¿Ricos o pobres, gracias al carbón?

¿Ricos o pobres, gracias al carbón?

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octubre 29 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-10-29

Colombia es el país más rico en el mundo en páramos naturales y por otra parte está entre los más ricos en yacimientos de carbón. Está segunda característica ha llevado a que en la balanza comercial la segunda fuente de ingresos sea el carbón, habiendo desplazado de lejos el café y acercándose poco a poco a los ingresos por petróleo, los cuales están en su mejor momento por los altos precios, pero con un interrogante a futuro, dado que las bonanzas tarde o temprano se extinguen y dada la declinación que se viene observando en los volúmenes de extracción del crudo. Por el lado de los páramos, Colombia posee casi las dos terceras partes de la oferta natural disponible sobre la faz de la tierra, y a muchos kilómetros cuadrados de distancia le siguen pocos países de la zona tropical como Ecuador y Venezuela en América Latina y Angola y Guinea en el África. La conservación de los páramos naturales en estos países ‘privilegiados’ es fundamental para el desarrollo sostenible, pues actúan como esponjas a través de un proceso permanente de absorción, conservación y expulsión del líquido vital que es el agua. A pesar de algunos llamados de atención de expertos en la materia, en nuestro país todavía no hay plena conciencia de lo que significa esta realidad y especialmente, de lo que puede llegar a significar su destrucción como consecuencia de la indebida explotación económica de su hábitat natural. Esporádicas referencias se encuentran con relación al caso del páramo de Sumapaz, cuyo entorno se encuentra en peligro grave como resultado de los cultivos de papa que muchas familias -seguramente bien intencionadas, pero a su vez muy desinformadas- vienen adelantando en forma indiscriminada. Sin embargo, y atendiendo comentarios y denuncias de esos mismos expertos, se puede estar presentando otro caso aún más dramático, y es el que tiene que ver con el páramo del Rabanal, ubicado en el departamento de Boyacá, en inmediaciones del municipio de Sogamoso. Todo parece indicar que la verdadera motivación que llevó a una multinacional a principios de año a pagar un precio muy por encima del fijado por el Gobierno, para hacerse dueña de los activos y de los recursos de Acerías Paz del Río no fue la posibilidad de explotación del mineral de hierro, sino el inmenso potencial que en materia de recursos carboníferos se encuentra por debajo de la capa vegetal de ese páramo. Esta sí es una verdadera papa caliente, pues el comprador puede alegar que pagó un precio de mercado para desarrollar una actividad con ánimo de lucro y esa fue la base de su decisión. Sin embargo, el precio o valor económico de unos recursos naturales no renovables trasciende cualquier consideración mercantilista. Y decimos recursos no renovables, pues a diferencia de otro tipo de explotaciones a cielo abierto donde se puede pactar y garantizar la recuperación de la capa vegetal, no ocurre lo mismo cuando las áreas afectadas son zonas paramosas. Una eventual solución sería convenir una indemnización cuyo monto podría hacer palidecer las cifras del pleito Commsa, y de paso llevaría a revisar la euforia oficial al momento de la venta. Este dilema entre el beneficio económico de una determinada actividad con ánimo de lucro y el daño -unas veces irrecuperable, otras veces subsanable- en el medio ambiente ni es nuevo, ni es exclusivo de nuestro país. Sin embargo, pocos casos tan desafiantes y retadores como el que estamos comentando. De acuerdo con la sabiduría pambeliana, es mejor ser rico que pobre. Otros sostienen que no hay país más pobre que un país rico en carbón. Gonzalo Palau Rivas Profesor de Economía, Universidad del Rosario Colombia posee casi las dos terceras partes de la oferta natural disponible sobre la faz de la tierra”.

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