La República de Bogotá

En un comentario tan breve como ponzoñoso, Gustavo Álvarez Gardeazábal alborotó el avispero de la representación regional en el gabinete ministerial de Juan Manuel Santos.

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septiembre 23 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-09-23

Escribió, y destelló en La Luciérnaga, que la mayoría son cachacos y otros tres se metamorfosearon en bogotanos. Sólo Germán Cardona y Sergio Díaz- Granados representan el inmenso territorio que se extiende allende el peaje de La Caro. La W indagó qué importancia debe tener el factor regional en la designación de ministros. Opiniones divididas zanjaron el tema como: a) Una chiripiorca del oráculo de Tuluá. b) La potestad de nombrar a los más capaces sin importar de dónde sean. c) La demostración definitiva de que el centralismo no es un tema de historia monográfica del siglo XIX, sino una realidad que apabulla y asfixia. Lo cierto es que en este país de regiones, de idiosincrasias con diferencias extremas y de territorios insondables, Bogotá sigue siendo la aduana inevitable de pueblos, ciudades y gobernaciones. Hay que ver la romería de funcionarios que deben cifrar un presupuesto específico de cuantía respetable para viajar a la capital a resolver los problemas de sus regiones, ciudades y municipios recónditos. Muchos hacen traslados homéricos con salida a la madrugada y retorno antes de que les apaguen las luces del aeropuerto más cercano, porque los viáticos alcanzan para un almuerzo fugaz, pero no para un hotel mercenario. Las ciudades capitales de algunos departamentos contados tienen sedes propias, apartamentos o casas, porque en la operación matemática de los ires y venires de sus funcionarios a la metrópoli eso tiene más viabilidad financiera que los gastos en hospedaje al menudeo. Son como embajadas en otro país. En la República de Bogotá; en la estructura es virreinal, aplica para el pago de la cuota de centralismo con las instituciones gubernamentales, los organismos de control y los tres poderes, y abarca por igual a los sectores público y privado. Esa descripción, que parece una estampa de Cordovez Moure, puede estar en la raíz de la reverberación que agita el debate de la regionalización. En el Foro Colombia Regional 2011, que organizó la revista Semana, una de las voces más sonantes fue la del gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa. Él, que conoce el centro y las aristas, apoyó que en las enredadas elecciones del 30 de octubre haya una papeleta para saber qué opina la gente de la regionalización. Lo cierto es que ese debate está guardado en una olla a presión. Se nota con lo que ha pasado con Colombia Humanitaria y lo que ocurrirá con la Ley de Regalías. Y se resume así: Dios está en todas partes, pero despacha desde Bogotá. HELGON

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