Retos económicos luego de 15 años

En este periodo en el que el diario PORTAFOLIO ha sido testigo y cronista de la evolución de la economía colombiana sí se ha modificado la estructura económica del país.

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septiembre 10 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-10

Aunque diga el tango que "20 años no es nada", en los 15 años en los que el diario PORTAFOLIO ha sido testigo y cronista de la evolución de la economía colombiana sí se ha modificado la estructura económica del país.

Basta recordar algunos de los hechos más relevantes como la apertura económica, la bonanza petrolera de Caño Limón y Cusiana, la pérdida de protagonismo del café y la agricultura en general, el incremento del tamaño del Estado, la crisis financiera y la gran recesión de 1999, la integración a los mercados de capitales internacionales o el aumento de la inversión extranjera.

Sin embargo, desde el punto de vista del manejo macroeconómico, una comparación simple de los principales indicadores al principio y al final de estos 15 años no refleja la profundidad de los cambios experimentados y, por el contrario, parecería mostrar un ligero retroceso salvo en el control de la inflación que, sin duda, es el resultado más sobresaliente de la política económica en este período, aunque no debe olvidarse el costo que tuvo la deflación en términos de estancamiento, desempleo y pobreza a finales del siglo pasado.

Hay que acotar la comparación de las cifras del crecimiento del PIB y mirarlas en el contexto del ciclo económico, dado que en el 93 estábamos en la fase ascendente, mientras que este año corresponde a una fase descendente en un ambiente de recesión mundial.

Pero en los otros indicadores no hay atenuantes para el deterioro: preocupante el crecimiento de los déficits gemelos (fiscal y externo), sobre todo porque se da a pesar de los altísimos precios de nuestros principales productos de exportación y de la bonanza de ingresos tributarios de los últimos años.

Seguimos importando más de lo que exportamos (en parte por la aguda revaluación del peso que muestra el Itcr) y el Gobierno gastando por encima de sus ingresos; ninguno de los dos excesos es sostenible y pronto hay que corregir lo que no se hizo en 15 años.

Pero el lunar más grande de este período son los indicadores de empleo y de concentración del ingreso (Gini). Que la tasa de desempleo sea hoy 3 puntos superior a la de 1993 no solo es un pésimo resultado económico sino una tragedia social, porque quiere decir que crecimiento del PIB fue sin empleo y no fue capaz de generar los puestos de trabajo necesarios para absorber el crecimiento de la población.

Además, los resultados serían mucho peores si 3 millones de colombianos no hubieran tenido que emigrar a otros países buscando las oportunidades que no encontraron en su patria.
En cuanto a la concentración del ingreso, los datos son del 2006, pero sirven para confirmar el carácter inequitativo y excluyente del modelo de desarrollo colombiano, en el que la mayor parte de los frutos del crecimiento se queda en manos de una minoría privilegiada.

Según la Cepal, en varios países latinoamericanos ha disminuido la concentración del ingreso, mientras que en Colombia el aumento de dos puntos del Gini (hasta 0,56) la reafirma como el subcampeón de la desigualdad en la región, después de Brasil: es el resultado lógico de la aplicación durante los últimos diez años de la teoría conservadora de que es necesario crecer primero la torta para repartirla después, o de que hay que dar estímulos a los inversionistas y deteriorar las condiciones de los trabajadores para que se pueda generar empleo.

Las consecuencias de este modelo pro-rico se evidencian en un indicador poco divulgado del Dane: la distribución del PIB entre asalariados, dueños de las empresas (excedente bruto de explotación) y trabajadores por cuenta propia (ingreso mixto).

DISTRIBUCIÓN DEL PIB

Los trabajadores aumentaron ligeramente su participación en la torta del PIB hasta el año 1999, pero desde ese momento han perdido 5 puntos bajando del 37 por ciento al 32 por ciento; similar deterioro han sufrido los cuenta propia pasando su participación del 28 al 22 por ciento, mientras que los grandes ganadores han sido los empresarios que, comparando con 1994, hoy se quedan con casi 8 puntos más del PIB, que equivalen a unos 16.000 millones de dólares de utilidades adicionales.

El gran reto de los colombianos es no solo mantener unas altas tasas de crecimiento, sino lograr que los beneficios de ese crecimiento se repartan de una manera más justa y equitativa para así construir una sociedad menos excluyente, que es el requisito esencial de una paz duradera.

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