El resultado

Acordado el cese al fuego entre Israel y Hezbolá las partes, en especial el grupo terrorista y sus aliados, han salido a reclamar la victoria. En un conflicto tan complejo y con tantas aristas el resultado puede analizarse desde muy diversos puntos de vista.

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agosto 17 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-17

Lo primero que quedó claro es que el asunto no ha terminado aquí. Por lo tanto, cualquier balance tiene que hacerse relacionándolo con la amenaza global y con la certeza de que se dejaron las bases para que el próximo episodio sea mucho más grave. Desde la posición de Israel las voces que critican el resultado como insuficiente y demasiado gravoso son muchas. En un estado democrático como el suyo es muy posible que el costo político que el actual gobierno tenga que pagar sea alto y la autocrítica contribuya a la sensación de derrota. Por el contrario, en el Líbano o en Siria o en Irán, las voces disidentes que con bajo perfil criticaron durante el conflicto la irracionalidad de Hezbolá o los enormes recursos que se estaban dedicando a su causa o las consecuencias que se estaban derivando de su acción extremista, no podrán producir acción o declaración alguna que se oponga a la victoria ya declarada a los cuatro vientos por sus líderes máximos. Con lo cual, de pasada, abiertamente han oficializado su apoyo irrestricto al grupo terrorista y a sus acciones. En el corto tiempo que duró la acción de Israel y con el fortalecimiento que durante años Hezbolá ha tenido al amparo de un gobierno incapaz de actuar en su contra, de una comunidad internacional que ‘olvidó’ el mandato de la ONU de desarmar al grupo terrorista y con la enorme fuente de recursos provenientes impunemente de Siria e Irán, a las fuerzas armadas de Israel les quedaba prácticamente imposible destruirlos o por lo menos deshabilitarlos totalmente, como debía haber sido el resultado. Por el contrario, a los terroristas, en un mundo de fanáticos religiosos, con el apoyo directo de gobiernos, no les será difícil reemplazar a los militantes muertos, entrenarlos nuevamente y recuperar los recursos y armas perdidas. Todo amparado en el mensaje de que se derrotó al enemigo porque no pudo borrarlos del mapa. Con razón muchos afirman que el resultado obedece a la reacción de la comunidad internacional que en el afán de suspender las consecuencias de la defensa frente al ataque del terrorismo igualó las acciones y las justificaciones de atacante y atacado, socabó el principio de la legítima defensa, más cuando se trata de acciones terroristas y dejó en manos del Secretario General de la ONU, el mismo que no le preocupó que la Resolución que ordenaba desde hace tiempo el desarme de Hezbolá se implementara, la verificación de la efectividad del cese al fuego y de las acciones derivadas del mismo. Para ellos, esto constituyó la verdadera derrota. Lo que permitió el logro pleno de los objetivos del ataque. De donde el terrorismo sale indudablemente fortalecido y los ganadores son el régimen teocrático y fanático de Irán y su aliado Siria y los demás sistemas totalitarios como el de Corea del Norte, Cuba o Venezuela. Los derrotados, no son sólo Israel sino el resto del mundo, que enfrenta al terrorismo racial y religioso y al comunismo anacrónico, en todas sus manifestaciones. Es hacia él a donde va dirigida su amenaza, como Nueva York, Madrid, Londres o Nueva Delhi, lo vienen comprobando. Consultor privado "Cualquier balance tiene que hacerse relacionándolo con la amenaza global”.

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