La regla fiscal: ¿esperanza o frustración?

El Gobierno acaba de constituir una comisión de expertos que habrá de presentar una propuesta para que el país se dote de la llamada regla fiscal, probablemente a partir del 2010. Se trata de académicos de altos merecimientos. Es dable pensar que sus recomendaciones serán impecables desde el punto de vista técnico. La gran pregunta, sin embargo, es: ¿existirá la voluntad política para llevar a cabo sus conclusiones? Recordemos que una regla fiscal –como existe en Chile– consiste en un compromiso legal para ahorrar una determinada proporción de ingresos fiscales durante las épocas de ‘vacas gordas’, a fin de configurar una alcancía para las de ‘vacas flacas’. Es, en síntesis, una manera moderna para que la política fiscal pueda jugar un papel anticíclico; papel que no pudo jugar la nuestra durante la dura recesión del 2009.

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enero 19 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-19

El anuncio estuvo acompañado de la manifestación por parte del Gobierno de que la iniciativa estaba orientada a combatir las fuerzas revaluacionistas que continúan sombreando sobre la economía colombiana. Y en tal sentido hay que aplaudirla vivamente. Para ciertos sectores exportadores como el café o las flores resulta de vida o muerte que se aminoren las presiones revaluacionistas. En ello va envuelta su propia viabilidad y la de cientos de miles de empleos. Pero (más allá de los pormenores técnicos que habrá de tener la fórmula, que no son sencillos), lo que es evidente es que para poder conformar una alcancía que permita gastar más en el futuro y moderar las fuerzas revaluacionistas, será indispensable consumir menos en el presente. Es decir, habrá que apretar notablemente el cinturón del gasto público. En Chile, por ejemplo, la regla fiscal significa que las cuentas fiscales generan cada año un superávit del 1 por ciento del PIB. Pero en Colombia, dichas cuentas vienen arrojando a nivel del Gobierno Central un déficit anual del orden del 4 por ciento del PIB. Hacer un ajuste fiscal para llegar a un resultado similar al que ha alcanzado Chile implicará un esfuerzo draconiano en la manera como se ha venido manejando la política fiscal en el país. Ello sería factible y meritorio. Pero hay que ser consciente de que el sacrificio tendrá que ser gigantesco, pues de lo contrario se correría el riesgo de una gran frustración como cuando hace dos años el mismo Gobierno convocó una comisión para ‘racionalizar el gasto público’. Y prácticamente a ninguna de sus recomendaciones le dio aplicación. Paso a la historia como la comisión desoída. Según lo afirmó Guillermo Perry en una mesa redonda que sobre estos temas organizó Planeación Nacional hace algunas semanas, para que la regla fiscal tenga futuro en Colombia sería indispensable hacerla preceder de una fuerte reforma tributaria. Cuyo producido tendría que ahorrarse en vez de gastarse. ¿Estará dispuesto el Gobierno a darse semejante pela política en un año electoral como el 2010? ¿Estará decidido a que todos los dividendos que le produzca Ecopetrol, o los ingresos que perciba por la venta de pedazos de ésta empresa, en vez de llevarlos al gasto se ahorren? ¿Le impondrán a los departamentos o municipios que reciben regalías propias la obligación de ahorrar una parte de ellas? En síntesis: ¿existe la voluntad política de afrontar los inmensos esfuerzos fiscales –en términos de menos gasto público– que implica la buena idea de darse una regla fiscal? Sólo si las respuestas a los anteriores interrogantes se contestan y se ejecutan de manera positiva Colombia podrá dotarse de una saludable regla fiscal. De lo contrario, será una nueva frustración. restrepo@juancamilo.com.co Ex ministro de Hacienda Hacer un ajuste fiscal para llegar a un resultado similar al que ha alcanzado Chile implicará un esfuerzo draconiano en la manera como se ha venido manejando la política fiscal en el país.EMIMEN

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