‘Real Politik’

Peligroso juego el involucrar al Jefe del Estado en crímenes de lesa humanidad. Es acusar a todos los colombianos, que han elegido a Álvaro Uribe dos veces y le apoyan mayoritariamente, de cómplices de la infamia. Habría que sustentar acusaciones en muy sólida evidencia que conduzca a un juicio y condena y que purgue la culpa colectiva frente a la comunidad internacional.

POR:
abril 27 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-04-27

No es el caso. Lo visto y oído apenas alcanzó para un debate parlamentario pedestre, de raigambre política. Laureano Gómez, que sí sabía de eso, lo hubiese calificado con menos de tres. Por otra parte, cuando se busca suscitar el escarnio extranjero contra el Presidente se corre el riesgo de lesionar el interés nacional. La legítima lucha por el poder en una democracia debe cuidarse de no rebasar el universo del bien común, por más que existan desacuerdos sobre sus componentes. Un histórico ejemplo de desmesura se dio cuando Miguel Antonio Caro hundió en el Senado la ratificación del Tratado Herrán-Hay, no tanto por inconveniencia como por una feroz oposición al vicepresidente Marroquín, que lo encegueció. Antepuso la facción a la patria y se perdió Panamá. Don Sancho Jimeno supo desde el primer momento cuál era su deber cuando De Pointis atacó a Cartagena en 1697. Resistió heroicamente en el Castillo de San Luis de Bocachica. El gobernador Diego de los Ríos, en cambio, contemporizó. Sus dudas socavaron la voluntad de resistencia de la plaza. Presionado por los comerciantes que querían salvar sus haberes y cediendo a su propia conveniencia entregó Cartagena al más bárbaro saqueo, mientras él y sus conmilitones se ponían a buen recaudo. La historia lo sindica de traidor. No es que en Colombia se haya llegado por ahora a tales extremos, si bien algunas diatribas anti-uribistas han rosado lo descomedido. Ahora bien, con respecto a los E.U.nada fundamental ha cambiado ni va a cambiar por cuenta de Petro. Cuando la oposición y los medios le hacen eco a un imaginario deterioro piensan con el deseo. Demoras en el desembolso de ayudas se han dado antes. Alguien pide aclaraciones en una comisión del Congreso gringo y el asunto se aplaza educadamente para ser aprobado más tarde. Un distinguido ciudadano en tardío re-trance presidencial aprovecha para hacerle un gesto barato y tremendista (como sus proyecciones ecológicas) a la izquierda hollywoodliana de su partido y el incidente se convierte en afrenta a la dignidad presidencial. Alvaro Uribe se sulfura -nada excepcional- pero como lo aclaró el Departamento de Estado, la opinión de un privatius no afecta la posición oficial norteamericana sobre Colombia. Los demócratas tienden a ser proteccionistas. El segmento sindicalista de su electorado es generoso con las arcas del partido y alérgico a la libertad de comercio. Posturas contra las cláusulas laborales de cualquier TLC, incluyendo el de México hace más de diez años, son cómodos saludos a la bandera. Después de algún retoque para salvar el honor, a la hora del voto se agitan, manotean y aprueban. Considérese que mientras los E.U. por consenso bipartidista insistan en combatir su adicción a las drogas reprimiendo producción en la fuente están inextricablemente ligados a Colombia. Lo dos países, cada uno por su lado, y por razones quizá distintas, tienen el interés común de combatir la guerrilla y sacar del negocio a los ‘paras’. La alianza militar queda configurada. Culpa, perdón y reparaciones son asunto local mientras se reprima el tráfico. Más aún, con el antiamericanismo silvestre en Suramérica, Colombia es el Israel del continente. A los norteamericanos no les conviene desengancharse cuando casi nadie más simpatiza con ellos. Habrá diferencias pero no rupturas. Esa es la Real Politik. Ex ministro. Historiador "Cuando se busca suscitar el escarnio extranjero contra el Presidente se corre el riesgo de lesionar el interés nacional”.

Siga bajando para encontrar más contenido