Reales implicaciones del TLC en México

Ver las dos caras de la moneda es una buena herramienta para el análisis económico, especialmente donde proliferan ciertos analistas que, con datos poco confiables, pretenden llegar a conclusiones sin fundamento.(VER GRAFICO)

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mayo 26 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-26

Cierto articulista, que parte de confesar que se aburre con los libros de economía, se descrestó con un libro crítico sobre la globalización y de ahí saltó a interpretar el Tratado de Libre Comercio (TLC) de Colombia con Estados Unidos, a la luz de lo que ocurrió en México con el NAFTA. Con endebles argumentos sobre la experiencia mexicana y sin acudir a la información estadística que los demuestre, concluye: “Por eso creo que el TLC es una partida de póquer (sic) llena de cartas marcadas y de jugadas por debajo de la mesa, en la que sólo van a ganar los monopolios, protegidos con el antifaz del libre comercio”. Resulta pertinente un examen de las cifras oficiales de México para ver qué tan cierto es que “el TLC barrió con buena parte de la pequeña y mediana industria, que era la que daba más empleo”, ocasionó la "destrucción del campo mexicano” y que “un tratado de esta clase está arruinando a los campesinos y a los empresarios del campo en México”. Empecemos por las pymes que fueron ‘barridas’ por el TLC. Los últimos censos económicos de México muestran claramente que el número total de empresas ha crecido continuamente y que, el mayor crecimiento se dio entre 1993 y 1998. Se observa también que el número de empresas manufactureras creció en 56 mil entre 1993 y 1998, pero se redujo entre 1998 y 2003 en 16 mil. Aún así, el último dato es mayor que el registrado antes del NAFTA. Según el censo económico de 1999, más del 94 por ciento de las empresas son microempresas y las grandes apenas representan el 0,4 por ciento del total. Si el número total de empresas creció en 700 mil entre 1993 y 1999 y el número de empresas grandes apenas es de 8.474 es natural concluir que el incremento se explica fundamentalmente por el mayor número de mipymes. Más obvio aún es que no fueron ‘barridas’. Por el contrario, están ganando participación en el mercado. El censo económico del 2004 demuestra que las empresas grandes redujeron su participación al 0,2 por ciento del total de empresas. El siguiente paso es ver qué pasó con el empleo porque podríamos tener más empresas de menor tamaño y, por lo tanto, menos empleo. Como es natural en toda crisis económica, en el caso de México la crisis del tequila ocasionó duplicación del desempleo abierto (de 2,4 por ciento en 1995 a 4,9 por ciento en 1996). Pero entre 1997 y 2000 se reduce continuamente (1,6 por ciento en el 2000). Aun cuando en los años recientes hay una nueva tendencia al aumento del desempleo, el nivel de la tasa se mantiene en niveles comparables con el periodo anterior al inicio del NAFTA. Pese a estos datos, se podría creer que el empleo creció, pero a costa de su calidad. Hay dos indicadores del mercado laboral, calculados por la autoridad estadística de México, que podríamos asimilar a nuestros indicadores de subempleo. Uno es la Tasa de Presión General, que es la suma de la población desocupada abierta y la población ocupada que busca trabajo, expresada como porcentaje de la población económicamente activa. El otro es la Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación, calculada como la suma del número de ocupados que trabajan menos de 35 horas a la semana por razones de mercado. El número de ocupados que labora más de 35 horas a la semana y gana menos de un salario mínimo y el número de ocupados que labora más de 48 horas a la semana y gana menos de dos salarios mínimos, expresada como porcentaje de la población ocupada. Los dos indicadores registran una tendencia descendente y su nivel reciente es inferior al registrado antes del NAFTA; no obstante, el primero de ellos sigue de cerca la tendencia del desempleo. Para complementar, el análisis de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares indica que entre 1992 y 2004 se redujo el porcentaje de familias con ingresos inferiores a dos salarios mínimos, mientras que aumentó el porcentaje de familias que están en un rango de ingresos entre dos y 14 salarios mínimos. Ese comportamiento coincide con un menor peso relativo de las familias con ingresos superiores a los 14 salarios mínimos. Esto indica que entre 1992 y 2004 mejoró la distribución de los ingresos, pues es menor el porcentaje de familias en el rango inferior y en el rango superior. Sin embargo, no se puede desconocer que en los años siguientes a la crisis de 1995, el indicador se deterioró. Se concluye, por lo tanto, que las mipymes no fueron ‘barridas’ por el NAFTA, que los indicadores de condiciones de empleo evolucionan positivamente, que sus niveles son similares o mejores que los registrados antes de la integración con Estados Unidos y Canadá y que la distribución del ingreso tiende a mejorar. El Póquer del Mentiroso es el título de un libro nada aburridor, escrito por Michael Lewis, antiguo agente de la firma Salomón Brothers. Cuenta en el libro cómo. durante el auge de los mercados de valores de la década del ochenta, incurrían en ciertas mentirillas para esquilmar a sus clientes y llenarse los bolsillos con las bonificaciones anuales. EN MATERIA AGROPECUARIA Las importaciones mexicanas de productos agropecuarios están concentradas en seis campos: cebada, judías, maíz, sorgo, soya y trigo. Las cifras oficiales muestran que las importaciones atienden un segmento creciente de la demanda interna, con la excepción del sorgo. El total de importaciones de estos seis productos pasó de representar el 23,2 por ciento de la demanda interna en 1991–1993, al 36,3 por ciento en 1994–2001. Esto indica que la demanda interna está creciendo más rápido que la producción y que la diferencia está siendo atendida con importaciones. No hacerlo implicaría, precios altos y menor acceso de la población. Jefe de Estudios Económicos Mincomercio

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