Por la renovación del Congreso

Si los colombianos queremos vivir en un Estado de derecho y democrático, la primera tarea que debemos adelantar es la de buscar la renovación del Congreso de la República.

POR:
mayo 08 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-08

Más exactamente sustituir a buena parte de sus integrantes, que no tienen las calidades para representar los intereses colectivos de la nación, ni responden a las exigencias de los tiempos que corren. La cosa es así de sencilla, pero al mismo tiempo tan compleja por la forma como se comportan los ciudadanos en relación con la integración del organismo legislativo. Con enorme miopía una gran cantidad de colombianos desprecia al Congreso; olvidando, de una parte, que sin esa institución no puede haber democracia -sencillamente por ser la pieza clave-; y, de otra, porque no es ella como tal, sino sus integrantes los responsables de su mal funcionamiento. A quienes hay que objetar es a los malos congresistas, no a la entidad, concebida para permitir el funcionamiento del sistema. En esas circunstancias, entonces, es necesario empezar por eliminar la confusión reinante entre miembros y organismo. En mi opinión, es más urgente trabajar en la línea de recomponer al Congreso que desgastarse en enconadas campañas especulativas orientadas más bien a despistar a la gente. No creo equivocarme al afirmar que, para efectos prácticos, resulta más importante en las actuales circunstancias el Legislativo que cualquiera otra alternativa. De acuerdo con las normas que nos rigen, corresponde al Poder Legislativo tramitar y aprobar las leyes; en otros términos, decidir sobre el conjunto de disposiciones que orientan y definen las relaciones entre los miembros de la sociedad. Es la última palabra en materia de reglas del juego. Si así son las cosas, es evidente que el binomio Congreso-Ejecutivo -no aludo al Poder Judicial por ser como el fiel de la balanza-, es el responsable fundamental de la suerte del país. Un buen presidente con un mal Congreso no produce resultados; un mal jefe de Estado con un pésimo legislador solo desastres trae consigo. Un regular mandatario con un excelente parlamento puede facilitar las cosas, al punto de colocarlas en buena ruta. Por estas y otras razones, creo que es nuestra obligación dedicarnos a convencer a la opinión para que lleve al Congreso personas de las mejores calidades. No solo que les quepa el país en la cabeza, sino entiendan su misión como un servicio al interés público y no como un burdo negocio con altísimos dividendos. Es decir, al bien común. Sacar del letargo a los que han creído que los graves problemas de Colombia no les conciernen, es tarea prioritaria para todos. No se puede olvidar que los malos congresos son elegidos por los buenos colombianos que no participan. De la cabeza hay que sacar la torpe idea de que la política no es problema de cada individuo, sino de los profesionales de esa actividad, en general calificados como sinvergüenzas. Muchas veces se ha repetido y ahora lo hago de nuevo: si uno no se mete con la política, la política se mete con uno. Algo más; si uno no hace la política, se la hacen, y si se la hacen los pícaros o los réprobos, no tiene autoridad para quejarse. Cada vez que, mediante una ley impositiva, nos meten la mano al bolsillo, debemos acordarnos de las dos reflexiones anteriores, pues las decisiones son tomadas por políticos. También cuando hablamos del desastre fiscal. Quien aprueba los presupuestos es el Congreso, luego a él le corresponde muy buena parte de la culpa de cuanto acontece. Con base en lo anotado, invito a mis amables lectores a adelantar una decidida campaña para renovar de arriba abajo el órgano legislativo del Poder Público. '' Si uno no se mete con la política, la política se mete con uno, si uno no hace la política, se la hacen, y si se la hacen los pícaros o los réprobos, no tiene autoridad para quejarse.WILABR

Siga bajando para encontrar más contenido