La reforma de las funciones económicas del Estado

Las grandes haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima que se apoyaban en arrendatarios bajo duras condiciones de trabajo y faltos de libertad no resistieron los vientos del cambio que surgían del empuje capitalista. Eran poco productivas, pues sus dependientes no contaban con educación alguna y eran sometidos a relaciones de servidumbre, de las cuales se rebelaron con éxito en los años treinta.

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mayo 15 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-15

La finca cafetera en la región antioqueña fue un modelo productivo integrado que combinaba cultivos de pan coger, gallinas y cerdos, y otros productos que se podían mercadear, de tal modo que dio lugar a un próspero campesinado que era relativamente educado y que adquirió manufacturas producidas en los incipientes centros industriales o importadas. El café era un artículo que resistía los altos costos de transporte del país, que también comenzaron a hacerse más razonables con las conexiones que se establecían desde los centros productores del grano con el río Magdalena, ya fuera por carretera, ferrocarril o incluso por el cable aéreo entre Manizales y La Dorada. Los precios que se recibían en el mercado de Nueva York eran por lo general altos y se conservaron a niveles apropiados hasta la Gran Depresión. Pero aún durante la década de los treinta, el bajo precio del café fue contrarrestado por el mayor volumen que logró Colombia en el mercado internacional, a costa del Brasil que persiguió una política de destruir sus inventarios para hacer que el precio no continuara bajando. La devaluación del peso también favoreció el ingreso de todos los cafeteros. Los grandes productores se agrupaban alrededor de la Sociedad de Agricultores Colombianos (SAC) y ella le sirvió para organizarse política y gremialmente. Con el rápido crecimiento de sus exportaciones y de su poder económico, sintieron la necesidad de fundar su propia organización, la Federación de Cafeteros de Colombia, Fedecafe, que logró ejercer una gran influencia sobre los gobiernos de turno. La federación logró que el Gobierno aprobara impuestos y retenciones a las exportaciones de café que sirvieron para financiar los inventarios y regular el mercado para los suaves colombianos y también para pagar por la diplomacia cafetera. A la vez, lograron que esos impuestos no entraran al cofre común y beneficiaran a todos los ciudadanos colombianos, sino que fueran ejecutadas a la Federación en educación e investigación y por los comités departamentales de cafeteros que los aplicaron a vías y salubridad en las regiones donde se cultivaba el grano. De esta manera, los contribuyentes cafeteros recibían de vuelta buena parte de los impuestos que le habían abonado al Gobierno; el resto del país seguía dependiendo de unas administraciones locales muy precarias y un gasto esquivo por parte del Gobierno Nacional que siguió siendo muy pequeño en su participación en el producto nacional. La Federación también logró una influencia importante en las decisiones políticas fundamentales donde predominaron antioqueños y la escuela de Manizales, como se le conoció, tuvo varios ministros de Hacienda y dejó su marca en el Banco de la República y en otras instituciones financieras del país. Otro producto de exportación importante para el desarrollo económico de una región del país fue el banano que se comenzó a plantar entre Santa Marta y Fundación y que en 1895 exportaba unos 156.000 racimos al año. En 1905 ya se alcanzaron 865.000 racimos y 5 millones en 1914, poco antes que estallara la Primera Guerra Mundial. El punto máximo alcanzado fue 1930, cuando se exportaron 11 millones de racimos para entrar en una etapa de decadencia, casi desapareciendo durante la Segunda Guerra Mundial, para después dar lugar a una nueva zona bananera en el Urabá antioqueño que fue la que revivió el cultivo durante la segunda mitad del siglo XX. La United Fruit Company montó un enclave en la región en la que se integró verticalmente, como lo hacía como multinacional en varios países centroamericanos y caribeños: administraba la plantación, la cosecha, el transporte interno dentro de lo que se llamó la ‘zona bananera’, construyó su ferrocarril entre Fundación y Santa Marta, y contaba con su propia flota de barcos para sacar el banano y llevarlos a Estados Unidos y a Europa. También integraba a su administración a la clase política local, a prestantes políticos y abogados nacionales, a los regimientos del Ejército y al cuerpo de policía. En 1928 enfrentó una huelga que fue disuelta violentamente por el Ejército, causando un número indeterminado de muertos que la fértil imaginación de Gabriel García Márquez llevó a 5.000. La consecuencia del conflicto fue despertar una fuerte ola nacionalista que capitalizó Jorge Eliécer Gaitán; cuando la empresa fuera enfrentada por otra huelga en 1934, ahora apoyada por el Gobierno liberal, comenzó a retirarse de la producción, vendiendo sus tierras y dejándolas en manos de empresarios locales. Estos fueron entrenados y se les impuso una rigurosa disciplina sobre la calidad, madurez y tiempos de entrega del banano. La empresa trazó una estrategia caribeña de disminuir los riesgos políticos de huelgas y políticas nacionalistas mediante el recurso de conservar la distribución internacional e imponer precios con bajo margen de utilidad para los productores locales (Bucheli, 2005). Estos eventualmente se organizaron como gremio y buscaron fuentes alternativas de distribución del banano, pero eso fue más hacia la segunda parte del siglo XX. La decadencia del banano posterior ha sido analizada por Adolfo Meisel, quien aduce que la preeminencia del café que, por lo general, obtuvo precios buenos durante buena parte del siglo XX, al lado de unas políticas comerciales que reprimieron las importaciones y que causaron una revaluación del peso en términos reales entre 1936 y 1956, desplazaron al banano y reprimieron en general las posibilidades de exportación de la costa caribe. Esto a su vez condujo al empobrecimiento relativo de los departamentos de esta región que perdieron mucho terreno frente a la región antioqueña, al valle del Cauca y al centro del país. (Meisel, 1998) LA GRAN DEPRESIÓN, INDUSTRIALIZACIÓN Y SECTOR FINANCIERO El andamiaje del Banco de la República basado en el libre mercado y en el patrón oro sería transformado por la crisis de 1929 que obligó a rediseñar cada uno de los instrumentos de intervención del banco central. '' La nueva zona bananera en el Urabá antioqueño fue la que revivió el cultivo durante la segunda mitad del siglo XX.” '' La United Fruit Company en 1928 enfrentó una huelga que fue disuelta violentamente por el Ejército.” '' El banano se comenzó a plantar Entre Santa Marta y Fundación y que en 1895 exportaba unos 156.000 racimos al año.WILABR

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