Reforma laboral en Colombia es urgente y se requieren políticas estructuradas, dice Fedesarrollo

Sacar del hueco en que se encuentran el mercado laboral colombiano exige una labor titánica. Un estudio señala que es urgente insistir en bajar los costos de la nómina.

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abril 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-30

"Me despidieron" o "No encuentro empleo" son dos de las frases más comunes en los últimos tiempos, entre los ciudadanos que dependen de un ingreso laboral para sostener a sus familias. Hace más de una década, Colombia no ha logrado bajar los índices de desempleo a un solo dígito, por lo tanto, la situación no se puede escudar en la reciente crisis económica global que desaceleró la economía colombiana.

Poner en orden el mercado laboral actual será uno de los retos más difíciles para el próximo gobierno, porque el panorama no podía ser peor: desempleo de 11,8 por ciento, según los datos revelados por el Dane el viernes pasado; informalidad del 58 por ciento y con tendencia creciente; 35 por ciento de colombianos en las zonas urbanas ganando menos de un salario mínimo mensual; pobreza y desigualdad de oportunidades en las áreas rurales.

Además, el sistema pensional está desfinanciado, porque no se logra equilibrio entre las cifras que requieren los beneficiarios para el pago de sus mesadas, y los recursos que suman los aportantes, ya sean empleados formales o informales.

El fenómeno no se le puede atribuir a la desaceleración económica que acaba de vivir el país, porque la realidad ha demostrado que, inclusive en el 2007, cuando la economía creció en 7,5 por ciento, el desempleo se mantuvo en 11,2 por ciento. Tampoco se debe a la sobreoferta de mano de obra, generada en parte por el ingreso de la mujer al mercado laboral.

Buscar esas causas y las posibles soluciones son los objetivos del análisis realizado por Roberto Steiner, director de Fedesarrollo, para orientar el debate con los candidatos presidenciales, convocado para hoy en la Cámara de Comercio de Bogotá.

La escasa generación de empleo y las precarias condiciones salariales y de seguridad social que tienen la mayoría de los empleados en los puestos de trabajo informal, que son los que logran bajar tímidamente las cifras de desempleo en algunas épocas, sólo conducen a un destino: la imposibilidad de reducir los índices de pobreza y, por consiguiente, de impulsar la economía del país.

¿El Iva del trabajo?

Pero, ¿qué es lo que frena la generación de empleos dignos? Steiner señala que el desempleo y la informalidad están íntimamente ligados a las equivocadas decisiones tomadas con respecto al mercado laboral y de la financiación de la política social.

"Generar empleo formal es costoso en el país, los impuestos al trabajo (o costos no salariales) han subido 14 puntos porcentuales desde 1994, un monto similar a la tarifa del Impuesto al Valor Agregado (IVA). A la par, están las medidas que han abaratado el costo de uso del capital, que han desincentivado la generación de empleo formal".

Los costos no salariales, como los impuestos a la nómina para financiar entidades como el Sena, el Icbf y las cajas de compensación familiar, frenan tanto la oferta como la demanda laboral, porque el empleador prefiere aumentar las horas de trabajo con tal de no contratar nuevo personal para evitarse así los sobrecostos.

A su vez, el trabajador también puede sentirse más cómodo y beneficiado con la informalidad: horario flexible, ganancias abiertas, entre otras. El problema es que esta modalidad es promotora de estancamiento en muchos aspectos, pues el independiente elige no cotizar a un sistema de salud y pensiones.

Adicionalmente, sus contribuciones tributarias, que son las que hacen que el Estado tenga más recursos para invertir, también serán menores. Por todas esas razones, la situación que se desata alrededor del mercado laboral es grave.

Hasta el momento, el único tipo de empleo que ha aumentado es aquel que hace la persona por cuenta propia en situación de exclusión, es decir, no elige ser independiente sino que no encuentra otra alternativa. Según el investigador, "para el último trimestre del 2009, el 59,7 por ciento de la población ocupada informalmente, se encontraba clasificada en el rango de 'por cuenta propia', y el incremento de esta categoría laboral, en el último año, ha sido del 8 por ciento", dice el informe de Steiner.

De esa gente que consigue sus ingresos al partir del rebusque, el 48 por ciento pertenece a los estratos 1 y 2, por lo que, en su mayoría, tienen escolaridad menor y desprotección social evidente: incapacidad para pagar un seguro de salud o cotizar a pensión para tener con qué sostenerse en su vejez; baja capacidad de compra para ayudar a dinamizar el comercio, entre otras.

Por ejemplo, en el 2006, el 73 por ciento de los trabajadores por cuenta propia, no cotizaba a salud y en el 2008, el 84 por ciento de los mismos estaba fuera del sistema de pensiones.

Para reflexionar

* La informalidad laboral ni siquiera debería sumarse a las estadísticas de empleo, porque se trata de un proceso de exclusión del ciudadano.

* Un ejercicio realizado por Fedesarrollo permitió calcular que aumentar en diez puntos los costos no salariales incrementa la tasa de desempleo de los pobres en 4 puntos porcentuales.

* Los mayores impactos de la situación negativa del mercado laboral recaen sobre los trabajadores de hogares de menores recursos. En 1995, un poco menos del 50 por ciento de la población en pobreza extrema era trabajador por cuenta propia.