¿Regeneración o catástrofe?

Carlos Marx, en ‘El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte’, clásico ensayo sobre los distintos plebiscitos empleados por Luis Napoleón para perpetuarse en el poder, decía que la historia se repetía unas veces como tragedia y otras como comedia.

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noviembre 14 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-14

A finales del siglo XIX, Rafael Núñez, liberal radical en su juventud, aguijoneado por el resentimiento hacia el liberalismo, resolvió cambiar de bando, unirse con el conservatismo, e inaugurar los 45 años de hegemonía conservadora. Consideraba a la Constitución de Rionegro de 1863, la de las libertades y los períodos presidenciales de dos años, la causante de todos los males de la Nación. Acuñó entonces la famosa frase de “Regeneración fundamental o catástrofe”. Los colombianos somos dados a anunciar permanentemente catástrofes, hecatombes, tragedias, a proclamar que el país está al borde de la disolución. Como se dijo en su momento a propósito de Núñez, no se produjo la regeneración, sino la catástrofe de la regeneración. Se iniciaron los largos períodos presidenciales de seis años con posibilidad de reelección inmediata que le permitió al ‘pensador del Cabrero’ permanecer por interpuesta persona muchos años en el poder, asistimos al eclipse de las libertades públicas con normas draconianas como la famosa ‘Ley de los caballos’ contra la libertad de prensa, hubo alud de confiscaciones y destierros, como el de don Santiago Pérez, vivimos la guerra de los mil días que arruinó a la República y generó millares de muertes y perdimos a Panamá en 1903. Todo eso se hizo dizque para evitar una catástrofe. Cien años después pareciera que con los pasos contados vamos hacia el mismo abismo. Primero fue la reforma, impulsada por el presidente Uribe para su propio beneficio y que finalmente le permitió quedarse cuatro años más. Con el argumento de que si no permanecía Uribe en el poder volveríamos al Caguán y sus desaciertos, comenzó el proceso de sugerir primero, con la aparente lejanía del jefe del Estado, y de atropellar después, utilizando el método de romperle, como diría Echandía una vértebra a la Constitución de 1991 para devolver cien años la rueda de la historia. Pasado el primer año, con el mismo ‘sistemita’ anterior, allegados al Gobierno, alegando no haberle consultado, y como en el Perú de Fujimori, empezaron a soltar el globo de ensayo de la segunda reelección apoyados en las encuestas de popularidad. Esa misma popularidad con la que contaron en su momento Franco, Mussolini, Menen y Fujimori. Y como en la ocasión anterior, las primeras palabras de Uribe eran de distanciamiento con el tema. Y luego vino la perla. Ante la dirigida pregunta de la Presidenta del Senado, sobre la eventual reelección, el presidente Uribe responde que la ve viable en caso de una ‘hecatombe’.Ya sus intérpretes han salido a decir que no estaba pensando en naufragio, incendio terremoto o inundación, sino en que la coalición gubernamental no lograra ponerse de acuerdo para presentar un candidato único en el 2010. De cuándo acá, los necesarios cambios de gobierno, por la vía electoral pueden ser presentados como ‘hecatombe’ para los pueblos? No podemos aceptar que fuera de Uribe nadie más puede gobernar al país. Nadie por insensato que fuera echaría atrás los avances de este Gobierno en materia de seguridad. Tuvimos muy buenos gobernantes que a pesar de gozar de altísimos índices de popularidad nunca cayeron en la tentación de creerse irremplazables. La verdadera hecatombe vendrá por la vía de la desinstitucionalización y la personalización en el ejercicio del poder. Ya tuvimos el ejemplo del dilema de Núñez de regeneración o catástrofe en el siglo XIX. No repitamos la tragedia ahora con el dilema de uribismo o hecatombe. Ex fiscal general La verdadera hecatombe, vendrá por la vía de la desinstitucionalización y la personalización en el ejercicio del poder”.

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