La relación entre trabajo y persona: repensando la crisis

Los cambios en la organización de las sociedades, vienen marcados por la concepción que se tenga del trabajo y la primacía de unas actividades en los planes de negocio.

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mayo 29 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-29

La crisis económica mundial tiene a todos preguntándose: ¿qué pasó? ¿Quién es el culpable? ¿Qué se puede hacer? Empresarios y economistas; políticos y filósofos; profesores y estudiantes; jóvenes y ancianos; creyentes y no creyentes; el ciudadano de a pie, todos buscan respuestas y ofrecen versiones posibles desde sus personales puntos de partida e indagaciones.

"El problema no es de los empresarios, sino del sector financiero", dicen unos. "La falta de control y de sistemas de rendición de cuentas es lo que produjo la crisis", argumentan otros.

"Es el sistema económico centrado en el individualismo salvaje", sentencian aquéllos; mientras algunos más terminan afirmando: "el deseo de ganancia fácil y de dinero rápido, la avaricia, en definitiva, es lo que nos ha conducido a la situación actual".

En esta pluralidad de voces no se puede descartar ninguna. Todas llevan algo de razón, y, sin embargo, no terminan de dar cuenta de los elementos involucrados, ni de la situación total.

Cuestión, por otra parte, que hace evidente la amplitud del impacto de la crisis, pero que al mismo tiempo -y si se aprovecha- sienta las bases para una reflexión profunda y unos aprendizajes enriquecedores.

Por eso quiero agregar a las argumentaciones ya mencionadas, otra más. Una que reclama dar un paso hacia atrás y levantar la mirada para intentar ver el bosque, no el árbol solamente y que al mismo tiempo exige ganar en profundidad.

Me refiero a la necesidad de preguntarnos si la crisis habrá sido causada -entre otras cosas-, porque hemos olvidado lo que significa el trabajo. Me parece urgente que nos planteemos en estos momentos ¿qué es para nosotros el trabajo? ¿Cuál es su relación con la persona? ¿Cuál es su relación con la empresa?

El trabajo, el modo de entenderlo y de vivirlo, "es la fuerza que más ha influido en la vida de las personas y ha cambiado el hogar", afirmaba Charles Handy, el más respetado escritor de management del Reino Unido, según el Financial Times en su presentación durante el II Congreso Excellence in the Home: From House to Home, organizado por la Home Renaissance Foundation en Londres, el pasado noviembre. Y esta afirmación no es gratuita ni superficial.

La historia de las civilizaciones, así como los cambios en la organización de las sociedades, vienen marcados por la concepción que se tenga del trabajo y la primacía de unas actividades concretas sobre otras.

De la sociedad agraria, a la industrial, y de ahí a la posindustrial o del conocimiento, la visión del trabajo latente en el grupo humano ha perfilado los modos de organización social así como las formas políticas y económicas.

Si nos preguntamos qué sucede en Colombia, algunos datos pueden ayudarnos.

Para el 93,26 por ciento de los colombianos, el trabajo es una parte 'muy importante' de sus vidas, según el Estudio Colombiano de Valores, (Raddar, 2006).

Para el 51 por ciento es el trabajo, incluido aquello que se realiza en el hogar y/o en las escuelas, lo que hace que la vida valga la pena y no el tiempo libre, apunta el mismo estudio.

En una encuesta realizada por el Centro de Investigación: Cultura, Trabajo, Cuidado de Inalde se preguntó a una muestra estratificada de personas mayores de 35 años, hombres y mujeres, de estrato 5 y 6 en Bogotá, sobre su definición de trabajo.

Más de la mitad (51 por ciento) respondió que el trabajo es "principio de perfeccionamiento humano"; un 23 por ciento dijo que es una "actividad humana dirigida a la producción de cosas, materiales o intelectuales, o al cumplimiento de un servicio público o privado"; un 18 por ciento que es la "condición de existencia del hombre que tiene como objeto crear satisfactores" y un 8 por ciento que se trata de una "actividad realizada bajo los parámetros de un contrato laboral, con protección social, buena remuneración y productividad, en el que la persona tenga acceso a capacitación y las condiciones sean negociadas en forma colectiva o individual por trabajadores y empresarios".

Las respuestas mayoritarias subrayan que intuyen la existencia de una íntima relación entre trabajo y persona: puesto que es precisamente el trabajo 'algo muy importante', 'que hace que la vida valga la pena', es un 'principio de perfeccionamiento para la persona', y que se concreta en productos, bienes y/o servicios.

Este sólo dato ya ofrece lecciones interesantes para los directivos. Por ejemplo, tanto en tiempos de bonanza como de crisis, no podemos olvidar que el trabajo de las empresas es realizado por personas que entienden que su actividad está íntimamente unida a su perfeccionamiento personal.

No se trata de máquinas o recursos que pueden ser costeados, asignados, controlados y movidos de acuerdo a las necesidades del momento.

Son personas y, por tanto, las empresas no son conjunto de máquinas, sino "comunidades vivas de personas", para usar palabras del mismo Handy. De ahí que la dirección de esas personas, y de la empresa misma, pase por combinar sus aspiraciones y necesidades con los propósitos de la comunidad más grande de la que todos forman parte: la compañía.

En tiempos de crisis es, quizá, cuando más importante sea no perder de vista esta relación, porque será precisamente en ese grupo de personas donde se encontrará la fuerza para capear el temporal.

Es de sentido común, y la investigación lo respalda, que los grupos darán mejores resultados que los individuos actuando por su cuenta, y que no todos tienen que ser 'jugadores estrellas'.

Tienen que saberse considerados como personas y liderados, para dar lo mejor de sí, incluyendo, en circunstancias como las actuales, ese plus de iniciativa y creatividad que sólo las personas pueden ofrecer.

Este es el momento para replantearse cómo la toma de decisiones directivas plasma o no las relaciones de trabajo y persona comentadas anteriormente, porque esas decisiones están afectando directamente el futuro de la empresa: ya sea fortaleciéndola para poder estar en mejor situación en el futuro, porque se posee el capital social necesario; o debilitándola, porque se ha socavado los cimientos mismos de la empresa: su gente.

Una de las razones de la actual crisis puede ser precisamente que hemos olvidado la relación indeleble que existe entre trabajo, persona y empresa.

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