Refuerzo estructural

Refuerzo estructural

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noviembre 01 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-01

En medio de una expectativa comprensible, durante los días de hoy y mañana tiene lugar en Medellín la reunión anual de Camacol, con la cual el gremio de la edificación celebra su medio siglo de existencia. La razón del interés va más allá de la obvia importancia que tiene un sector cuyo desempeño es fundamental para la buena marcha de la economía. Y es que a raíz de la llamada crisis de las hipotecas en los Estados Unidos, no han faltado los gritos de alarma para tratar de hacer un parangón entre dos realidades que, de plano, son totalmente diferentes. La razón es que mientras en Colombia la actividad constructora sigue teniendo un buen ritmo, en el país del norte todavía imperan la incertidumbre y la parálisis. Según lo informó el Dane en su momento, el aumento en el rubro de edificaciones fue de 7,2 por ciento durante el primer semestre, mientras que el de obras civiles llegó a una tasa anualizada del 28 por ciento. Aunque esa dinámica es inferior a la observada en períodos inmediatamente anteriores, es evidente que las cosas siguen bien, así el auge ahora sea más moderado. Debido a ello los expertos afirman que viene una época más tranquila en la cual van a aparecer señales a primera vista contradictorias. Por ejemplo, el área culminada cayó 32 por ciento anual al cierre de junio pasado, pero la licenciada creció 22 por ciento en el mismo lapso, lo cual sugiere que la voluntad de emprender nuevos proyectos sigue firme. Otros indicadores, como el aumento de 13 por ciento en los despachos de cemento al mercado interno, confirman que palas y palustres se siguen moviendo. En todo este proceso, resulta llamativo observar que las nuevas obras han ocurrido en prácticamente todas las capitales importantes. Si hace unos años Bogotá y Medellín tuvieron el liderazgo, ahora el turno es el de Bucaramanga, Cali o Armenia. Todo lo anterior está respaldado en una demanda que continúa fuerte, como lo confirma la reducción en la tasa de desempleo anunciada en el día de ayer. Encuestas como la que adelanta Fedesarrollo revelan que una proporción mayoritaria de los consumidores piensan que el actual es un buen momento para comprar vivienda. Con razón la demanda de crédito sigue fuerte, con un aumento cercano a 15 por ciento en la cartera hipotecaria hasta julio del 2007. Si bien es cierto que ha habido una rápida elevación de precios en cierto tipo de unidades, que resulta típica en los ciclos expansivos, ese factor todavía no ha descorazonado al mercado. Despejada la duda sobre el futuro inmediato, es necesario, sin embargo, hacer algunas consideraciones a más largo plazo. La principal es que a pesar del repunte de los últimos años, las 114.000 viviendas que en promedio fueron construidas en el último cuatrienio resultan insuficientes para atender a los cerca de 200.000 nuevos hogares que se forman cada 12 meses. Si a lo anterior se le agrega que el déficit habitacional acumulado es cercano a los 2,3 millones de unidades, es incuestionable que el país requiere un cambio de escala para avanzar en ese terreno. Entre todos los temas, sin duda el más angustioso tiene que ver con la escasez del suelo urbanizable, como consecuencia de normas abstrusas, contradictorias e ilógicas, que conducen a la especulación. Dicho de otra manera, el problema de las ciudades colombianas no es la falta de tierra, sino que está mal repartida. Ese factor hace necesario volver a revisar un marco regulatorio complejo que promueve la lentitud y, de paso, la corrupción. Según estimativos de Camacol, para lograr la aprobación de un proyecto de vivienda de interés social en Bogotá, son necesarios 76 trámites que pueden prolongarse hasta 40 meses, cuatro veces más que el término establecido. A los obstáculos mencionados hay que agregar la falta de estandarización de insumos, el recurso humano poco tecnificado o los cuellos de botella en el crédito. Por tal motivo, y a pesar del satisfactorio balance, es necesario todavía más para construir un sistema que necesita, valga decirlo, un buen refuerzo estructural. Más allá de la buena salud actual del sector edificador, la actividad requiere un cambio de escala que debe comprender nuevas normas y procedimientos”.

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