuyéndolos. En España y Francia, por ejemplo, el máximo es de € 1.000. Grecia los bajo de € 1.500 a € 500. O sea, cualquier compra legal de un bien o servicio de más de esos montos tiene que hacerse con tarjeta o por transferencia digital.

A medida que más tiendas, restaurantes, redes de transporte y personas se adaptan al uso de tarjetas y a la tecnología móvil digital, ciudades de todo el mundo están en proceso de relegar el efectivo al estatus de segunda clase.
 
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Muchos almacenes, cafés, bares de Londres, Ámsterdam, Estocolmo, Copenhague, como los buses, metros y taxis se niegan a manejar billetes o monedas.

“¿Podríamos ver una ciudad entera sin dinero en efectivo?”, se pregunta el diario The Guardian y responde: “De Seúl a Bérgamo, las ciudades grandes y pequeñas están a la vanguardia de un impulso global para volverse digital. Muchos de nosotros estamos felices de tocar las tarjetas o los teléfonos para subir en un autobús, comprar un café o pagar por alimentos en el supermercado y es realista plantear la perspectiva de un tiempo cuando nadie llevara dinero en absoluto”.

A la cabeza de las sociedades sin cash está Suecia. No es coincidencia que el Banco de Estocolmo, precursor del banco central sueco Riksbank, fue el primero en imprimir billetes en 1.661, en grueso papel que llevaba 8 firmas para probar su legitimidad.

Según el Riksbank, las transacciones en efectivo representaron apenas el 2% del valor de todos los pagos el año pasado y se espera que caerán a 0,5% en 2020.

Cerca de 900 de las 1.600 sucursales bancarias del país ya no usan ni reciben depósitos en efectivo y muchos, especialmente en las zonas rurales, ya no tienen cajeros automáticos.

Pero Suecia es la excepción y todavía el promedio mundial de transacciones en papel moneda es del 75%.

Varios expertos financieros europeos predicen que para el 2022 habrá más transacciones electrónicas que en efectivo en el continente dado que Europa tiene nueve de los 15 países más digitalizados del mundo.

De otra parte, están los escépticos que advierten sobre el peligro de exclusión inherente a la conversión del papel moneda, que permite transacciones directas y fáciles entre todo tipo de personas sin importar si son ricos o pobres, a operaciones digitales.
Enormes regiones del mundo ya están aisladas en términos de desarrollo tecnológico. Su dependencia del dinero efectivo va a cortarlas de la corriente comercial dominante y reducirlas a comerciar solo entre ellas.

Hay, sin embargo, ejemplos que muestran otra alternativa:

Kenia ha encontrado una manera de permitir el acceso a sus ciudadanos no bancarizados a la sociedad sin dinero en efectivo utilizando móviles baratos. Lanzada en 2007 la aplicación electrónica M-Pesa se ha convertido en la plataforma líder mundial de dinero móvil, permitiendo a millones de usuarios transferir dinero entre sí mediante el envío de mensajes de texto y almacenar sus fondos de forma digital sin abrir una cuenta bancaria convencional.

En Zimbabue, la crisis de liquidez en efectivo del año pasado produjo renovada desconfianza en los bancos e impulsó plataformas de dinero móvil como forma alternativa de hacer negocios, primero en la capital Harare y luego en las zonas rurales. El servicio más popular del país se llama EcoCash y tiene más de seis millones de usuarios.

Los expertos en la tercera edad, por su parte, temen que los adultos mayores que prefieren efectivo, ya sea porque son reacios a las nuevas tecnologías o porque simplemente es más fácil controlar los gastos, estarán entre los excluidos. Y los educadores se preocupan de que la gente joven se ve tentada a gastar dinero que no tiene, con la facilidad de pagos digitales donde el dinero es invisible.

Del lado tecnológico está el peligro de fraude electrónico que se ha más que duplicado en la última década y la amenaza a la privacidad inherente a un sistema en el que todo pago queda registrado.

Cecilia Rodriguez
Luxemburgo

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