La revolución, en los supermercados

No es la oposición la que va a sacar a Chávez del poder, sino la escasez en los supermercados, que ya se hace evidente en las estanterías de los 'Duty Free' en Maiquetía.

POR:
julio 12 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-12

 Quienes llegamos por primera vez a la Venezuela de Chávez esperamos encontrarnos algo más parecido a lo que hemos visto en Cuba, o en los países del otrora bloque socialista. No es así.
Caracas, la capital conserva su esencia prebolivariana.

Deteriorada tal vez, por la desatención inevitable que resulta de la perorata socialista, más preocupada por la retórica de los cambios estructurales y el triunfo de la revolución, sea eso lo que sea. Su metro, que alguna vez fue modelo en la región y envidia de quienes lo conocimos en sus años mozos, ya no da abasto. Está viejo y sucio -en algunos de sus vagones ni siquiera funciona el aire acondicionado, que en este caso no es lujo, sino necesidad -y además, debe cargar la prolija propaganda del régimen, que estropea decididamente su apariencia. Un paseo por el centro no permite ver mucho más que lo que se ve en el centro de casi todas las capitales latinoamericanas, aunque ahora acecha el temor de una inseguridad creciente, azuzado por todos los comercios paralelos y subrepticios a los que una economía cada vez más regulada da lugar inevitablemente.

Paradójicamente, el clima de negocios que se vive en el país vecino es inmejorable. Muchas compañías nacionales y multinacionales alcanzan resultados sorprendentes, y aun cuando algunas deben padecer el martirio de convertir sus utilidades en dólares, gozan de una demanda ávida de consumo que la caja del Gobierno se encarga de patrocinar. No deja de asustar el fantasma de la expropiación que tiene, sin embargo, su freno natural en el poder adquisitivo del estado y en su enorme incapacidad para administrar. Así como también en el imperativo de no aislarse que tiene Chávez, como le admitió -al oído- hace algunos días al presidente Lula de Brasil. No es por ello casual que sean los Cisneros y sus empresas -mentores de Chávez en su ascenso al poder, mentores de todos los gobiernos- los que hayan tenido una de sus mejores épocas en Venezuela, con un gobierno que ha inyectado una cantidad apreciable de circulante al mercado a través de sus políticas asistencialistas y se ha cuidado de no restringir el consumo, salvo en artículos de lujo.

El venezolano -aún el de los barrios, el desposeído- ha estado acostumbrado desde siempre a un estilo de vida glamoroso y exuberante. Una forma de vivir que resulta de la combinación del poder adquisitivo que les da el petróleo y de su temperamento Caribe. Y que no tiene por qué cambiar. Mientras sigan encontrando en los supermercados lo que necesitan, mientras puedan comprar cuando quieran, mientras siga habiendo abundancia, que el Gobierno diga lo que quiera. Que haga lo que mejor le parezca. El discurso político está subordinado a la abundancia material. Algo que Chávez ha entendido bien, creando un cuerpo élite de funcionarios que están absolutamente pendientes de que siempre haya de todo, de que no se acapare, de que no se desabastezca.

La estridencia de la propaganda oficial y su cacofonía concomitante -revolución, construcción del socialismo, poder popular e imperio, entre otros- sólo evidencian la falta de imaginación de los regímenes totalitarios, que imponen en sus ventrílocuos un discurso acartonado, no pocas veces incoherente, pero siempre muy aburrido. Pero poco importa, como tampoco importa lo que haga el Gobierno, mientras no toque el estilo de vida de la gente ni su posibilidad de comprar. Mientras no les pida los sacrificios propios del socialismo en sus comienzos, pues ya no se está para ello y menos en Venezuela.

No es la oposición la que va a sacar a Chávez del poder, tampoco va a ser una conspiración del imperio. Si algo puede sacarlo de Miraflores, esa va a ser la escasez en los supermercados, que ya se hace evidente en las estanterías de los Duty Free en Maiquetía, donde compran los oligarcas.

Siga bajando para encontrar más contenido