La ‘reformita’ al FMI

Con el voto del 92,93 por ciento de los 185 estados socios, el Fondo Monetario Internacional acaba de modificar la estructura de votación.

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mayo 06 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-06

El director-gerente, Dominique Strauss-Kahn, consiguió que el 2,7 por ciento de votos que estaban en poder de Reino Unido, Francia, Canadá y Rusia, pasen a India, China, Brasil y Corea del Sur: así los países ricos quedan con el 57,9 por ciento y los países en desarrollo llegan al 42,1 por ciento de votos. Se acordó una revisión de esta proporción cada 5 años, pero queda intacta la capacidad de veto de los Estados Unidos, pues cualquier decisión requiere del 85 por ciento de votos, y como Estados Unidos mantiene el 16,5 por ciento de aportes, sin su concurso es imposible llegar a una decisión. Resulta claro que esta decisión, que había sido rechazada en el pasado, no modifica la estructura decisoria en lo fundamental y se acompaña de la venta de 400 toneladas de oro y de la supresión de 380 empleos, todo ello buscando reducir el déficit que afecta a la institución. El hecho de que Lula haya anticipado el pago de 15.500 millones de dólares, Kirchner haya adelantado el pago de 9.500 millones de dólares y Chávez haya prepagado 5.000 millones de dólares al Fondo, ha hecho que la institución deje de recibir los intereses que generarían dichas deudas, lo cual le ha creado dificultades para pagar su frondosa y bien remunerada nómina. Por ello, la comisión liderada por Meltzer y Sachs, ha recomendado que el FMI se dedique a conceder préstamos a corto plazo, pues si mantiene una política de préstamos a largo plazo, puede carecer de suficiente liquidez cuando aparezca una crisis de las dimensiones de la asiática, de finales de los años noventa. La reforma que acaba de aprobar el Fondo es una pálida y tardía respuesta a las crecientes criticas que recibe últimamente, por haberse convertido en agente cobrador de la deuda a favor de la banca privada, por repetir las críticas de la administración estadounidense a la política cambiaria de China, y por la asimetría con que trata a sus diferentes miembros. Mientras a los países pobres que enfrentan déficit fiscal o externo, el Fondo les exige aumentar los impuestos (sobre todo al consumo), a Estados Unidos le tolera que financie su déficit con la emisión de bonos que absorben el ahorro mundial, al mismo tiempo que rebaja los impuestos a las empresas y se niega a reducir el gasto militar. Resulta así evidente que el mundo termina financiando al improvidente fisco de su socio mayor, mientras a los países débiles se les obliga a adoptar ajustes draconianos como condición para acceder a nuevos préstamos. Además, está en cuestión la capacidad del Fondo para anticipar y solucionar las crisis: Un mes antes del colapso de Tailandia, el gerente del Fondo, Michel Camdessus, le envió una carta a sus autoridades elogiando el adecuado manejo macroeconómico; en 1997, el Fondo invitó a Menem como ejemplo de políticas adecuadas (a los tres años el país se colapsó), y Malasia sin el concurso del Fondo logró superar su crisis más rápido que los países que siguieron la receta de dicha institución. '' Con el voto del 92,93 por ciento de los 185 estados socios, el Fondo Monetario Internacional acaba de modifi- car la estructura de votación.WILABR

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