La reforma política

La reforma política

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mayo 07 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-07

Las reformas constitucionales que operaron para cambiarle el carácter fundamental a la carta de 1886 fueron ensayadas durante la administración de Rafael Reyes (1905-1909).

Reyes fue escogido como candidato de una amplia coalición precisamente por no haber participado en la contienda y por tener una visión de empresario moderno, ansioso de ver progresar a la sociedad colombiana.

Su talante conciliador se manifestó primero con una regla política improvisada que consistía en otorgar un tercio de su gabinete a los liberales más pacifistas, lo cual le prestó credibilidad a su intención de lograr una paz perdurable.

En 1905 Reyes desbandó el Congreso conservador y llamó una asamblea constituyente ad hoc que implementó la nueva regla, el "voto incompleto", que fue aplicada a las elecciones parlamentarias en similar proporción, 1/3 para la minoría, 2/3 para la mayoría.

El Partido Liberal había demandado durante la guerra su participación limitada en el gobierno y éste sectarizado la desdeñó; en la nueva situación, el Partido Liberal entendió que participando en las elecciones ganaba una representación apreciable y, más aún, que si el Partido Conservador se dividía, como en efecto lo haría en 1929, tendría una verdadera oportunidad de ejercer el poder presidencial.

La gestión de Reyes fue bastante controversial, pero progresiva en fin de cuentas, concentrada en la reconstrucción del país, la eliminación de buena parte del exceso de medios de pago impresos por el Gobierno durante la guerra, un plan de construcción de infraestructuras, que incluyeron carreteras para el incipiente automóvil y el camión de carga, electricidad, acueductos y alcantarillas, servicios muy racionados en las pocas ciudades del país.

Durante los cinco años de su gobierno se fomentaron algunas industrias - entre ellas, la Colombiana de Tejidos, luego Coltejer, y la fábrica de cemento Cementos Samper -a la vez que se consolidaron otras. Se concedieron subsidios a la exportación y se buscó equilibrar la balanza comercial, para lo cual decretó una serie de medidas proteccionistas, como también un impuesto al consumo del tabaco.

También intentó atraer la inversión extranjera, invitando la incorporación de la United Fruit Company a la producción de banano en la región de Santa Marta y comenzaron a entrar firmas petroleras a hacer prospectiva.

El modelo que Reyes quería imitar fue el régimen modernista conservador de Porfirio Díaz de México que ya llevaba 25 años en el poder y había logrado dotar al país de un orden arbitrario, pero estable que, había construido una red ferroviaria moderna que habían favorecido un rápido desarrollo económico.

En 1909 Reyes volvió a organizar una asamblea constituyente con el fin de perpetuarse de manera indefinida en el poder, pero el rechazo de todos los partidos y facciones lo llevó a abandonar la presidencia.

El compromiso de los conservadores republicanos con los liberales fue de compartir el poder con ellos para disipar el faccionalismo, la sedición y la represión gubernamental, compromiso que se tornó creíble y permanente con las reformas constitucionales que se lograron aprobar en 1910, cuando el gobierno de la Unión Republicana de Carlos E. Restrepo convocó una asamblea constituyente bipartidista para reforzar en el tiempo la nueva regla electoral que permitía compartir el poder. El carácter bipartidista de las reformas significó que un serio consenso las respaldaba, lo que le prestó legitimidad y permanencia a la Constitución así reformada hasta que fuera derogada en 1991.

Las reformas de 1910 a la Constitución de 1886 fueron en verdad de alta cirugía, algo de lo cual se tiene poca conciencia en el país: se introdujo la elección popular sin condiciones de riqueza o alfabetismo para todas las justas electorales, abandonando su elección indirecta que había sido amañada por los gobiernos conservadores; se acortó el período de presidente y senadores de 6 a 4 años, claro golpe contra la presidencia fuertísima que había impuesto Caro.

En términos generales, se debilitó el poder ejecutivo y se fortaleció el legislativo que podía funcionar anualmente sin ser convocado por el presidente. El Congreso también hacía el control político de la Constitución que no podía ser incumplida por el ejecutivo, como se le permitía hacer en la de 1886; más importante aún, el Congreso seleccionaban los miembros de la Corte Suprema de Justicia que había sido función presidencial anteriormente. De ésta manera, también el sistema de justicia se fortaleció y se volvió más independiente de la presidencia.

El sistema electoral dependió de aquí en delante de un poder judicial más autónomo, trazó reglas contra el fraude y adoptó finalmente una propuesta del liberal Rafael Uribe Uribe de que existiera una cédula de ciudadanía como documento básico electoral, lo cual había sido función de los partidos con todo el riesgo moral que implicaba.

En balance, se puede afirmar como lo expresara Christopher Abel, "los republicanos lograron... dejar una marca indeleble en la política colombiana: revivieron e institucionalizaron la práctica de acomodar los partidos de oposición y demostraron que con el apoyo unido de la clase alta un sistema presidencial-congresional es una garantía contra la tiranía individual y faccional". (Abel, 1987).

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