El repunte de las bolsas no es un motivo para celebrar

El repunte de las bolsas no es un motivo para celebrar

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mayo 28 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-28


 Dicen que para ser un inversionista inteligente se necesita ser frío y calculador. Eso no es verdad. De hecho, lo mejor es sentir lo contrario a la mayoría de la gente.
Incluso después de la reciente turbulencia, el Promedio Industrial Dow Jones se sitúa 30% por encima de su punto más bajo registrado en marzo. Es natural que uno se sienta feliz o aliviado con tal repunte. Pero Benjamin Graham creía, por el contrario, que un inversionista debería entrenarse para preocuparse por tales mejoras.
Hoy en día, consultar y aplicar el raciocinio de Graham es especialmente apropiado. Hace 60 años, el 25 de mayo de 1949, el creador del análisis financiero publicó su libro The Intelligent Investor (El inversionista inteligente). Pues el mercado actual parece estar del mismo tipo de ánimo que preocuparía a Graham: un optimismo nervioso, una inseguridad y una necesidad casi desesperada de creer que lo peor ya pasó.
Obviamente, un inversionista no puede desligarse de sus sentimientos. Pero puede ¿y debería¿ ponerlos al revés.
De repente, se volvió más caro acumular acciones. Desde marzo, según datos de Robert Shiller, profesor de la Universidad de Yale, la relación precio/ganancia del índice S&P 500 ha saltado de 13,1 a 15,5. Ese es el salto más alto y veloz registrado en casi 25 años. Como sugería Graham, Shiller usa un promedio de 10 años de la relación precio/ganancia, ajustado por la inflación.
En un lapso de 10 semanas, las acciones se han movido de un nivel de ganga a precios normales. Así que, a menos que ya esté jubilado y viviendo de sus inversiones, no hay razones para celebrar, sino para preocuparse.
Graham trabajó de forma diligente para no dejarse atrapar por los cambios de ánimo "del Señor Mercado", su metáfora para la mentalidad colectiva de los inversionistas, eufórica cuando las acciones suben y lamentable cuando se desploman.
En un ensayo autobiográfico, Graham escribió que adoptó "el estoicismo como un mensaje enviado desde los cielos". Entre los componentes principales de su "equipo interno", agregó, estaban "un cierto desapego" y "una serenidad inquebrantable".
La última esposa de Graham lo describió como "humanitario pero no humano". Le pregunté a su hijo, Benjamin Graham Jr., qué significaba eso.
"Su mente estaba en otro lugar y tenía un poco de dificultad para relacionarse con otras personas", contestó. "Estaba siempre ejecutando varias tareas simultáneas internamente. Quizá las personas que se dedican a las inversiones son especialmente exitosas si mantienen esa distancia o desprendimiento", agregó Graham Jr.
Según el proprio autor, su inmersión en la literatura, las matemáticas y la filosofía lo ayudó a ver los mercados, "desde el punto de vista de la eternidad, en lugar del día a día". Tal vez es por eso que leía el entusiasmo de otros como una señal de alerta e interpretaba su tristeza como un indicio de esperanza.
Su talento natural para invertir las emociones lo ayudó a poder identificar cuando los mercados alcanzaban puntos extremos. A fines de 1945, mientras el mercado subía 36%, Graham aconsejaba a los inversionistas reducir sus posiciones; el año siguiente, las bolsas perdieron 8%. Cuando las acciones se dispararon en 1958 y 1959, Graham otra vez se volvió pesimista. Luego, vinieron varios años de rendimientos inestables. En 1971, recomendó precaución poco antes de que se iniciara el peor mercado bajista en décadas.
En el punto álgido de esa crisis, casi a fines de 1974, Graham pronunció un discurso en el qué pronosticó correctamente un período de "varios años" en los que "las acciones languidecerían". Luego, sorprendió a sus oyentes al indicar que esa no era una mala noticia: "El verdadero inversionista estará contento en vez de desanimado ante la perspectiva de invertir sus nuevos ahorros en términos bastante satisfactorios". Graham hizo otra declaración sorpresiva: los inversionistas "tendrán la envidiable suerte" de sacar "ventaja" de un largo mercado bajista.
Graham no dijo que nadie puede resistirse al contagio de las emociones cambiantes de la multitud, sólo que son pocas las personas que lo logran. Para ser un inversionista inteligente, necesita cultivar lo que el autor llamó "firmeza de carácter", o la habilidad de mantener su propio control emocional.
Sobretodo, eso significa resistirse al contagio del entusiasmo del Señor Mercado cuando las acciones dejan de estar baratas

 

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