Responsabilidad fiscal sin cuatro por mil

Nada más perverso para un aparato productivo y para el empleo de un país que tasas de cambio sobrerevaluadas y tasas de interés asfixiantes.

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julio 07 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-07

 Por estos días es común escuchar una frase de cajón a los economistas: "es necesario ampliar el déficit fiscal como política contra-cíclica ante la crisis mundial". Grave error. Aumentar el déficit fiscal es endeudar cada vez más a las nuevas generaciones de colombianos. Es decir, más deuda, más carga, más impuestos para nuestros hijos.

Entre mayor es el déficit fiscal menor es el esfuerzo de los bancos por darle crédito al ciudadano. Los bancos siempre prefieren financiar a un gobierno como el colombiano, sin riesgo, que irrigarle recursos al aparato productivo del país. Sin déficit los bancos no tendrían alternativa a otorgar más crédito y en mejores condiciones. Un déficit fiscal alto hace difícil sostener una tasa de cambio competitiva y tasas de interés bajas para la economía. Nada más perverso para un aparato productivo y para el empleo de un país que tasas de cambio sobrerevaluadas y tasas de interés asfixiantes.

Por lo anterior es necesario una reforma fiscal para Colombia. No una reforma tributaria, sino una reforma fiscal integral.

Primero, es urgente eliminar el 4 x 1.000. Éste encarece la bancarización, dificulta las transacciones comerciales y, por ende, estimula la informalidad. En Colombia se evita pasar por un banco para eludir el 4 x 1.000, con lo cual el Estado pierde gran cantidad de impuestos sobre actividades que no alcanza a vigilar, porque se hacen por fuera del sistema financiero. La eliminación del 4 x 1.000 formalizaría muchas actividades, generándole al Estado más ingresos que aquellos que dejaría de percibir (0,7% del PIB).

Además, se aliviaría un enorme costo a quienes utilizan el sistema bancario, induciendo así más bancarización, sobre todo en los estratos bajos.

Segundo, es necesario crear un nuevo impuesto al patrimonio. Debe ser temporal, pero suficiente para sostener la Seguridad Democrática y generar recursos adicionales, mientras se va cerrando el hueco fiscal. Debe aplicarse cada año sobre la foto de los patrimonios registrados a diciembre de 2009 que estén por encima de cierto umbral, recogiendo todos los grandes capitales, los recientes y los que vienen desde el 2002, sin ir a tocar la clase media. La temporalidad y su aplicación cada año sobre el nivel de los patrimonios en diciembre de 2009 (la foto) evitan el incentivo a esconder o a no crear riqueza que siempre se da con este tipo de impuestos.

Tercero, es fundamental poner un límite en el tiempo a las exenciones tributarias al capital. Estos estímulos siempre deben ser temporales para una reactivación económica. Fueron necesarios en su momento, cuando en Colombia no existía confianza para invertir y la economía iba hacia un abismo. Son necesarios todavía para atraer inversión y crear empleo en medio de esta crisis económica mundial. Pero deben tener límite en el tiempo.

Cuarto, la reforma debe incluir una modificación al sistema de regalías. No es posible que en ciertas regiones las regalías se inviertan en negocios riesgosos a través de patrimonios autónomos y no en las necesidades sociales de los más pobres. Es necesario, incluso buscar más equidad con regiones pobres y no productoras de minerales que hoy ven cómo en ciertas zonas del país los recursos de regalías se dilapidan.

Quinto, es importante imponer controles y mecanismos de salida sobre ciertos programas sociales de los cuales se tiende a abusar: la vinculación al régimen subsidiado de salud, programas de apoyo al desplazamiento, Familias en Acción y otros. Esto ayudaría a contener la informalidad laboral derivada del abuso con este tipo de programas y a eliminar gasto que no va a quienes más lo necesitan. Es decir, quitar cargas fiscales que se vuelven fijas e insostenibles.

Y sexto, es básico continuar la labor de reforma del Estado adelantada por el Gobierno, hacia una mayor racionalización en el número de entidades y procurando que las que permanezcan funcionen más eficientemente. La reforma de responsabilidad fiscal es urgente. Debe ser integral y no sólo tributaria. Debe ser equitativa y sostenible. Debe ser ya.

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