Recuerdos y lecciones de la Gran Depresión de los años 30

Recuerdos y lecciones de la Gran Depresión de los años 30

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noviembre 20 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-20

En tiempos de la Gran Depresión, la gente iba a la casa de William Hague, cerca de Pittsburgh, a pedir comida. Una mujer joven le preguntó a la madre de Hague si podía contratarla por US$2 a la semana. La madre le preguntó que por qué trabajaría alguien por tan poco dinero. "No tenemos nada que comer en casa", respondió.

Hague, de 89 años, tenía sólo 10 cuando sucedió el crash del 29. Su padre era un próspero abogado y la familia vivió una vida relativamente privilegiada durante los años de la Depresión. Incluso cuando Hague consiguió éxito como editor y autor, siguió siendo cuidadoso con la comida y el dinero. Ahora que volvieron las vacas fl acas, se pregunta si las generaciones más jóvenes están preparadas para sobrevivir tiempos difíciles. "Hemos tenido una prosperidad ilimitada durante más de 60 años, no sé si estamos listos para tiempos duros", dice Hague.

En Estados Unidos hay 11,5 millones de personas mayores de 80 años, según la Ofi cina del Censo. El periodo que va desde el crash del 29 hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial marcó sus vidas, afectó cómo educaron a sus hijos e infl uenció sus reacciones ante el actual panorama económico.

Sus recuerdos no son todos negativos. Para muchos, el presidente Franklin D. Roosevelt "era como un dios", recuerda Hague.

"La gente confi aba en el modo de vida estadounidense, algo que no estoy seguro que suceda hoy".

James Dickinson, de 87 años, es amigo y vecino de Hague. Solía trabajar en Wall Street y, para él, ser testigo de la debacle actual ha sido como ver una película de terror, asegura.

Dickinson también creció cerca de Pittsburgh, pero en un hogar humilde sacado adelante por una madre viuda que tenía que mantener a su familia con ayuda del Estado.

De niño, acompañaba a su madre a hacer fi la para obtener ayuda alimentaria que repartía el gobierno. De mayor, Dickinson trabajó para fi rmas de corretaje de Wall Street, dice, y se jubiló de un cargo de gerente de recursos humanos. Agrega que en los últimos cinco años irritó con frecuencia a sus amigos con advertencias de que el día de la verdad estaba por llegar.

"Esta recesión es como un picnic comparado con lo que vivimos entonces", dice por su parte Dorothy Womble, de 89 años. Womble, quien actualmente vive en Harlem, Nueva York, creció en una pequeña casa sobre un camino de tierra en Winston-Salem, Carolina del Norte.

La gente a su alrededor era tan pobre, recuerda, que "ni siquiera tenían dinero para comprar semillas" para plantar vegetales.

Todavía recuerda los extraños que transitaban con todo lo que tenían envuelto en un bulto sobre sus espaldas. Su familia también pasó penurias, aunque su padre pudo mantener su empleo en el ferrocarril. A pesar de todo, dice Womble, la gente compartía lo poco que tenía. Ese es uno de los recuerdos que más la marcó, tanto como la miseria. Su madre, por ejemplo, compartía su preciosa ración de harina.

Su vecina en la residencia, Gloria O'Loughlin, de 88 años, creció en Harlem durante la Gran Depresión y tiene el mismo recuerdo de la solidaridad reinante. "Si alguien estaba enfermo, lo ayudaban. Si tenía hambre, le daban de comer. Ese fue el Harlem que conocí", dice. O'Loughlin, una de las primeras mujeres taxistas en Nueva York, nació en Harlem y dice que piensa morir allí. La Depresión arrasó en su barrio. Mientras el desempleo rondaba el 25% en todo EE.UU., en Harlem era de cerca de 50%. En la calle, era frecuente ver hombres vendiendo manzanas por cinco centavos.

En casa, faltaba qué comer. Su madre hacía un unos panqueques de harina y levadura servidos con mantequilla. Era una manera de matar el hambre. "Te acostumbrabas a comer lo que había". Para sobrevivir, su familia recibió un tipo de asistencia gubernamental, pero hacer la fi la para recibir alimentos era causa de vergüenza, y ella y su hermana solían discutir sobre a quién le tocaba ir hacer la fi la.

Marion Leonard, de 99 años, no sufrió mucho las penurias de la Gran Depresión, pero la pobreza que vio durante un crucero en barco por el estrecho de Puget, cerca de Seattle y durante un viaje por EE.UU. con su marido, la conminó a dedicar su vida al activismo social y medioambiental.

Ahora dice que sólo alguien como Roosevelt puede sacar a su país del bache en que se encuentra.

"Siempre pienso, por qué no hace alguien lo que Roosevelt hizo, empezar desde cero y darle trabajo a la gente", dice. "Había artistas pintando murales en las ofi cinas de correos y gente joven en los bosques limpiando la maleza".

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