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Las razones del TLC

Existen sobradas razones por las cuales Colombia debe suscribir el TLC con los E.U. Entre las más importantes están las siguientes:

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mayo 15 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-15

Formalizar la relación de intercambio, ya que ésta ha sido informal entre los dos países, producto más de la necesidad espontánea y puntual, pero sin asidero en texto específico alguno que la gobierne en el corto, mediano y largo plazo. Nuestra relación actual puede o no darse, y nada garantiza su permanencia y continuidad en el tiempo. Colombia, con vocación de desarrollo y de futuro, debe optar por el camino de la globalización e internacionalización de la economía y por reglas claras que garanticen formalidad y perdurabilidad en sus relaciones comerciales, precisamente uno de los propósitos del TLC. Trascender lo meramente comercial, característica de nuestra relación actual con los E.U., limitada al mero intercambio de algunos productos, en especial materias primas que exportamos al país del norte y bienes con valor agregado que importamos de dicho país. La complejidad de las negociaciones y la multiplicidad de sus temas nos advierten que, al lado de lo comercial, nuestras relaciones de intercambio estarán permeadas por aspectos tales como reglas de origen, asuntos arancelarios, sanitarios y fitosanitarios, aduaneros, laborales y ambientales, entre otros muchos, lo cual asigna un sentido integral en este nuevo escenario más promisorio y enriquecedor para el desarrollo socioeconómico del país. Eliminar la unilateralidad en las actuales relaciones comerciales, posibilitadas en muchos casos por favores o gestos de buena voluntad de los E.U., como es evidente en el intercambio bajo Atpdea. El TLC consagra las reglas del juego para el intercambio bilateral, cuya observancia permitirá la continuidad de dicho intercambio, independiente del criterio de los funcionarios de turno y de aspectos meramente coyunturales. Favorecer la inversión extranjera directa y con ello un mejor crecimiento económico sostenido, generación de empleo y diversificación de la oferta exportable en el mediano plazo. Es de suponer que las condiciones pactadas en el TLC relativas a aspectos tales como régimen de inversiones, agenciamiento comercial, acceso a mercados, propiedad intelectual, entre otras, favorecerán la realización de inversiones, no solamente por parte de nuestros nacionales sino muy especialmente de inversionistas extranjeros, quienes dispondrán de un mejor clima y ambiente para sus negocios. Este es quizás de los argumentos más poderosos para suscribir el Tratado, tratándose de un medio tan inestable y volátil como el nuestro. Por último y no menos importante, la denominada Agenda Interna que se discute paralelo a las negociaciones busca mejores escenarios para la competitividad del país removiendo inveterados obstáculos, principalmente en materia de infraestructura vial y logística, inseguridad física e inestabilidad jurídica y normativa, desarrollo de la pequeña y mediana empresa, capacitación y desarrollo del recurso humano, y otros tantos aspectos que hoy tienen eco, y alrededor de los cuales se ha generado gran sensibilidad a raíz de las negociaciones del TLC. La firma del TLC por sí misma no significa nada, pues se trata de un medio y no de un fin. Sólo si sabemos aprovecharlo podremos derivar todo su beneficio potencial. Pero ello depende exclusivamente de nosotros y de la capacidad que tengamos para remover las condiciones de nuestra escasa competitividad y adaptarnos al mundo globalizado en que vivimos. *Columna de la Fundación Buen Gobierno Presidente de Colfecar "Colombia, con vocación de desarrollo y de futuro, debe optar por el camino de la globalización”.

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