Reforma monetaria en Venezuela

Reforma monetaria en Venezuela

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noviembre 09 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-09

Por Ramón Javier Mesa Callejas* Director, Centro de Investigaciones y Consultorías de la F. de Ciencias Económicas, U. de Antioquia. A partir del primero de enero de 2008, Venezuela comienza un proceso de reforma monetaria que va a conducir a la eliminación de tres ceros al bolívar mediante la creación del bolívar fuerte. Básicamente, la justificación oficial de la reforma está basada a partir de los siguientes hechos: (I) reducir definitivamente la inflación y fortalecer la competitividad del bolívar frente al resto de monedas del mundo; (II) aislar los escenarios devaluacionistas del bolívar y (III) crear una moneda con una paridad cercana a las grandes monedas internacionales. En general, las experiencias muestran que la razón principal por la cual un país decide cambiar su moneda es la pérdida de poder adquisitivo de ésta, los altos intereses y la fuerte depreciación frente a otras monedas en el mundo. Todo esto impulsado por desequilibrios macroeconómicos severos que llevan a que los agentes domésticos pierdan confianza en su moneda, por la dificultad y poca fluidez para el intercambio comercial y por la necesidad de proteger sus patrimonios. Esto lleva a que al ver disminuido el valor económico y simbólico de su moneda, es altamente probable que empiecen a usar otra moneda extranjera, particularmente aquellas que son consideradas monedas fuertes. Esta situación hace que los gobiernos, en su afán por mantener uno de los símbolos más representativos del país, se vean obligados a recuperar el valor de la moneda nacional mediante su redenominación. COSTOS Y BENEFICIOS DE LA REFORMA MONETARIA Son varios los efectos que trae consigo la reforma monetaria en Venezuela, por ejemplo, el cambio en la unidad monetaria genera ciertos inconvenientes a la hora de adaptar a los agentes al uso de la nueva moneda, debido a la costumbre de la sociedad a manejar durante mucho tiempo una determinada moneda para efectuar sus transacciones. De otro lado, un costo inicial directo sería asumido por los empresarios, los cuales tendrían que incurrir en gastos para llevar a cabo la fijación de los nuevos precios, tales como el cambio en la papelería, en las etiquetas de los precios de los supermercados y restaurantes, y/o la adaptación de las máquinas registradoras de los establecimientos comerciales todo esto, sumado al costo de expresar los precios y facturas en las dos monedas vigentes (el bolívar y el bolívar fuerte). Del mismo modo, otros costos adicionales en los que tendrían que incurrir las empresas serían en la adaptación de los sistemas de información contable. Estos costos iniciales podrían generar un aumento en los precios de muchos productos, dependiendo del tamaño de la inversión que tengan que realizar los empresarios para adaptar sus negocios a los nuevos precios nominales; sin embargo, estos reajustes serían de carácter transitorio. De igual manera, se pueden generar reajustes al alza de los precios de algunos bienes y servicios debido a la especulación que genera el manejo de la moneda fraccionaria en la realización de las transacciones. Si bien el decreto ley de reconversión monetaria indica que toda fracción resultante de la reexpresión de la moneda que sea inferior a 0,5 céntimos será igual al céntimo inferior, mientras que aquella que sea superior a 0,5 céntimos será igual al céntimo superior; no es de extrañar que todos los ajustes se den hacia arriba. En efecto, mientras menor sea el precio de los bienes mayor será el aumento relativo de sus precios expresados en la nueva moneda, alentado en gran medida por la falta de costumbre en el manejo de bajas denominaciones que hacen que las variaciones de un céntimo o más en los precios de los bienes sean menos percibidas por los agentes. Esto sin duda afectará en mayor medida a las personas de bajos ingresos, que son las que adquieren la mayor cantidad de estos bienes. Con respecto a los aspectos positivos, uno de los beneficios más concretos es la simplificación de las cifras, con lo cual se facilitaría el manejo de los registros contables. Así mismo, una ventaja adicional se daría por el mayor uso de monedas de baja denominación en las transacciones cotidianas, permitiendo que disminuyan los gastos del Banco Central al tener que imprimir menos billetes y a una menor sustitución del dinero debido a la mayor duración de las monedas. PERSPECTIVAS PARA LA ECONOMÍA COLOMBIANA Analizar los probables efectos de la reforma monetaria de Venezuela sobre la economía colombiana exige tener una referencia sobre el contexto macroeconómico que hoy vive la economía del hermano país, sobre todo porque la motivación del cambio de la moneda sustentado por la necesidad de reducir la inflación, obliga a tener en cuenta los factores generadores de la misma. Al respecto, el carácter expansivo de la política monetaria y fiscal reflejada en el crecimiento persistente de la oferta monetaria y el aumento desproporcionado del gasto público, financiado a través de las utilidades cambiarias del Banco Central de Venezuela -BCV-, se han convertido en fuente permanente de inflación. Igualmente, del lado de la oferta, el aumento en los costos laborales indirectos (subsidios y contribuciones a la seguridad social), así como la regulación excesiva mediante la congelación de precios, cierre de empresas y multas, y la limitada capacidad de expansión de la oferta interna, han impulsado un mayor dinamismo sobre los precios internos. Junto a lo anterior, la brecha entre el crecimiento actual y la demanda interna cada vez más creciente han profundizado el déficit comercial sin petróleo. A esto se le suma el elevado precio de las importaciones, derivado en parte del mayor costo de acceder a las divisas a través del Cadivi -dependencia adscrita al BCV encargada del proceso de compra y venta de divisas. Esto ha traído como consecuencia un importante mercado negro de divisas, donde la diferencia entre el dólar oficial (hoy equivale a 2.150 bls por dólar) y el dólar de la calle supera los 4.000 bolívares. Sumado a este panorama, el aumento constante de las importaciones, la inestabilidad de las exportaciones de petróleo, la profundización del déficit comercial, así como las crecientes salidas de capital, han inducido pérdidas de reservas internacionales y han fomentado la pérdida de credibilidad del sistema cambiario. Ante lo anterior y como resultado de la caída en las reservas internacionales durante este año, cada vez se percibe una menor capacidad del BCV para mantener el tipo de cambio, elevando la probabilidad de una crisis cambiaria representada en una significativa devaluación del bolívar. Bajo este contexto, todo apunta a que si no se detiene la inflación como resultado del cambio de moneda, tendremos devaluación del bolívar fuerte para rato, lo cual podría conllevar en el futuro a una pérdida en la competitividad de nuestros exportadores, afectando de manera desfavorable el comercio binacional. Hasta el momento, el proceso de reforma monetaria parece estar condenado al fracaso, en vista de que no se han anunciados otros cambios significativos, en especial, algunas reformas que apunten a la racionalización del gasto público, la flexibilización salarial y la aplicación de reformas estructurales, entre otras. No obstante hay que señalar que en los últimos años, a pesar del fuerte proceso de apreciación del peso y la rápida expansión del PIB en Venezuela, han convertido al hermano país en el principal destino de las exportaciones colombianas. De ahí que sea posible afirmar que, mientras la economía venezolana siga en ese importante ritmo de expansión de la actividad económica, se puedan amortiguar, por lo menos transitoriamente, los efectos adversos de la devaluación del bolívar. Sin embargo, no se puede desconocer que la concentración paulatina de las ventas hacia ese país terminara por generar un mayor nivel de exposición comercial, derivado por la posibilidad abierta de una crisis económica y política de mayores proporciones. En suma, el panorama macro de Venezuela resulta complejo y el remedio de introducir una nueva moneda podría resultar peor que la enfermedad, sobre todo por el carácter populista de la política económica, donde los masivos subsidios, los bajos costos financieros, el fuerte crecimiento del gasto público financiado por las utilidades del petróleo y las pocas posibilidades de aplicar reformas estructurales importantes que permitan reducir la dependencia exportadora y diversificar las exportaciones no petroleras, podrían conducir a un deterioro significativo de la actividad económica, a menos que los ingresos del petróleo, de seguir creciendo, sigan mostrando una falsa solidez de la economía venezolana. *Mónica Alexandra Gómez Ospina, estudiante en formación del grupo de macroeconomía aplicada de la Universidad de Antioquia. Las experiencias muestran que la razón principal por la cual un país decide cambiar su moneda es la pérdida de poder adquisitivo de ésta”.

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