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La razón electoral

La percepción de los ciudadanos que van al próximo certamen electoral está llena de subjetividades. Las apelaciones hacia los programas de interés general y el interés público, quedan opacadas por el hecho evidente de que los hombres no vemos con los ojos sino con los egos.

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mayo 09 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-09

No existe todavía una crítica de la razón militante, como aquella que auspiciaba el escritor González Faus, porque nos da por particularizar la razón, al punto que la volvemos una propiedad privada de nuestros caprichos o percepciones. Se supone que la razón es universal. “¿Para qué escribiría Kant todas sus críticas a la objetividad y a la razón si no fuera para darle una dimensión general?”, dice este autor. La idea de que esa razón universal pueda sustituir a los dioses, es un concepto que ya no la dejaron funcionar en virtud de los personalismos. Eso es tanto como admitir que la justicia es ciega porque sólo suele verse amarrada a las subjetividades y las complacencias, y no a la reflexión. Por ello, en el momento de elegir el tarjetón, no queda más remedio que calificar -que es una de las mejores maneras de descalificar. Calificar a las personas: para eso se inventaron el voto preferente. Es decir, para dejar actuar a la percepción personal y no a las ideas. Ahí se incorpora, por lo menos mientras no tengamos partidos participativos y organizados con programas, el inadmisible aforismo de que no hay justicia sino jueces, no hay ciencia sino científicos, no hay información sino comunicadores. Vale decir que en este caso no hay partidos sino candidatos. Como la subjetividad recibe datos del exterior, y los procesa, no se queda quieta hasta que queda plenamente satisfecha. Sobre este presupuesto se construyen las campañas y se enuncian los eslogan de los candidatos: para tratar de persuadir con lemas y peroratas que conllevan un enorme contendido de emocionalidad destinada a alborotar las sensaciones y no las razones de los electores. En realidad, en el campo político una democracia no estará llegando a su maduración sino cuando la razón intervenga en las decisiones. Mientras tanto seguiremos viviendo de las impresiones al día, de los juramentos fogosos, de las mentiras incautas, de las promesas largas pero ilusas y oportunistas. En fin, de las imágenes. Hay una larga cadena de equívocos constitucionales y legales que nos conducen inexorablemente al voto sensiblero, al voto amiguista, al clientelismo ‘mondo y lirondo’. El paternalismo estatal y el voto preferente están en el medio de ellos. Pero si estuviésemos en el umbral de un cambio hacia los partidos programáticos, como debe ser, lo podríamos imaginar -por una extraña paradoja- a la manera del sistema electoral de los venezolanos: (a) con la huella digital en un computador (sin tinta, como las huellas del Bancafé), y (b) con un color que diferencie a cada partido del otro de tal modo que todo el mundo, menos los daltónicos, puedan votar por partidos organizados sólo con dos presiones de la mano y en menos de 15 segundos. Consultor privado "Hay una larga cadena de equívocos constitucionales y legales que nos conducen inexorablemente al voto sensiblero, al voto amiguista”.

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