Revolución ¿incompleta?

Revolución ¿incompleta?

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mayo 07 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-07

Según cuenta el historiador británico Simon Schama, en su libro Ciudadanos, al famoso primer ministro chino Chu En-lai le preguntaron en 1970, sobre el significado de la Revolución Francesa. Su respuesta fue "es demasiado pronto para decirlo".

En un libro titulado La Revolución incompleta: las reformas de Gaviria, los economistas Sebastian Edwards y Roberto Steiner se han propuesto encontrar el significado del programa de reformas emprendido por el Gobierno colombiano entre 1990 y 1994. Lo han hecho con un trabajo de economía política que examina, en detalle, los ganadores y perdedores que los procesos de transformación institucional generaron y los distintos medios de compensación a los cuales el Estado debió acudir.

El período examinado en el libro ha sido visto en Colombia desde dos ángulos distintos. Quienes estigmatizaron las reformas emprendidas como la introducción del 'neoliberalismo', y quienes creen que se sentaron las bases para la modernización de la economía nacional pasando la página del proteccionismo rentista hacia una economía moderna.

La verdad es que el proceso de reforma adelantado entre 1990 y 1994, más que una revolución fue una transición necesaria, jalonada por el entorno internacional. La apertura comercial, el rediseño institucional y la inserción en la economía mundial empezaron a tomar fuerza tras el Consenso de Washington.

Colombia se sumó al sistema de políticas que países como Chile, México, Perú, Argentina, junto con algunos asiáticos adoptaron en pro de la inversión, el incremento de las exportaciones y la transformación productiva.

Aunque el período se caracterizó por la famosa 'apertura económica', el libro muestra cómo se adelantaron reformas financieras, tributarias, laborales, cambiarias, portuarias, pensionales, en infraestructura, salud y descentralización fiscal encaminadas a modernizar la economía. Sin embargo, el alcance y la calidad de muchas de ellas se vio sacrificado por el proceso de negociación política, y años después tuvieron que enmendarse o corregirse.

Pero, ¿cómo juzgará la historia la revolución incompleta? El debate sobre si el proceso debió ser gradual y selectivo o sobre si los sectores agrícolas y manufactureros fueron sobreexpuestos a una competencia llena de subsidios y barreras para-arancelarias, seguirá vigente por mucho tiempo. Otros argumentarán que el dogmatismo de la desregulación y la privatización fue promovido sin 'alpargatizarse' y sin adecuarse al medio colombiano.

Aunque estas discusiones se mantengan en los juicios de técnicos y académicos, el país dio un salto cualitativo importante en el sector financiero, el sistema pensional, la integración económica, los servicios públicos y la banca central. Así mismo, muchas de las tareas pendientes desde entonces, se han logrado en los últimos años en áreas como telecomunicaciones, hidrocarburos, inversión extranjera, eliminación de trámites, sector financiero e integración comercial.

Lo que la historia deberá juzgar es por qué muchas reformas que debieron haberse hecho durante 1990 y 1994, se demoraron casi 15 años en adelantarse. Quizás la respuesta sea que, durante ese período no hubo un consenso nacional sobre el modelo económico o que simplemente la 'revolución' no contó con suficientes 'revolucionarios'.

El libro concluye diciendo que "Hoy en día Colombia continúa enfrentando tres desafíos esenciales: desarrollar una economía verdaderamente moderna y eficiente, que aproveche las oportunidades y los desafíos que ofrece la economía global y que al tiempo mejore las condiciones sociales de la mayoría de la población, lograr una paz duradera con la guerrilla y derrotar al narcotráfico (...)". Los resultados de los últimos años nos llevan por el camino correcto, pero si alguna moraleja deja este libro es que se requiere un consenso nacional sobre el modelo económico que permita sacar adelante las reformas que aún hoy siguen incompletas.

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