Reforma tributaria: en la dirección adecuada

El tema de los impuestos siempre es polémico aun mucho antes que hubiese ciencia económica. Genera inconformidades, tanto por quienes pagan como por quienes reciben el beneficio de esos recaudos.(VER GRAFICO)

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agosto 08 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-08

La temática y discusión del tema es muy amplia. Comentaré aquí tan sólo cuatro aspectos de la actual reforma que se debate: su impacto en competitividad, crecimiento y empleo, y su equidad en esta entrega. Su simplicidad y su nivel de recaudo en una próxima entrega. La competitividad, el crecimiento y el empleo se verán afectados seriamente por la entrada de más países de nuestro continente al TLC si mantenemos la tasa de 38 por ciento de impuesto a la renta sobre las utilidades de las empresas. Esta tasa fue el producto de un momento coyuntural de nuestra economía, cuando en la segunda mitad de los 90 y principios del 2000 el riesgo país se incrementó tanto y la demanda por inversión bajó tanto (niveles inferiores a 15 por ciento respecto al PIB) que se produjo una inelasticidad de la inversión respecto a la tasa impositiva, tal que lo racionalmente económico era subir la tasa ya que tasas bajas o altas darían el mismo resultado de inversión, pero una tasa impositiva alta resultaba en un mayor recaudo de impuestos, que una tasa baja. Una vez mejorado el riesgo país, se volvió al rango elástico de la relación impuestos-recaudo, siendo necesario corregirla a costa de la simplicidad: rebajar en 30 por ciento el impuesto a la renta para aquellas empresas que reinvertían sus utilidades, de manera que el impuesto final a pagar por renta podía quedar en 26,6 por ciento, cifra ésta más parecida a la que tienen otros países de la región y otras economías del mundo. La exención fue acertada: en el 2005 la proporción de inversión respecto al PIB fue de 22 por ciento, nivel éste que sólo lo hemos tenido 3 veces después de la II Guerra Mundial. El acierto se basa en un fundamento sencillo: en general invierto en donde gane proporcionalmente más por peso invertido, riesgos iguales. Siendo Colombia un país de alto riesgo para invertir respecto a decenas de países en el resto del mundo, incluyendo a nuestros vecinos de región, con más razón había que mejorar la rentabilidad de la inversión después de impuestos. Adicionalmente se mejoró el riesgo-país con la política de Seguridad Democrática. La reforma que se debate propone gradualmente llevar este impuesto al 32 por ciento. Cabe preguntarse: ¿si la situación actual produjo muy buenos resultados, por qué no dejar las cosas como están, 38 por ciento y la exención? Daría dos explicaciones: una, entre menos reglamentación, mejor para el inversionista y menos costos para la Dian. De otra parte, y más importante, la inversión se hace para obtener utilidades, y para ganarse esos 11,4 puntos de impuestos es necesario sacrificar todas las utilidades. Esto es sostenible por un corto tiempo pero no en el largo plazo, además tiene efectos negativos sobre la buena marcha del negocio bursátil. Lo otro es reconocer que el TLC añade grados de competencia aun a los sectores con alto poder monopólico. Una exención de 20 por ciento a la nueva tasa de 32 por ciento dejaría la tasa impositiva en 25 por ciento, la cual podría aplicarse para aquellos casos en que fuese necesario equiparar la menor competitividad de algunos de nuestros sectores productivos con los de las economías de los países del cono sur y otros países, mucho más alejados que Colombia de los mercados de Norte América, Europa y Asia. Quienes se preocupan por la equidad critican la disminución propuesta porque se pierde progresividad y por lo tanto equidad. Este es un argumento falaz Una alta tasa impositiva de renta per se no implica mayor equidad. Sí me parece que se podría establecer una tasa diferencial entre la tasa promedio y una tasa (mayor) que capte el poder monopólico y las utilidades extraordinarias que puedan generar algunas empresas, diferencial que estaría reflejando no un mayor castigo por ganar más, sino el reconocimiento social compensatorio del privilegio de operar bajo condiciones menos competitivas. Opino que esa tasa no debería ser nunca superior al 38 por ciento y preferentemente menor para reflejar el mayor grado de apertura de la economía debido al TLC. Determinar esa tasa es una tarea para los expertos en la materia del Ministerio de Hacienda. Consecuentemente, opino que para las mipymes y pymes la tasa debería ser de 25 por ciento durante un período suficiente de tiempo (p.ej. 10-15 años) y mientras pertenezcan en esa categoría, como un reconocimiento social del Estado al esfuerzo empresarial de esos inversionistas. El límite de tiempo del privilegio implica reconocer que se otorga para el propósito de consolidar la empresa durante ese período. Quienes no lo logren pasarán a pagar 32 por ciento, como un reconocimiento al hecho que no se dieron las circunstancias o no se aprovechó la oportunidad privilegiada para consolidar la empresa. Quienes lo logren, estarán generando suficiente volumen de ventas, utilidades y tendrán suficiente acumulación de capital para que el 32 por ciento sea el aporte social normal a las necesidades de recursos de la economía pública. Se debaten también los niveles y estructura de las tasas impositivas del impuesto de renta a los asalariados. Se crítica que el nivel de renta mensual de 2’836.000 pesos, sobre el cual empezarían a pagar impuestos los asalariados va en contra de seguir ampliando la base de tributación, que muchos consideran es angosta en Colombia, es decir, bajar ese nivel para incluir más asalariados que aporten impuesto a la renta, (tendencia que tuvo la administración anterior de la Dian). Se ha preferido cobrarle impuestos a ese grupo de asalariados a través del IVA a los consumos de ese grupo social. Se sabe que el impuesto a la renta no es lo más confiable para determinar la capacidad de pago del contribuyente. Así, el IVA se constituye en un pago indirecto de renta. Además, en un ejercicio de beneficio-costo (B/C) para la Dian entre los dos tipos de impuestos, la elusión y la evasión en IVA son muy inferiores respecto al impuesto de renta, de manera que el IVA resulta ser un impuesto de mayor certeza de recaudo que el de renta; y desde el punto de vista de los costos de administración del impuesto, el del IVA debe ser menos costoso. El rango de rentas exentas es muy amplio, entre 0 y 7 salarios mínimos mensuales actuales (Smma), mezclando grupos sociales que están por debajo y por encima de la línea de pobreza. El principio de la solución al problema me parece acertado. Devolverle ingresos a los grupos por debajo de la línea de pobreza. El cómo identificar ese grupo es un problema habida cuenta que los registros del Sisben no son confiables para identificar ese grupo de pobreza. La implementación de la reforma se podría demorar mientras se resuelve el problema del Sisben, y aplicarla parcialmente en lo que se está de acuerdo va en contra de su filosofía de reforma integral. Tener tan sólo dos rangos de tarifas, 15 por ciento para 7 a 20 Smma, y 33 por ciento para más de 20 Smma, logra simplicidad con progresividad. Es importante en el concepto de equidad reconocer que estos grupos de mayor ingreso estarán pagando tanto renta (directa) como IVA (indirecto) sin devolución, ya que les caerían todas las tarifas de IVA de acuerdo a sus gustos y niveles de consumo. Sin embargo, rangos tan separados de una escala impositiva a otra pueden crear problemas de elusión en contra de la simplicidad buscada. Tema a tratar en otra entrega. "Es importante reconocer que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, TLC, añade grados de competencia aun a los sectores con alto poder monopólico”.Consultor y Profesor Universitario. "Quienes se preocupan por la equidad critican la disminución propuesta porque se pierde progresividad y por lo tanto equidad. Este es un argumento falaz”.

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