Rezar cultivos y ganado es una costumbre que aún se mantiene en el Meta

Esas prácticas ancestrales perviven para la cura de las enfermedades de animales y plantas, y también para una mayor producción.

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julio 11 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-11

Eso, pese a las herramientas que la ciencia y la tecnología han puesto a disposición de los productores del sector agrario en las últimas dos décadas.

"Ver para creer", dicen unos, mientras otros, casi que 'a ojo cerrado', van donde el curandero en esta zona de los Llanos del Ariari, una tierra 'buena', de alta productividad, pero que no es la excepción en cuanto a la incidencia de plagas, malezas, virus, hongos y enfermedades.

Y si de rezanderos se trata, quienes necesitan uno van a donde José Tobías Hernández, un curtido hombre del campo que aprendió hace 50 años este oficio viendo cómo lo hacían los rezanderos y los sobanderos mientras fue caporal, y mil oficios más, en los hatos de las sabanas del Meta y del Vichada.

Para él no hay gusanera, fiebre, mosca, palomilla, chizas o bicho raro que se resista: tres cruces hechas con su mano, sobre el animal o el cultivo enfermo y listo, todo vuelve a la normalidad en tres días. Al menos, esto le mostró a EL TIEMPO, mientras que varios de sus clientes dieron fe de su efectividad.

Precisamente, uno de estos es su propio tío. Él, con un hato de doble propósito (carne y leche), precisa de sus servicios para todo tipo de males que atacan a sus animales y sus cultivos, y dice estar satisfecho con su laboro. 'Trabajos' difíciles dice no haber tenido, pues siempre han sido casi los mismos, desde la cura de la fiebre aftosa (cuando no era obligatorio vacunar), la gusanera que acaba con el ganado, la palomilla que ataca al arroz, la monilia o la escoba de bruja que dejan diezmados los cultivos de cacao.

Así ha recorrido las sabanas del inmenso llano para 'diagnosticar', concentrarse, levantar su mano derecha, pronunciar rezos que involucran a casi todo el santoral de la iglesia católica y esperar, apenas tres días, para espantar cualquier mal.

Esto lo confirma su lista de no menos de 300 clientes, cuyos números de contacto guarda celosamente, y que le llaman de forma permanente a su teléfono móvil para todo tipo de 'consultas'.
Este conocedor de las tradiciones -quien bordea hoy los 70 años- dice no cobrar, sino recibir lo que le quieran dar; al parecer no es malo el pago, pues tiene su casa propia, ve de sus nietos y de una hija y hasta tuvo recursos para paliar parte de los gastos de una enfermedad terminal de su esposa.

"De esto vivo", dice, quien además complementa su trabajo con la cura de algunas dolencias de los humanos como picaduras de culebra y de raya y desgarres y torceduras, entre otras, es decir, curandero y sobandero, respectivamente.

Así, mientras el mundo del campo se le viene encima (agrónomos y veterinarios) para desvirtuar su trabajo y cuenta miles de anécdotas sucedidas llano adentro, José Tobías Hernández sigue ejerciendo y sus clientes llamando, esos mismos que interrumpieron la entrevista más de una vez, casi al desespero.

juadom@eltiempo.com.co

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