Religión en el Gobierno

Crecientes manifestaciones de fervor católico han venido presentando el presidente Álvaro Uribe, varios de los miembros de su gobierno y otros funcionarios, así como el Procurador. Esto ha despertado comentarios diversos. En la Colombia actual es difícil determinar lo que opina el electorado frente a esto. La religión es omnipresente en la vida individual, familiar y colectiva de los colombianos, pero las ideas religiosas no se debaten abiertamente. En materia de relación religión-política-gobierno no sabemos realmente en qué andamos.

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febrero 26 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-02-26

Es difícil evitar que los aspectos religiosos repercutan sobre las ideologías políticas y en general que inspiren directamente la concepción del ideal de una sociedad, de lo que es correcto e incorrecto. Ni el Gobierno ni el Legislativo podrán por lo tanto estar completamente exentos de la injerencia de ideas religiosas. Sin embargo, si algo ha definido la modernidad desde el Renacimiento es el alejamiento de la religión de la administración del Estado y su confinamiento a un lugar en la vida privada de las personas y sus familias cercanas. En Colombia, el dominio de la religión católica ha sido especialmente significativo desde la conquista, que necesitó de la ella para justificar sus objetivos y métodos. La evangelización promovida por el Gobierno colonial buscó sentar las bases sólidas y definitivas para la presencia y autoridad de la Iglesia Católica. Durante la colonia, en los siglos XVII y XVIII llegaron a Colombia lo que a la postre serían las únicas inmigraciones masivas que recibiría el país, provenientes de distintas regiones de la muy católica España. Después de la Independencia, un halo de liberalismo radical, que entre otras despojaba a la Iglesia de cualquier peso en el Gobierno, terminó abruptamente con la Regeneración. Y de allí en adelante, la tradición colonial continuó con mucha más persistencia que en otras partes del antiguo imperio español. Habría que recordar el clericalismo tan intenso de Miguel A. Caro o el hecho de que la Constitución de 1886 consagraba el país al Sagrado Corazón. O que, durante la hegemonía conservadora, el arzobispo de Bogotá, Bernardo Herrera Restrepo, básicamente determinaba quién sería el futuro presidente de la República. O, las permanentes invocaciones religiosas dentro de las argumentaciones políticas de Laureano Gómez. Sólo algunos políticos liberales, como Alfonso López Pumarejo actuaron expresamente para reducir el estatus de religión de Estado que tenía la Iglesia Católica en el país. El ‘Sagrado Corazón’, sin embargo, sólo salió de la Constitución en 1991. La preponderancia católica sobre la forma de vida colombiana es muy grande. Aún hoy en día, la disminución relativa de la presencia de la iglesia romana ha sido reemplazada por diversas iglesias cristianas. El ascendiente religioso sobre los hilos del poder político no desaparecerá así no más. Es comprensible que los políticos hagan alarde de su ‘colombianidad’ con ostentaciones de catolicismo y, una parte de los votantes no lo verá con malos ojos. Pero la religión en el Gobierno es inconveniente. Así lo previó el constituyente que, en la Constitución del 91, impulsó un Estado laico. Los gobiernos religiosos son eventualmente intemperantes, no promueven la cohesión social y nacional, y frecuentemente toman decisiones cargadas de ideología. La Colombia contemporánea, cuyo gobierno debe estar enfocado en desarrollar el bienestar de la comunidad, necesita gobernantes que practiquen su religiosidad con mucha discreción en la privacidad de sus hogares.'' Los gobiernos religiosos son eventualmente intemperantes, no promueven la cohesión social y nacional, y frecuentemente toman decisiones cargadas de ideología.WILABR