La reforma tributaria

La reforma se justifica siempre y cuando la progresividad y la equidad mejoren.

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agosto 02 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-02

Muy pronto comenzarán las discusiones de la reforma tributaria al interior del Congreso de la República. Esta ha sido ampliamente debatida en los medios de comunicación y sus críticas apuntan más a la aplicación de algunos mecanismos que a la concepción general del proyecto. Es una lástima no contar con estudios completos sobre la incidencia del actual sistema tributario para tener un punto de partida en el análisis. Sin embargo, uno puede analizar la disyuntiva causada por los costos que acarrea un cambio en la tasa marginal impositiva y el beneficio social de una mejor distribución del ingreso. Por ejemplo, el impuesto sobre la renta acarrea el costo de desincentivar la inversión, pero simultáneamente puede ayudar a mejorar la equidad. En este caso se dice que el impuesto es ineficiente pero progresivo. Esto último, también es cierto si el recaudo se utiliza en gasto social eficiente y focalizado. Revisemos algunos temas. ¿POR QUÉ ES BUENA LA REFORMA? En primer lugar, la reducción en el impuesto sobre la renta apunta a incentivar la inversión, y con esto, se espera aumentar el nivel actual del crecimiento económico, que es pobre comparado con el promedio de las economías en desarrollo (al igual que los dos años anteriores, la ONU espera un crecimiento para estas economías por encima del 6 por ciento durante 2006). En un país con los problemas de seguridad que aún enfrentamos y una tasa impositiva del 38,5 por ciento se puede afirmar que los empresarios pueden ver está combinación como letal para sus intereses. Como mínimo, la tasa actual es una barrera de entrada para los negocios, las inversiones y la competencia internacional. Vimos cómo los tigres asiáticos, en su época, con tasas impositivas que son en promedio la mitad de las que actualmente existen en Colombia fueron y son unos polos de atracción para la inversión extranjera; el resultado, tasas de crecimiento sostenido por encima del 8 por ciento. Y ni qué hablar de países como Irlanda que redujeron la tasa del impuesto sobre la renta de las empresas al 12,5 por ciento, demostrando que en Europa también se puede crecer por encima del 12 por ciento. Los países en transición también han escogido está fórmula y quienes no lo hicieron son los países rezagados de la antigua cortina de hierro. En segundo lugar, la reforma introduce una ampliación de la base gravable del IVA. Su principal impacto será reducir extraordinariamente la evasión haciendo caso a la experiencia chilena. Este cambio ha sido ampliamente criticado por sus efectos sobre equidad. Sin embargo, la reforma contempla un mecanismo de devolución del impuesto para los estratos más pobres del país que garantiza la progresividad, pero que también ha sido criticado por ser un mecanismo complicado. Quienes han estado en la función pública implementando políticas y ejecutando programas de gran envergadura saben que es posible, con dedicación y esfuerzo, hacerlo y hacerlo bien, es decir garantizando que los beneficios lleguen realmente a los más pobres. La devolución será al mismo tiempo una política social de enorme impacto, por las siguientes razones: I) Porque las familias indigentes no pagarán IVA; quienes conozcan en vivo y en directo la pobreza, saben que éstos compran la leche de cantinas, el arroz de bultos, y en fin, en sitios informales donde el recaudo no llegará nunca. Los menos pobres y las familias de estratos medios sí tendrán que hacer los pagos, pero especialmente los estratos más altos de la población serán quienes hagan las mayores contribuciones para financiar las devoluciones. II) Porque la devolución corresponde a aproximadamente la cuarta parte de la línea de indigencia, e incluso es mayor al subsidio de Familias en Acción en el componente de educación primaria. III) Porque se va a bancarizar a todos los pobres del país. Para que esto último sea útil en términos sociales, se requieren cuentas exentas del cuatro por mil y de cobros por parte del sistema financiero. Además, la devolución debería ser complementada utilizando condicionalidades como las de Familias en Acción (entregar los pagos a las mujeres, exigir la asistencia escolar, etc.). El requisito obvio para que la política funcione es un sistema de información eficiente, actualizado (la reforma debe incluir actualizaciones del Sisbén cada dos años), y centralizado para evitar la corrupción local; sin esto las críticas se volverán realidad. Otro tema de gran importancia es la eliminación de exenciones a los asalariados sobre la retención en la fuente y los aportes a cuentas AFC y fondos de pensiones voluntarias. Los empleados del sector público se verán afectados con esta medida e intentarán atajar esta iniciativa a través de los sindicatos; para eso existen. Es una lástima que no se haya pensado en eliminar otras exenciones con mayores distorsiones y al mismo tiempo se esté pensando en subsidiar a los ‘perjudicados’ del TLC. ¿QUÉ HIZO FALTA? La reforma no toca el tema de los impuestos locales. Es posible, que el Gobierno este pensando en incorporarlo en la reforma a las transferencias, pero es políticamente más viable y técnicamente más coherente hacerlo en la tributaria. De cualquier forma, el impuesto predial debe aumentar las tarifas mínimas, proveer al Igac de recursos locales para hacer las actualizaciones catastrales y avanzar hacia la definición de un impuesto a la tierra que evite su tenencia especulativa y promueva su aprovechamiento. De esto se ha hablado desde la administración López Pumarejo pero la oposición de congresistas-terratenientes nunca le ha dado viabilidad. Si las entidades territoriales no cuentan con mecanismos que modernicen sus sistemas de recaudo e incrementen sus ingresos, los gobiernos locales, salvo algunas excepciones, seguirán siendo ventanillas de pago del Gobierno central sin responsabilidades ni competencias reales. ¿EN QUÉ SE DEBE UTILIZAR? No sugiero utilizar rentas de destinación específica. No obstante, el tema social y en especial la pobreza requiere gran atención. La Misión para el Diseño de una Estrategia para la Reducción de la Pobreza y la Desigualdad (Merpd) entregó recientemente sus resultados. El Gobierno escogerá aquellas propuestas que sean técnica, política y financieramente viables. Por ejemplo, se avanza en la implementación de un programa contra la extrema pobreza que atienda integralmente a esas familias, que trabaje de la mano con los gobiernos locales y que les haga un seguimiento a los logros en aprovechamiento de estas oportunidades (educación, salud, nutrición, empleo, identificación, etc.) por parte de las personas que integran el núcleo familiar. La experiencia de Chile nos indica que las políticas de este tipo pueden ‘sacar de la pobreza al 80 por ciento de la población atendida’ en un lapso no mayor a cinco años. Aunque este programa va a mejorar sustancialmente la focalización del gasto social, se requerirán recursos adicionales, para ampliar la cobertura de subsidios condicionados, los cuales pueden conseguirse a través de la reforma tributaria. Como toda reforma habrá grupos beneficiados y grupos perjudicados. Claramente se introducen mecanismos para mejorar la progresividad del sistema tributario e incentivar la inversión, pero quedaron por fuera temas que podrían mejorar aún más la estructura tributaria. Si el Gobierno decide utilizar algunos recursos en la reducción de la pobreza y la desigualdad indudablemente los colombianos entenderán que sus impuestos no están en el lugar equivocado y la política fiscal, como un todo (ingresos y gastos), será más progresiva. El Gobierno tiene entonces un gran reto. El principal será desvirtuar a los grupos poderosos que prefieren políticas ineficientes como el sistema tributario que pretende cambiar. El Ministro de Hacienda se la juega toda para que en el camino, como frecuentemente sucede, no salga algo peor que la actual estructura tributaria y para que en los próximos cuatro años no se necesite otra reforma. Sólo si la progresividad y la equidad mejoran la reforma será justificada. "El Gobierno tiene entonces un gran reto. El principal será desvirtuar a los grupos poderosos que prefieren políticas ineficientes como el sistema tributario que pretende cambiar”."Claramente se introducen mecanismos para mejorar la progresividad del sistema tributario e incentivar la inversión, pero quedaron por fuera temas que podrían mejorar aún más la estructura tributaria”.Jairo Núñez Méndez . Profesor Investigador Universidad de los Andes

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