Respetar el medio ambiente, aun en la muerte

EFE. En la construcción de un ataúd convencional se necesita un árbol, mientras que con esta materia prima podrían fabricarse cien féretros de cartón. En Europa se talan anualmente un millón de árboles para fabricar sarcófagos convencionales, aunque la madera más preciada para este fin es la caoba, un árbol que tarda cincuenta años en crecer.

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abril 10 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-10

A la cantidad de madera necesaria se suman las lacas, utilizadas para abrillantarlos, y el zinc, que se usa para su protección. Según datos de la empresa Green Burial Council, dedicada a la promoción de los entierros ecológicos, en los sepelios tradicionales que se practican en Estados Unidos se emplean cada año 82.000 toneladas de acero, unas 2.500 toneladas de bronce y cobre y 1,4 millones de toneladas de cemento para mantener las tumbas. Otro de los problemas medioambientales que se plantean en los enterramientos son los provocados por los líquidos que desprenden los cuerpos. Los procesos de embalsamamiento suponen residuos de hasta 3,1 millones de litros de fluidos basados en un componente llamado formaldehído (CH2O), que la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA) ha calificado de “probable agente cancerígeno”. Este componente puede acabar filtrándose hasta las aguas subterráneas suponiendo, además, un riesgo para los trabajadores de los cementerios, según afirman en Green Burial Council. Pero además, en los cadáveres también se encuentran, en muchos casos, empastes dentales de amalgama metálica que siguen siendo de los elementos más contaminantes para el medioambiente porque contienen mercurio y, en determinados casos, marcapasos, que llevan acopladas pilas elaboradas con elementos también muy negativos para el medio ambiente. Otros servicios funerarios como la tanatoestética -el arte de maquillar a los muertos- utiliza pequeñas proporciones de formol, un producto altamente tóxico. Los entierros naturales -aquellos que eliminan en lo posible la utilización de ataúdes y productos químicos en las técnicas de embalsamamiento- están ganando popularidad en todo el mundo en general y en Estados Unidos. en particular, gracias al auge de todo lo verde y ecológico. Las ventajas medioambientales son grandes si nos paramos a pensar en que, además de polvo, es mucho lo que queda de los fallecidos que reposan en los cementerios. La alternativa es volver a la tierra de la forma más natural, sin féretro ni embalsamamiento, una opción que, por el momento, en el país del norte sólo es posible en unos pocos camposantos. Un entierro ‘verde’ puede resultar, incluso, mucho más económico para las finanzas de los allegados a los difuntos. Mientras que en un funeral tradicional sólo el ataúd puede costar unos 8.000 dólares, los entierros ecológicos están entre 300 y 4.000 dólares, dependiendo del precio del suelo dónde se reposará eternamente. Un cajón doble, pero inocuo Entre las ideas que se ofrecen para entierros verdes está el ataúd ecológico, el cual está compuesto por dos féretros en el que sólo uno de ellos es incinerado o enterrado. La propuesta, es simple, pero ingeniosa: ofrecer a las funerarias un ataúd que tiene la tradicional caja, que actúa como expositor, pero que en su interior incluye otra hecha de desgloses de maderas, que es la que finalmente se incinera o entierra. La de afuera se puede volver a usar, ahorrando costos. Ataúdes y urnas biodegradables Para aquellos a los que lo de volver a la tierra sin ataúd les resulte demasiado frío, una buena opción son los sarcófagos biodegradables. Además de las ventajas medioambientales, su precio y su facilidad de almacenaje representan una opción clara en casos de desastres naturales. Pero, a pesar del éxito de esta idea, son muchas las trabas que se interponen en su comercialización, como es la propia mentalidad de la cultura occidental habituada a mantener el respeto por sus muertos y darles la sepultura tradicional. Las cremaciones, realizadas tradicionalmente en gran parte de Asia y que entraron en el mercado occidental con mucha reticencia son, cada día, más solicitadas. Pero éstas también resultan negativas para el medio ambiente debido a las emisiones de gases de las incineradoras, fundamentalmente por los elementos tóxicos usados en la fabricación del ataúd. La solución que algunas empresas ofrecen, como la española Limbo, es mantener el féretro tradicional de madera, pero con una cápsula en su interior biodegradable que es la que se introduce en el horno crematorio. Esta cápsula está elaborada con derivados de la madera o aglomerados. Para Jordi Requena, responsable de la empresa Limbo, “cuando hay una boda se alquila un bonito coche, pero no se compra. Lo mismo se puede hacer con el ataúd, de esta forma estaríamos evitando contaminación y deforestación”. Las empresas funerarias comienzan a apuntarse a la ecología y así, por ejemplo, algunas ofrecen urnas biodegradables, que no usan resinas y están elaboradas con sal o gelatina, que se deshacen en el agua en menos de tres minutos. Según una reciente encuesta de la Asociación de Jubilados de E.U. (AARP, por sus siglas en inglés), una agrupación con más de 35 millones de miembros, un 21 por ciento de los mayores de 50 años prefiere un entierro más respetuoso con el medioambiente. En la construcción de un ataúd se necesita un árbol, mientras que con esta materia prima podrían fabricarse cien féretros de cartón”. ANDRUI

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