Reformita inoportuna

Ante el oscuro panorama de una recesión no aceptada, un crecimiento del desempleo vertiginoso, un hueco fiscal de más de 9 billones para 2009 y un sector real muy disminuido, el Mandatario anunció la presentación de una nueva reforma tributaria el pasado 20 de julio. Este es el peor momento económico de su Gobierno, con precarias mayorías parlamentarias y con el agravante de ser un año electoral para Congreso y Presidente. No veo a la bancada de Gobierno dándose la pela y menos gratis, pues sacarles los votos, sin presupuesto, notarías y puestos diplomáticos es una utopía. Basta revisar la legislatura terminada en la que el Ministro de Hacienda no fue capaz de sacar la reforma tributaria territorial, y ahora que tienen que tapar el hueco fiscal y dejar financiada la Seguridad Democrática sin prebendas y con la ley de garantías mucho menos.

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julio 23 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-23

Plantear una reforma tributaria para culminar un periodo presidencial y con condiciones adversas es retar al país, y de lograrlo, seguramente intentará redondear su tercer período dictatorial al creerlo financiado. Es una falta de respeto hacernos creer que justo ahora realizarán una reforma seria, cuando está lejos de ser la estructural que necesitamos y que nunca presentaron. Dicen que desmontarán las gabelas tributarias, que no darán más incentivos a los grandes capitales y multinacionales, pero ya el daño está hecho, pues el Gobierno se encargó de blindarlos durante este cuatrienio a través de normas que les otorgan estabilidad jurídica y tributaria, obstaculizando toda posibilidad de aumentarles o imponerles nuevos impuestos a los que se acogieron. El Gobierno no está hablando de impuestos territoriales, ni dejar una sola tarifa de IVA o una de Renta; no acaban el 4 x 1.000 ni racionalizan el estatuto tributario. Sólo propone ampliar la base para que sean más personas de la clase media y pensionados quienes se sacrifiquen para cubrir el exceso de populismo y el costo de la guerra. El problema de fondo es que quieren incorporar el impuesto al patrimonio en esta reforma improvisada, y de ahí los bandazos. Primero, anunciaron que quienes pagamos el impuesto al patrimonio quedaríamos exentos, perdiéndose así la progresividad del tributo; luego, basados en las palabras del doctor Luis Carlos Sarmiento en el sentido de que la seguridad es de todos y la deben pagar todos, el Gobierno asumió esta propuesta y le agregó el veneno de que fuera permanente; y en la última versión no oficial cambia nuevamente las reglas del juego quedando para capitales mínimos por definir de manera proporcional, pero, eso sí, permanente. A partir del 2011 el hueco del impuesto al patrimonio será de un billón de pesos por año, porque ya se hizo la inversión en infraestructura y dotación de fuerzas militares, así que la tarifa deberá ser menor y de manera transitoria, por máximo cuatro años y de carácter progresiva, el que más tenga más pague, empezando por los que han ganado y recibido los beneficios tributarios del Gobierno, como el sector financiero y las transnacionales. No podemos volver a la guerra un gasto ordinario con una deuda social inmensa reflejada en la falta de cobertura total en salud y educación, entre otros. Como se plantea, esta reformita incentiva el crecimiento de la evasión y la elusión, pues en momentos de crisis y desempleo lo primero que se deja de hacer es pagar impuestos, acrecentando el hueco fiscal. Lo triste es que los platos rotos los pagarán, como siempre, quienes no deben. Le sugiero al Gobierno no juegue con candela, porque lo único que logrará será profundizar la crisis que supuestamente no existe, pero que extrañamente estamos padeciendo. '' Esta reformita incentiva el crecimiento de la evasión y la elusión, pues en momentos de crisis y desempleo lo primero que se deja de hacer es pagar impuestos, acre- centando el hueco fiscal.WILABR

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