El riesgo de los países ricos

Moody's no considera que las economías emergentes puedan reemplazar en el corto o en el mediano plazo a las economías más grandes con calificación AAA como anclas del sistema financiero global.

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enero 19 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-19

Nouriel Roubini, destacado profesor de economía de la Universidad de Nueva York, sostiene en un artículo publicado esta semana por el diario brasileño Folha de São Paulo, que durante la pasada década, salvo las declaratorias de moratoria de la deuda externa de Argentina, Ecuador y Rusia y la reestructuración forzada de Pakistán, Ucrania y Ecuador, las economías emergentes mejoraron su desempeño fiscal y de endeudamiento. De acuerdo con Roubini, estas economías lograron reducir sus déficit fiscales agregados y su relación de la deuda externa respecto del tamaño de su economía, medida por el Producto Interno Bruto.

El resultado final de este gradual proceso de ajuste estructural se tradujo en un resultado inesperado y sorprendente para los economistas de todo el planeta: en la coyuntura actual, el riesgo soberano reside en las economías desarrolladas, en lugar de los países emergentes, como era lo tradicional en un pasado no muy distante. Roubini nos recuerda cómo las principales medidoras de riesgo que operan a nivel mundial han tomado recientemente acciones sin precedentes al reducir la calificación de la deuda soberana de Grecia, Irlanda y Portugal.

La agencia de medición de riesgo Moody's, incluso, advirtió a finales del año pasado que países con calificación Tripe A (AAA) (máxima calidad crediticia) en su deuda pública, como Estados Unidos, Gran Bretaña o España, no podrían afrontar otra crisis financiera como la experimentada en los últimos años. Según el informe de Moody's, 'Abróchense sus cinturones: llegan turbulencias', el 2010 se presenta 'tumultuoso' para los emisores de deuda soberana, dadas las 'incertidumbres' que rodean a las estrategias de ajuste fiscal y monetario de los países desarrollados.

La larga y persistente recesión económica que golpeó con fuerza la economía global por más de dos años, agravada por la crisis financiera de- satada por la rotura de la burbuja de las hipotecas en Estados Unidos, complicó seriamente el panorama fiscal y de endeudamiento de los países desarrollados. El impacto resultó mayor, dice Roubini, en aquellos países que tenían problemas fiscales estructurales antes de la crisis, en particular en España, Grecia e Islandia.

Para el 2010, el nombre del juego para las economías desarrolladas se orienta hacia la normalización de sus finanzas y sus estructuras de deuda pública, de suerte que encuentren un punto medio entre crecimiento moderado, estabilidad del sector financiero y razonables niveles de tasas de interés de largo plazo que viabilicen lo anterior.

Moody's calcula que al menos tendrán que pasar 10 años antes de que se normalice por completo la emisión de deuda pública y la confianza internacional a los niveles previos al colapso de Lehman Brothers; Moody's advierte, además, que los países desarrollados con calificación AAA no podrán darse el lujo de esperar por una recuperación económica sin implementar previamente creíbles programas de consolidación fiscal y moderación de sus niveles de deuda doméstica.

Pese a lo anterior, Moody's no considera que las economías emergentes puedan reemplazar en el corto o en el mediano plazo a las economías más grandes con calificación AAA como anclas del sistema financiero global, que las requiere con angustia para garantizar la recuperación sostenible de la economía mundial.

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