La otra reelección

La otra reelección

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septiembre 16 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-09-16

Obama propone un gran plan para fomentar el empleo. Nada de lo intentado durante su mandato ha rendido frutos. El quid no es tanto obtener resultados como acusar al rival de obstruccionista, mientras llega la hora de la reelección el año próximo. Pobre: se estrella contra las limitaciones de las recetas keynesianas, que se agotaron por deudas insostenibles. Don Sancho Jimeno oteaba el horizonte avizorando velas piratas desde el castillo de San Luis de Bocachica en 1697 y rememoraba caviloso sobre el infortunado Conde Duque de Olivares, un estadista en tiempos de decadencia. Su España, la del Siglo de Oro, se hundió en deudas y responsabilidades derivadas de la gran monarquía patrimonial de los Austrias, insoportables a pesar del enorme tesoro que fluía de América. La libre empresa acompañada por la competencia es el sistema óptimo para asignar recursos eficazmente. También los desperdicia, pero comprobadamente menos que cuando los asigna el burócrata. Su desperdicio ocasiona los ciclos económicos que son la mancorna de la libre empresa y de paso, el freno al egoísmo y la codicia inherentes a esta. Por la época en que Adam Smith describiera el sistema, fueron ampliándose los ciclos de crecimiento y contracción con ritmo de eras geológicas de variables cataclismos. Al mismo tiempo, un segmento de la humanidad perceptiblemente salía de la embrutecedora miseria, fenómeno este sin precedentes. Mientras mayor era la producción de bienes y servicios (en algunas geografías más que en otras) y la libertad individual que la acompañaba, más se notaba el bajonazo ocasional en los ciclos con la pérdida relativa de bienestar. Tan grave resultó aquello que le nacieron desafíos intelectuales a la libre empresa, que por su naturaleza choca con ese otro impulso humano que incita a ser solidario. Por sus pretensiones filosóficas y sus desoladoras consecuencias prácticas, el reto más pernicioso resultó ser aquel que preconiza que todo sea de todos. La respuesta al marxismo de la teoría económica democrática, Keynes y sus seguidores, se concentró en inventar y darle entidad racional a instrumentos discrecionales del Estado para eliminar los ciclos. Otros, poco escuchados, como Ludwig von Mises, insistieron, sin embargo, en que los ciclos son necesarios porque limpian el detrito inevitable en el sistema de libre empresa. Roña que es imprescindible eliminar. Keynes funcionó a las mil maravillas durante medio siglo. En los gozosos del estímulo a la demanda agregada durante los rellanos del ciclo (llámense estímulos a la producción o al consumo, lo mismo da) se desbordó la sostenibilidad a largo plazo. Se acumuló deuda pública y privada desproporcionada con respecto a lo que se produce en cada periodo (PBI). Toda deuda tiene su contrapartida de ahorro ajeno. Cuando el ahorrador se rebela, ni siquiera el Estado, como no sea en la esclavitud, puede inducirlo a seguir ahorrando para que otros consuman (a deuda) y mucho menos si el ahorrador, física o virtualmente, vive en el extranjero. Ahí está Obama, con útiles rotos en la frontera de lo viable dentro del credo keynesiano. Tampoco sus adversarios tienen respuestas, por lo menos no soluciones inmediatas al desempleo, pero no son ellos los que disponen de los instrumentos supuestamente discrecionales. La reelección sería, en cambio, quizá imaginable en Colombia, justamente porque las deudas pública y privada son modestas con respecto al PIB. rsegovia@axesat.comHELGON

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